Conferencia sobre Candidiasis Crónica – Cala Cervera

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Conferencia sobre la Candidiasis Crónica

¿Qué es la candidiasis?

Cala H. Cervera

Conferencia sobre la candidiasis crónica

¿Qué es la candidiasis?

Conferencia sobre la candidiasis crónica impartida por Cala H. Cervera el 13 de julio de 2002, en el:

Primer Congreso Internacional de Nutrición Celular

(celebrado en el Hospital de Sant Pau, en Barcelona).

Los síntomas de la candidiasis son muchos y pueden ser muy variados.

Es muy importante saber porqué la candidiasis puede producir estos síntomas para entender mejor este desequilibrio.

Muchas personas con candidiasis son tratadas como pacientes hipocondríacos, deprimidos y/o ansiosos.

Desafortunamente, hay mucha gente con candidiasis, que no ha sido diagnosticada, y a cambio, están tomando Prozac, Seroxat o ansiolíticos.

Parte de esto, es debido a que, normalmente, la candidiasis se relaciona únicamente a los síntomas propios y localizados que crea la infección.

Por ejemplo, en general con la candidiasis vaginal sólo se contemplan los síntomas localizados en la vagina;

Con una candidiasis oral, se presta atención únicamente a los síntomas propiamente de la boca… y los tratamientos son locales.

Sin embargo, la Candidiasis hay que analizarla en su conjunto, hay que ir más allá de su manifestación localizada.

Un punto muy importante que normalmente suele ser ignorado a la hora de diagnosticar y tratar la Candidiasis, es que su origen suele ser intestinal, aún cuando estemos contemplando una Candidiasis vaginal o de las uñas.

Ahora veremos la complejidad de esta enfermedad.

Cuando la candidiasis prolifera en el intestino puede cambiar su anatomía y fisiología.

Esto quiere decir que puede dejar de ser una levadura y convertirse en un micelio fungal.

Se sabe que las Cándidas son organismos dimórficos y pueden existir en estas dos formas.

En su estado de levadura no es invasiva, mientras que en estado fungal produce rizoides (o raíces muy largas) altamente invasivas que pueden penetrar en la mucosa.

Esto puede causar una excesiva permeabilidad de la mucosa intestinal, permitiendo la introducción a la sangre de sustancias (toxinas, proteínas mal digeridas, etc) que pueden actuar como antígenos alterando severamente el sistema inmunitario.

Por otro lado, una excesiva permeabilidad intestinal puede, a su vez, deteriorar los receptores nutricionales celulares, favoreciendo la malabsorción y, dando como resultado, una desnutrición.

Se sabe que las Cándidas en su estado fungal pueden producir 79 productos tóxicos, por ejemplo, etanol, formaldehido, etc, pero entre ellos el más abundante es el acetildehido.

Esta sustancia altamente tóxica es producida por las cándidas al convertir el azúcar en alcohol.

Parte de los efectos del acetildehido son:

Formación de sustancias vasoactivas, como la adrenalina, produciendo síntomas como nerviosismo, pánico, miedo, taquicardias y sofocos.

Interferencia con los receptores del la acetilcolina, importante para la memoria y el sistema nervioso.

Producción de histamina, y por lo tanto, inflamación en cualquier parte del cuerpo.

Bloqueo de enzimas metabólicas, lo cual puede llevar a bloqueos en la formación de neurotransmisores, por poner un ejemplo.

Destrucción de la vitamina B6, la cual es importante para la protección de las membranas mucosas,

El fortalecimiento del sistema inmunitario,

El equilibrio del sistema hormonal y la producción de ácido clorhídrico y enzimas digestivas.

Depresión del sistema inmunitario.

Destrucción del glutatión y la cisteína, necesarios para desintoxicar el organismo.

Reacción con la dopamina, lo cual puede causar depresión, insomnio e incapacidad de respuesta ante el estrés.

Por otro lado, las Candidas encajan en los receptores hormonales de las células compitiendo con hormonas, pero también pueden crear receptores de nuestras propias hormonas en sus superficies.

Esto puede causar un bloqueo y desequilibrio del sistema hormonal y un sin fín de problemas como síntomas premenstruales, infertilidad y endometriosis, entre otros.

Algunas levaduras como la Cándida krusei y la Parapsilosis producen tiaminosa (una enzima) que destruye la vitamina B1.

La falta de esta vitamina puede producir síntomas como irritabilidad, dolores musculares, falta de concentración, dolor de estómago, estreñimiento y taquicardias.

También previene la conversión de la vitamina B6 en su forma activa, piridoxal-5-fosfato.

Esto puede causar síntomas como retención de líquidos, depresión, irritabilidad, temblores musculares o calambres, falta de energía y piel muy seca.

Debido al grado de toxicidad en el que se encuentra el paciente con candidiasis, el hígado tiene que filtrar una gran cantidad de químicos.

Para que esto ocurra, las dos fases de desintoxicación de este órgano, la fase 1 y 2, requieren nutrientes como el zinc, selenio, cobre, magnesio, vitaminas B y C, glutatión, sulfuro, glicina y ácidos grasos esenciales, que debido a la mala absorción intestinal es muy posible que no se encuentren en las cantidades necesarias para que la desintoxicación se lleve a cabo correctamente.

Este proceso de autointoxicación puede agravar el estado del paciente con candidiasis crónica cuando se encuentra en presencia de perfumes, humos u otros químicos inhalantes.

Una vez vista la forma en que funciona esta enfermedad, voy a mencionar los síntomas más comunes en pacientes con candidiasis crónica, que normalmente no han sido diagnosticados:

Fatiga
Malestar general
Dolores de cabeza
Distensión abdominal
Diarreas y/o estreñimiento
Indigestión
Ardor estomacal
Deseo de comer carhohidratos (dulces, pasta, pan, etc)
Depresión
Mareo
Sensación de resaca por las mañanas
Dolor de articulaciones y músculos
Molestias vaginales (picores, irritación, heridas etc)
Retención de líquidos
Insomnio
Infecciones crónicas
Alergias
Picor anal
Afonía
Congestión nasal
Ahogo
Problemas de uñas
Molestias oculares y de oídos

Las enfermedades y desequilibrios relacionados con una candidiasis crónica son:
Enfermedad de Crohn
Colitis
Síndrome del intestino irritable
Artritis reumatoide
Lupus
Asma
Psoriasis y eccema
Sinusitis
Esclerosis múltiple
Fibromialgia
Síndrome de la fatiga crónica
Hipotiroidismo
Hipoglucemia
Depresión y estados de ansiedad
Anemia
Acné
Urticaria
Alergias
Como vemos, el tema de la candidiasis no se limita a una sintomatología localizada.

DIAGNÓSTICO

Este tema es muy complejo.

Las pruebas de laboratorio no garantizan el diagnóstico de una candidiasis crónica intestinal.

En general, la prueba que se utiliza para detectar una candidiasis intestinal es el coprocultivo de heces.

Los laboratorios, en esta prueba, a no ser que el médico lo especifique, no buscan cándidas porque la teoría es que estas levaduras en el intestino no son patógenas.

Sin embargo, es raro que el médico lo especifique ya que apenas hay conciencia de este tema.

Si, por el contrario, el médico o terapeuta especifica que se busquen levaduras, el laboratorio analiza si hay un crecimiento excesivo de éstas basándose en el ojo clínico del laboratorista.

Este método no es muy eficaz ya que no siempre el problema radica en la cantidad sino en el estado en que se encuentran las cándidas.

Por otro lado, la mayoría de las células de las cándidas se adhieren a la pared de la mucosa intestinal, por lo cual es difícil que aparezcan en los análisis de heces.

Y, en algunos casos, muchas de estas células mueren mientras el especimen se transporta o durante la espera del análisis.

Es importante no descartar la enfermedad, sólo por el hecho de que las pruebas de laboratorio resultan negativas.

Es mejor basar el diagnóstico en una evaluación detallada del paciente: síntomas, historial clínico, análisis de su dieta…

En EE.UU. muchos médicos y terapeutas opinan que el protocolo clínico para la candidiasis presenta tan poco riesgo y costo (sobre todo la dieta) que debería considerarse en cualquier enfermedad crónica.

Pasemos a hablar de su tratamiento.

El tratamiento de la candidiasis debe englobar dos puntos principales:

Su eliminación y su prevención.

Por esto, es importante corregir sistemáticamente las causas que contribuyen al desarrollo de esta enfermedad.

Mi protocolo lo baso en 4 pasos básicos:

1. PREPARACIÓN.

Es vital que debilitemos las cándidas antes de atacarlas con un antifungal.

De lo contrario, si éstas están fuertes, podrán combatirlo y con el tiempo se harán resistentes.

La mejor forma de debilitarlas es haciéndolas:

«Pasar hambre».

O sea, a través de la alimentación.

Es fundamental eliminar:

Productos y alimentos que contengan azúcares o con sabor dulce (azúcar, sacarina, miel, dextrosa, siropes, refrescos, latas de tomate, cereales de la mañana, productos de bollería y pastelería, postres, helados etc).

El azúcar en la alimentación, y la propia glucosa de la sangre, son alimentos favoritos de las cándidas.

Fruta.

Productos lácteos, incluídos los yogures.

Alcohol.

Levaduras como el pan, pizzas, cubitos del caldo..

Patatas, champiñones y setas, calabaza y boniatos.

Cacahuetes y pistachos.

Productos fermentados como el vinagre, tempeh, salsa de soja, miso, té.

Harinas refinadas (arroz blanco, pasta blanca etc).

A cambio, se puede comer

Carnes, pescado y huevos.

Vegetales.

Legumbres.

Frutos secos y semillas de calabaza, sésamo y girasol.

Arroz, quinoa, trigo sarraceno, amaranto y mijo

Tostadas (crackers) de centeno o tortas de arroz.

Limón y aguacate.

Leche de soja, arroz y avena.

Tofu y soja texturizada.

Aceite de oliva.

Zumos vegetales (excepto de zanahoria y remolacha)

Agua embotellada.

Durante el tiempo de cambio en la dieta es muy posible que el paciente empeore temporalmente.

Esto es debido a una desintoxicación y también a que las cándidas están «protestando de hambre».

Si el paciente presenta dificultades en la digestión, como por ejemplo:

Acidez, pesadez estomacal, etc, es importante ayudarle con enzimas digestivas y/o betaína hidrochlorida.

Al cabo de un mes de haber empezado la dieta (y siempre manteniéndola), se puede pasar al segundo paso.

2. ELIMINACIÓN.

Después de un mes de dieta y ayudas digestivas, es muy posible que se puedan discontinuar las enzimas y la betaína hidrochlorida.

Una vez debilitadas las cándidas , es importante introducir el antifungal que las destruya.

Por el contrario, hoy en día existen muchos antinfugales naturales que no producen efectos secundarios y son realmente eficaces.

Los que mejores resultados han dado en investigación son el ácido caprílico, sello de oro, extracto de semilla de pomelo, ajo, Pau d´Arco, aceite de orégano, ácido undecilénico y un largo etcétera.

En mi experiencia, los mejores antifungales son aquéllos que contienen distintas sustancias antifungales juntas.

Es muy importante introducirlos con mucho cuidado, siempre empezando por dosis muy pequeñas y aumentando cada 4 ó 5 días.

Si las cándidas se destruyen de golpe se pueden formar muchas toxinas y producir un empeoramiento muy fuerte de los síntomas.

A mí me gusta ir cambiando el antifungal, en función de cómo reacciona el paciente, de esta manera se evita el estancamiento durante el tratamiento.

Hay terapeutas en EE.UU. que recomiendan 3 ó 4 antifungales diferentes que el paciente deberá ir rotando cada cuatro días.

En mi experiencia, es suficiente con cambiar el antifungal cada 4 ó 6 semanas.

En pacientes que tengan mucha sintomatología de desintoxicación, se recomienda darles molibdeno (150 mcg con el desayuno, comida y cena).

Este mineral destruye los desechos de las cándidas, conviertiendo el acetildehido en ácido acético que, en el círculo de Krebs, es convertido en energía.

3. EQUILIBRIO.

Cuando los síntomas que presentaba el paciente han remitido en su mayoría, es muy importante reequilibrar la flora intestinal.

Este paso no debe hacerse al principio, ya que cuando la pared intestinal está inflamada puede haber una reacción de intolerancia a las bacterias «amigas».

Esto puede causar dermatitis, picores, diarrea, espasmos intestinales y alergias.

Además, mientras haya un exceso de cándidas en el intestino los Lactobacillus no pueden crecer y repoblar el tracto intestinal.

Es mucho más efectivo disminuir el crecimiento de las cándidas, reducir la inflamación intestinal y entonces repoblar la flora intestinal.

Las bacterias más abundantes son los Lactobacillus acidophilus y los Bifidobacterium bifidum.

Estas bacterias se encargan de inhibir el crecimiento de ciertos organismos, como las cándidas.

Se recomienda la ingestión de 1 a 10 billones de L. acidofilus y/o bifidum distribuidos durante el día, un rato antes de las comidas.

Es importante escoger una buena marca, porque la manufacturación de un producto de estas características requiere conocimientos sobre su fabricación y manipulación.

Muchas personas me preguntan cómo es que no se permite comer yoghurt con la dieta antifungal, cuando se sabe que los yoghures contienen bacteria «amiga».

En primer lugar porque los yoghures, y en general, los productos lácteos contienen lactosa (el azúcar de la leche) y aunque estén fermentados y se supone que la lactosa se ha reducido al máximo, sin embargo, en el proceso suelen añadir leche entera para hacerlos más cremosos.

Segundo, porque suelen fabricarlos con las bacterias Lactobacilus bulgaricus o Streptococcus thermophilus, las cuales, aunque ofrecen ciertos beneficios, son visitantes transitorios del aparato digestivo y no colonizan en el colon.

También es importante hablar de la repoblación de la flora vaginal.

Los Lactobacillus acidophilus habitan la flora vaginal, y se encargan de mantener el pH ácido fermentando el glucógeno vaginal y convirtiéndolo en ácido láctico.

Existen óvulos y pastillas vaginales para repoblar la flora vaginal.

Es aconsejable hablarle a la paciente de que ciertos espermicidas, como el Noxynol-9 destruye la flora vaginal «amiga».

Otros aspecto importante a tener en cuenta es reestablecer el equilibrio nutricional celular.

Ya hemos visto que el paciente con Candidiasis Crónica normalmente sufre de malabsorción y, por lo tanto, desnutrición celular.

Un organismo desnutrido difícilmente dispondrá de un sistema inmunitario sano y fuerte.

Podríamos hablar de todos los nutrientes que fortalecen el sistema inmunitario.

Sin embargo, desde el punto de vista de la nutrición ortomolecular, no utilizamos listas de nutrientes específicos para fortalecer el organismo de un paciente.

Recurrimos a evaluar sus deficiencias individuales y aconsejamos los suplementos necesarios acorde con sus necesidades bioquímicas particulares.

Sin embargo, en mi experiencia, los nutrientes más comúnmente deficientes son la vitamina C, el grupo de las B (especialmente la vitamina B6, B5 y B3), calcio, magnesio, zinc, cromo y los ácidos grasos esenciales de la familia Omega 3.

Las dosis también variarán en función del paciente, pero en términos generales podemos hablar de:

Vitamina C, 1000-4000 mg.
Vitamina B1, B2 y B3, 100 mg.
Vitamina B5, 500 mg.
Vitamina B6, 200 mg.
Vitamina B12, 100-300 mcg.
Ácido fólico, 400-800 mcg.
Magnesio, 400 mg.
Zinc, 15-60 mg.
Cromo, 200-600 mcg.
Omega 3, 800-3000 mg.

Hay que tener cuidado de que las vitaminas del grupo B y el cromo no contengan levadura .

No suelo recomendar calcio porque normalmente su deficiencia ocurre en pacientes que curiosamente han tomando lácteos durante muchos años.

Esto suele causar un exceso de calcio extracelular (con sus correspondientes calcificaciones) y una sintomatología de deficiencia de calcio intracelular.

Así que lo ideal es suplementar durante un tiempo con magnesio y dejar de consumir productos lácteos para que se regularicen los niveles de calcio a nivel celular.

Si aún así, al cabo de un tiempo se opta por añadir calcio, las dosis variarán entre 500 – 1000 mg.

De todas formas, es la labor de cada terapeuta y médico evaluar qué nutrientes son prioritarios y cómo administrarlos, si por separado o bien en combinaciones ya preparadas.

A esta altura del tratamiento, es aconsejable empezar a introducir lentamente y con cuidado algunos alimentos como la fruta, patatas, champiñones y ciertos fermentados, y observar si se toleran bien.

Esta fase de introducción es muy importante, ya que el paciente se irá dando cuenta claramente de qué tipo de alimentos favorecen su estado de salud y cuáles no.

En este periodo, el paciente, debido a su mejoría, suele cometer «infracciones» nutricionales.

Éstas casi siempre causan síntomas, no sólamente porque pueden hacer brotar algunos de los síntomas de la candidiasis, sino también porque hay alimentos y sustancias que claramente afectan negativamente a la salud del paciente, independientemente de si sufre de cándidas o no.

Éstos suelen ser el azúcar, lácteos, pan y café.

Durante este periodo y gracias a las «infracciones» el paciente se dará cuenta y confirmará que existe una relación muy directa entre la alimentación y su estado de salud.

Esto le ayudará a perfilar su tipo de alimentación idónea que implementará de por vida.

Este paso es fundamental como prevención de una recaída en el futuro.

4. REPARACIÓN.

Una vez que la infección ha remitido, la flora intestinal está equilibrada y el organismo del paciente dispone de una buena dosis de nutrientes, es conveniente introducir ciertos nutrientes para reparar la pared intestinal.

Los más efectivos en esta etapa son la vitamina A (7500-20000 u.i.), vitamina E (100-1000 u.i.) y L-Glutamina (500-1500 mg).

También los ácidos grasos esenciales, pero normalmente éstos ya los están tomando desde la etapa anterior.

Todo estos nutrientes se encargan de reparar, sellar y fortalecer la pared intestinal.

Otro nutriente que se aconseja tomar durante un tiempo es la biotina (300-1000 mcg), para evitar que las levaduras sanas y presentes en el intestino crezcan y pasen de ser inofensivas levaduras a agresivos microorganismos.

El tratamiento de la candidiasis crónica puede durar entre 3 y 8 meses.

Hay expertos que opinan que por cada año de candidiasis crónica, se necesita un mes de recuperación.

Yo he observado que es bastante acertada esta comparación.

El tratamiento requiere paciencia y mucho apoyo al paciente.

Es importante que nosotros, los terapeutas, conozcamos y entendamos bien esta enfermedad y su proceso curativo, porque nuestro apoyo es fundamental para la recuperación del paciente.

Durante el tiempo que dure el tratamiento, es normal que hayan altibajos que desmotiven al paciente.

Tenemos que avisarle de esto y de los síntomas que posiblemente empeoren en determinadas fases, para que ni se asuste ni crea que está retrocediendo.

Es normal que durante este proceso el paciente manifieste emociones que, tal vez, hasta él mismo desconoce.

Es bastante común que se exprese con rabia y que la compagine con tristeza.

Al final del tratamiento, el paciente además de sentirse fabulosamente (según dicen, como nunca se habían sentido antes), también ha descubierto su tipo de alimentación ideal, la que le potencia la salud.

Esto le servirá como prevención para evitar otra Candidiasis, y muchos otros desequilibrios, en el futuro.

Creo que es muy positivo hacer consciente al paciente de que es importante sacar provecho y aprender de la enfermedad.

De lo contrario, la sensación que les deja ésta es de vacío y miedo a que se vuelva a repetir.

Siempre les digo a mis pacientes que gracias a sus cándidas han aprendido tres cosas muy importantes:

Saber alimentarse.

Saber escucharse .

y

Conocerse mejor.

Tres piezas clave, no sólamente para la prevención de la Candidiasis, sino también para conseguir una salud óptima.

Muchas gracias por vuestra atención.

COPYRIGHT CALA H. CERVERA

 

 

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