Bernardo Stamateas – Obsesivos de la Fe – 1/3

 
Obsesivos de la Fe

Por Bernardo Stamateas

Lucas 18:1-5 » Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Les dijo: Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: Hágame usted justicia contra mi adversario. Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como ésta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible».

En esta mañana, recibiré fe que va a molestar al enemigo, obtendré mis promesas rápido y eficazmente. Amén. El viernes hablé de la gente impulsiva. ¿Cuántos tenemos gente que nos saca de lugar, que quisimos matar a alguien?
Hoy vamos a hablar de la fe.

La fe es lo más poderoso que una persona puede manejar, y en los próximos domingos vamos a estar profundizando sobre el tema de la fe, porque fe mueve la mano de Dios.

Quiero hablar hoy sobre gente quisquillosa. ¿Cuántos conocen gente quisquillosa?
Gente que siempre está herida. No le gustan los chistes, este chiste de soldado me ofendió, yo soy soldado, le molesta el que está al lado, le molesta el calor, el horario, le molesta la mañana, le molesta el día de la bandera, le molesta todo. El quisquilloso siempre está herido y siempre está buscando, es un obsesivo de lo que le lastima, su foco está en lo que siente, todo lo filtra a través de lo que siente:

mirame y no me toques.

Son obsesivos de la búsqueda, de la disculpa, quieren que les pidan perdón: yo estoy ofendida, yo estoy molesto, quieren disculpas, quieren que le digan: perdoname, disculpame, estuve mal. Son obsesivos, son personas que tienen desbordes emocionales y no pueden ver las cosas en su justa medida, entonces reaccionan exageradamente, son obsesivos de la disculpa, siempre están heridos y siempre miran el mosquito y se olvidan del camello.

Miran el detalle, son obsesivos del detalle, como ese que viajó cuatro horas, se tomó dos micros para ir a visitar a un tío, y cuando llegó, el tío abrió la puerta y le dijo: ¡qué gordo que estás! Quisquilloso. Son personas que necesitan rebajar al otro, el otro es malo, porque son quisquillosos. El quisquilloso es hipersensible, ofendible, nunca logra nada. No saben de prioridades, porque están en el detalle, están en la obsesión, siempre se olvidan del camello.

Si yo corro una maratón de cuarenta kilómetros, arranca la maratón y empiezo a correr y ni bien arranco Jorge me dice: tenés los cordones desatados, ¿qué hago?, paro y me los ato, si estoy a veinte metros de la meta y Jorge me dice: tenés los cordones desatados, ¿qué hago?, ¿me detengo para abrocharme? ¡No! ¿Cuántos saben que estamos cerca de grandes bendiciones?, entonces no te enganches con los quisquillosos.

El quisquilloso mira el detalle, es ridículo, es hipersensible, es ofendible, es como esa mujer que está pariendo y el quisquilloso le dice: arreglate el pelo, la mujer está pariendo con dolor, y le dice eso, es ridículo; es como a un soldado, en medio de la guerra, decirle: ché tenés mal aliento ¿querés un mentoliptus? Ridículo. Es como una persona que choca en la autopista, el quisquilloso tiene toda la pierna lastimada y dice: tenés un poquito de barro en la nariz, esperá que te limpio.

El quisquilloso es inoportuno, son personas heridas que siempre buscan ser heridas, hacen caritas, se triangulan; tené cuidado cuando alguien te habla mal de otra persona, o te dice que alguien lo lastimó y te meten en el medio, porque no te cuentan toda la verdad, como que yo te diga: No sabes, Mirta me lastimó y Mirta no me vende en su negocio, lo que no te conté es que le debo quinientos pesos por eso no me vende más. Gente hipersensible no funciona, son de corta duración.

Tenemos una mujer que dice que el juez injusto no le hizo justicia, pero esta mujer no fue quisquillosa, no fue hipersensible, dijo: yo voy a tomar lo que es mío, yo me voy a decretar en fe, yo voy a tomar mis bendiciones, a mi nadie me va a destruir, yo me voy a mover con autoridad. Quiero hablarte como funciona la fe, el diablo no entiende fe, porque fe es llamar lo que no es como si fuese, el diablo no entiende lo espiritual.

¿Cuántos de acá fuimos tentados a diezmar, por el diablo?, nadie, porque el diablo no te puede tentar a diezmar, el diablo no te puede tentar a congregarte, porque en las cosas de la fe, el diablo no puede entrar. Cinco actitudes que tenemos la gente de fe, y hoy nos vamos a ir con la fe levantada, porque somos obsesivos de la fe.

Primero: donde hay obstáculos atacaré, la fe ataca los obstáculos. Cuando tengas un problema no te enganches a pelear con la persona, atacá en fe.

Quiere decir que si alguien te rechaza no te agarrés a trompadas, vos confesá, éste me rechazó pero yo confieso que habrá cincuenta que van a dar la vida por mi. Cuando salgas de acá y alguien te empuje, no lo trates mal, decí: yo declaro que estaremos en un templo cincuenta veces más grande, donde tendremos hasta jacuzzi para cada miembro, eso es atacar en fe. Cuando te echen del trabajo decí: yo confieso que tendré cinco trabajos mejores que éstos en el nombre del Señor.

 Atacar en fe. La fe ataca y expande.

Dice David: mi copa está desbordando. Dios nos va a dar desborde de bendición, no te van a alcanzar las manos, porque Dios nos va a dar desborde económico, desborde de salud, desborde de paz, desborde de bendición. Dice David mi copa está desbordando, la fe habla palabra de desborde. ¿Vos viniste por un milagrito? ¡No! vamos a declarar diez milagros, vamos a ensancharnos, porque mi copa va a estar desbordando.

( Continuará)

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