LA MADRE NOS UNE A TODOS

LA MADRE NOS UNE A TODOS

Nuestro mundo cambia a pasos agigantados y el gran protagonista de este momento histórico es el ser humano. Entonces se me antoja una imagen.

Lo veo parado al borde de un precipicio consciente de que el próximo paso a dar requiere que aprenda a volar.

La pregunta es:

¿Se quedará paralizado por el miedo y decidirá repetir su historia o se lanzará al abismo de lo desconocido y volará hacia los espacios internos de su Ser?

Ese personaje, eres tú, soy yo, somos todos.

Vivimos una situación crítica que requiere de nosotros la puesta en práctica de todo lo aprendido.

Toda la enseñanza que contienen los innumerables escritos inspirados por los Maestros nos atrae y la estudiamos pero a veces, no la llegamos a manifestar en nuestra vida diaria.

El conocer implica la incorporación de una verdad a la conciencia y no sólo al intelecto.

Y es la conciencia la que determina la conducta, la conciencia que incluye al corazón.

La Nueva Era no es un milagro, es una oportunidad.

Y las oportunidades se toman o se dejan pasar…

Una ola de odio, racismo, separación y rechazo inunda el mundo y uno se pregunta,

¿de dónde sale tanto odio?

Te aseguro que cuando odias a tu enemigo terminas pareciéndotele.

Como los que abogan por la democracia y la quieren imponer a la fuerza.

O los que bombardean, invaden y matan a pueblos enteros para llevarles la libertad…

Alguien dijo que en tiempos de transición la locura se desata.

Tenía razón.

Es tan fácil amar a un amigo, pero Cristo nos dijo:

Ama a tus enemigos.

Si la enseñanza de que todos somos uno estuviera arraigada en nuestra conciencia, no sería difícil amar a quien te adversa o se presenta como tu enemigo.

Ya llevamos dos mil años en esto… y nada de aprender. El mensaje fundamental del Cristo, la Unidad, todavía no ha calado en la conciencia humana.

La Madre nos une a todos,

Ella es la sustancia de todos los mundos, desde los más sutiles hasta el físico más denso.

Es la sustancia inteligente, la energía que todo lo compenetra, el sonido creador, la gran gestadora de mundos.

Cuando ella nos devele su rostro veremos al espíritu inmortal oculto en la materia.

Y por fin comprenderemos que en lo más denso de la materia también está Dios.

Que esta división tan cruel entre cielo y tierra es una invención del intelecto humano que al no poder captar la gloria de los planos superiores, vivió separado de esa gloria que es también suya.

Pero en la gran unidad de la vida, todo está conectado.

No hay arriba ni abajo, todo es simultáneo, no local, y presente. Todo está aquí.

Si bien pensamos, hablamos y hasta poetizamos esta gran verdad, sin embargo es difícil percibirla plenamente.

Con la ayuda de la Madre, Su belleza y esplendor expresándose en la Naturaleza de nuestro planeta, podemos encontrar, poquito a poquito, partículas del espíritu en el mundo material que nos acercan a esta gran verdad.

Y viene a mi mente el Maestro Omraam Mikhael Aivanhov y su empeño en espiritualizar la vida diaria.

Nos enseñó como interactuar con la naturaleza y sus innumerables criaturas, como comer, como bañarnos, como despertarnos, como dar la mano, como mirar, como sonreír, como dormir.

Si, espiritualizar la vida diaria.

Y luego el Maestro Saint Germain y su Rayo Violeta, Svaraj, el autogobierno, el ritmo y el ritual, claves que nos capacitan para percibir esos otros mundos o dimensiones que tiene la vida, el gran tejido universal.

Espiritualizar la materia y materializar el espíritu, dos movimientos simultáneos que nos permiten fluir en la síntesis de la vida.

El Padre Celestial y la Madre Divina, en profunda unión.

Navegando por el Río Churún, en el Parque Nacional Canaima, en Venezuela, después de haber estado mirando por largo rato la caída de agua más alta del mundo, el Salto Ángel, (979m.) me di cuenta que la energía desplegada en ese lugar tan especial, que sobrecoge con tanta fuerza al espíritu humano, se debe a que en ella la Naturaleza está expresando el doble y simultaneo movimiento de la vida.

La montaña que asciende y el agua que desciende; lugar de síntesis, puertas a lo eterno.

La Madre tiene la clave del porqué estamos aquí en la Tierra.

Ella nos puede develar el misterio y mostrarnos a Dios en todo.

Búscala en la naturaleza que nos rodea y si estás atento podrás escuchar su mensaje de amor.

Es tiempo de poner en práctica todo lo aprendido, llevarlo al corazón y convertirlo en la respuesta natural que le damos a la vida.

Que puedas percibirla en el esplendor de un cielo azul, en las flores, en un rayo de sol y en toda esa belleza desplegada en este hermoso planeta azul.

Es mi deseo para ti.

Desde lo profundo del corazón,

Carmen Santiago- [email protected]

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