Construir Alto – Bernardo Stamateas

Construir Alto
por Bernardo Stamateas

Deuteronomio 22:6-7:

Si en el camino encuentras el nido de un ave en un árbol o en el suelo,

Y a la madre echada sobre los polluelos o sobre los huevos, no te quedes con la madre y con la cría.

Quédate con los polluelos pero deja ir a la madre.

Así te irá bien y gozarás de larga vida.

Todo lo que construyas lo construirás arriba, bien alto.

Tener pareja o no tener pareja es normal.

Es tan normal tener pareja como no tener pareja.

No tener pareja no te hace anormal, así como tener pareja no te hace normal.

El problema surge cuando uno no tiene pareja por algún conflicto.

Veamos algunas cosas interesantes al respecto:

Una persona sin pareja y sin amigos

Cuando una persona no tiene pareja pero tiene amigos, eso es normal;

Pero cuando una persona no tiene pareja y tampoco tiene amigos, el problema no es de pareja sino de «relación afectiva».

Esa persona tiene dificultad para compartir con los demás.

Lo primero que tenés que chequear no es si no tenés pareja, sino si no tenés pareja y tampoco tenés amigos.

Y con amigos no me refiero a «yo quiero tener un millón de amigos», o a los contactos de Facebook o Twitter (esos no son amigos).

Amigos son aquellos con quienes vos abrís tu corazón y compartís algo profundo.

¿Por qué hay personas que no tienen pareja y no tienen amigos?

Porque han sido lastimados, entonces sus relaciones son de acercamiento y por momentos de distancia;

Se acercan para compartir algo y luego se alejan porque tienen miedo a ser lastimados otra vez.

Cuando nosotros nos relacionamos en un vínculo afectivo, siempre se ponen en juego dos cosas:

El placer de compartir y la posibilidad de sufrir dolor.

Es decir que si yo tengo una amiga o un amigo,

Siempre está en juego ese contraste de que yo pueda abrir mi corazón y la pasemos genial,

Pero también de que esa amiga o ese amigo me lastime, me engañe, me defraude, me use, etc.

Los que no tienen pareja ni amigos no quieren ponerse en ese riesgo;

Obviamente quieren tener pareja pero tienen esa dificultad por el miedo a ser lastimados nuevamente.

Una persona en esta situación nunca tiene que salir a buscar pareja.

¿Por qué?

Porque le va a ir mal.

Si yo no tengo amigos y no sé compartir, no sé abrir mi corazón y hacer una conexión afectiva,

Si no superé ese miedo de que me vaya bien o me vaya mal y salto a la pareja, tendré dos problemas:

La dificultad que tengo de relación afectiva y el problema que implica construir una pareja.

Primero hay que tener amigos.

No todos tenemos muchos amigos, el que dice:

«Yo tengo cientos de amigos»

Dice una mentira porque nadie tiene tantos amigos.

La amistad es algo profundo, es compartir y aceptar al otro.

«Yo tengo una amiga que vive en Europa»…

Es muy difícil tener una amiga viviendo en otro continente, si no está presente en lo cotidiano.

Este es el primer problema.

La solterona o el solterón

¿Qué es una solterona o un solterón?

Es una persona que quiere formar pareja pero no lo acepta y lo niega.

¿Cómo te das cuenta de la diferencia entre soltera y solterona o soltero y solterón?

La persona solterona, sea varón o mujer, habla con resentimiento, con dolor, con angustia.

«Todos los hombres quieren eso y a mí no me van a hacer pisar el palito…

¡Yo soy libre de ellos!».

Quiere formar pareja pero no acepta que tiene miedo y quiere hacerlo en realidad, entonces dice que no quiere.

¿Por qué?

Porque en el fondo siente que no puede.

Entonces, como no puede (o cree que no puede) borra el deseo de querer y dice:

«Yo no quiero formar pareja».

La solterona o el solterón están dolidos, resentidos, y usan frases como:

«Los hombres son todos iguales», «solo nos quieren para eso», «las mujeres son todas gatas», «te quieren con guita», «billetera mata galán»…

Es un poco como la fábula del zorro que quería comer las uvas y no las alcanzaba, y como no las alcanzaba dijo:

«Bueno, de todas maneras están verdes, no me interesan».

¡Mentira!

Como no las podía alcanzar, explicó (racionalizó) que estaban verdes.

La solterona o el solterón expresan su malestar:

«Yo quiero estar solita/o»; «ese se me quiso tirar»; «esa me invito un café y me miró con una mirada libidinosa»;

«Es muy grande esa persona para mí».

Quieren formar pareja pero no lo pueden aceptar, entonces lo han reprimido porque en realidad tienen miedo a ser lastimados.

Dice el gran sabio de la antigüedad que:

«El que se quema con leche ve una vaca y llora».

Vivir con la mamá

Hay personas que viven con la mamá, con el papá, o con ambos.

Uno puede vivir con la mamá por un problema financiero, o con los padres porque se separó pero eso es temporal.

Pero si la persona hace cincuenta años que está atascado en la casa de la madre, no creció, no se emancipó.

Lo cierto es que está cómodo.

Cuando ves a alguien que vive con los padres (me refiero a un adulto) y está cómodo, porque no hace nada para salir de esa situación y para independizarse, esa persona ya formó pareja: se llama mamá o papá.

Esa persona no ha pasado a la vida adulta y para formar una pareja como Dios manda es necesario ser un adulto, no solo de edad sino de la cabeza.

El viuda o la viuda

A los viudos y las viudas les doy el consejo que les dio el apóstol Pablo a las viudas jóvenes: «Cásense otra vez».

Es un consejo extraordinario y lo dice La Biblia.

Pablo les dice a las mujeres jóvenes que enviudaron que se vuelvan a casar, si es que quieren casarse obviamente;

Pero a las viudas más grandes que ya pasaron por el ciclo les dice:

«Bueno, si quieren cásense también».

Ahora, ¿qué le pasa a mucha gente que quedó viuda?

Han pactado, han hecho un pacto espiritual o emocional, con el que partió.

Yo ministré a personas que les dijeron a sus parejas en la tumba:

«Te voy a ser fiel, no habrá otro después de vos» y quedaron encerrados en un pacto.

Tienen un gran dolor porque ya no está el otro, aunque el recuerdo está, la persona no está y la pareja se cerró.

Tal vez ese viudo, esa viuda quiere volver a formar una pareja pero siente que le será infiel al pacto que hizo (en este caso con la muerte) y eso hay que romperlo también.

¿No tenés pareja?

Algunos consejos al respecto:

Disfrutá el proceso de conocer a alguien

Si vos salís a cazar marido, a cazar una familia, no disfrutarás del proceso de conocer gente.

Uno puede tener el fin en la gente.

«Yo deseo formar una familia, quiero echar raíces»… eso está bien pero tenés que salir de esos grupos de solos y solas para encontrar pareja porque no sirven.

¿Por qué no sirven?

Porque vas con el fin en mente y te perdés el proceso de conocer a las personas, de formar amistades, de conocer maneras de relacionarse, de pensar ideas creativas.

Tenés que disfrutar de conocer a alguien y no decir:

«Si no es una pareja, este/a no tiene proyecto, ¡afuera!».

Tampoco sirven esos programas donde los participantes se entrevistan cinco minutos para ver si enganchan a alguien; esas personas no disfrutan y sufren.

Nosotros tenemos que disfrutar del proceso de conocer a alguien.

Cuando una mujer (especialmente) dice:

«Yo quiero formar una pareja, me gustaría echar raíces y tener hijos;

Y se lo voy a decir de entrada

¡Porque a mí no me van a hacer perder tiempo!», el hombre huye.

¿Por qué?

Porque lo que ella le está diciendo es:

«No me importa lo que vos pensás, no me importa lo que vos querés, no me importa lo que vos sentís; a mi lo único que me importa soy yo y lo único que quiero es tener hijos y tener un marido».

Está mandando un mensaje de falta de empatía y, cuando uno no tiene empatía, no podrá construir pareja.

Cuando una persona dice eso, está poniendo el carro delante del caballo. ¡Disfrutá del proceso de conocer gente!

Observá si el otro está en el mismo proceso

Esta es la clave.

Está muy bien que tengas un fin pero eso lo tenés que sacar porque si vas con ese fin en mente, estás mandando un mensaje de egoísmo muy grande donde «solo te importa vos mismo/a».

Lo importante es disfrutar de conocer gente y ver en ese proceso si el otro también está en la misma situación de estar interesado en conocerme.

Si yo estoy en el proceso de conocer gente, de profundizar, de ver la ideología del otro (cómo piensa el otro), eso lleva tiempo;

Ahora si yo estoy en ese proceso pero el otro está en otro proceso, las cosas no van a andar bien.

Por ejemplo, ella conoce a un muchacho y dice:

«Ay me gusta, me siento cómoda, compartimos cosas, me gustaría no formar pareja sino conocerlo un poco más, profundizar»;

Mientras que él está en otro proceso y sale con esta, con la otra, «palo y a la bolsa con todo el mundo», es decir que está en otro proceso que se llama «no dejes títere con cabeza».

Tal vez alguna mujer diga:

«A mí no me importa, yo lo voy a enganchar»…

Pero el otro está en otro proceso.

«Sí, pero, se va a ir». ¡Que se vaya!

No es bueno darle algo a un hombre para que se interese por vos porque el proceso de conocer a alguien tiene que surgir del deseo interno de la persona.

No podés decirle:

«Vení, tocame, matame, así te empezás a interesar por mí».

Muchas mujeres (y varones) arrancan mal porque quieren iniciar un proceso de conocer al otro, de interesarse por alguien, que está en otra cosa.

¿Por qué hay tantos problemas de pareja hoy en día?

«Lo conocí por Facebook»… en Facebook todos son maravillosos…

El te dice todo lo que quieras (y lo que él no quiera), te abre la puerta, te elogia, es muy educado…

¡Pero a la ex la reventó!

«No importa, pero a mí me trata bien, cambió».

Para eso hace falta tiempo y el verdadero amor espera, dice La Biblia.

También dice que el amor es paciente.

Cuando alguien te apura, no te está amando porque la pareja es una construcción que hacen dos personas, no una sola.

Algunas mujeres tienen que remarla y dicen:

«Él no me llama, se va a jugar al fútbol, se va para allá, pero yo le insisto que venga y me llame».

La realidad es que él está en otro proceso y ella quiere meterlo en su proceso y el problema es que a ella no le interesa que él esté en otro proceso;

Lo único que le interesa es meterlo en su proceso a la fuerza, y no se puede forzar a nadie.

Hay una frase muy linda que dice:

«Las cosas que me atraen cuando conozco a alguien no me alcanzan parta construir una pareja feliz».

«Me enamoraron sus ojitos, que me trata bien y es muy dulce»… eso no te va a alcanzar para formar una pareja, quizás te alcance un año, dos años, y hasta ahí nomás, pero después vas a necesitar otros elementos.

Muchas parejas que se conocen a la semana ya están saliendo, ya se están acostando;

Esas personas han saltado etapas porque creen que con esas dos o tres cosas que sintieron, ya les alcanza para formar una pareja.

¡Y no alcanza porque hay que juntar muchas, muchas, muchas ramitas!

¿Estás herido?

Quizás tuviste una pareja difícil y se terminaron separando.

Si vos quedaste herido, con miedo, y querés formar pareja, cuando conozcas a alguien tendrás que ver si el otro está en el mismo proceso y decírselo:

«Mirá, quiero compartirte algo, yo vengo de una situación muy difícil…».

No es necesario dar detalles pero sí decirlo:

«Quedé lastimado/a, con miedo, con dudas, pero te lo quiero decir por si ves en mí cosas raras»… eso es plantear las cosas desde el principio.

Si uno queda herido y no lo blanquea, termina actuando como esos que piensan:

«Yo quedé lastimado y quiero formar una pareja, pero me voy a cuidar»…

Y cuando conocen gente se convierten en detectives:

«¿Cómo estás?

¿Bien?

¿Dónde fuiste?».

Entonces el otro siente que lo están vigilando.

Es importante poder blanquear eso, o por lo menos decirlo.

Tenemos que respetar las etapas de la vida.

A la vida la han dividido algunos en tres tercios:

De cero a treinta,

De treinta a sesenta,

De sesenta a noventa.

¿En qué tercio estás?

Si alguien del segundo tercio sale con alguien del primer tercio, tendrá problemas;

Si él tiene cincuenta y cinco y sale con un chica de veintidós, ella está en el primer tercio y él está en el segundo, casi entrando al tercero.

¿Por qué al viejito de cincuenta y cinco le gusta la de veinte?

Porque no quiere aceptar el paso del tiempo,

No quiere aceptar que está entrando a la tercera y última etapa, se resiste.

Entonces busca una de veintidós para sentir que es un pibe,

Se compra una moto,

Se pone aritos, se compra una Biblia Thompson grandota (porque es cristiano) y dice:

«Gloria a tu nombre, Señor».

¿Por qué una chica de veintidós sale con un viejito?

Porque es maduro, porque tiene experiencia, porque quiere ahorrarse problemas;

En realidad quiere ahorrarse la experiencia que da la vida y saltarla,

Entonces la compra envasada en el viejito de cincuenta y cinco.

La gente puede creer que alguien de veinte años es maduro pero hay una madurez que no la dan ni los libros ni la edad, sino las experiencias de la vida.

Si alguien del segundo tercio sale con alguien del tercero (por ejemplo él tiene sesenta y sale con una mujer de cuarenta y cinco), ahí hay quince años de diferencia pero los dos tercios están más acortados a nivel emocional porque, aunque hay una diferencia de edad, no es la misma diferencia de madurez, de experiencia, que la del segundo tercio con el primero.

El versículo de Deuteronomio es extraordinario.

Dice que si en el camino te encontrás un nido de ave en un árbol o en el suelo y a la madre con los polluelos (o sobre los huevos), no te quedes con la madre y con la cría, quedate con los polluelos pero dejá ir a la madre.

Y la promesa por un pajarraco es que si hacés eso, te irá bien y gozarás de larga vida.

Hay otro mandamiento en el que también Dios promete larga vida:

«Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien y tengas larga vida».

Primera enseñanza:

Deuteronomio habla de encontrar un nido de ave en un árbol o en el suelo, lo cual significa que la pajarona construyó mal el nido porque lo hizo a la altura de alguien que puede meter la mano en los huevos o en los polluelos o se cayó al piso.

Cuando construyas tu sueño, tu nido, tu proyecto, siempre hacelo alto porque todo lo que hagas bajo (con malos materiales) se caerá y te lo destruirán.

¿Qué quiere decir construir alto?

Construir con valores de Dios, con honestidad, con transparencia, con verdad, con amor, con respeto.

Con cada valor que le metas, estarás armando tu proyecto bien alto donde nadie pueda meter la mano y destruirlo.

¡Tenés que construir alto!

¿Tu familia se destruyó?

Construiste el nido bajo,

Por eso alguien que pasaba por ahí metió la mano y la destruyó.

¿Caíste preso?

El nido se te cayó.

Un papá fue al zoológico con su hijo y preguntó:

«¿Cuánto sale la entrada?».

«Sale diez pesos y los chicos menores de nueve entran gratis», respondió el que vendía las entradas.

«Mi hijo tiene diez años».

«Bueno, lo hacemos pasar por nueve para que entre gratis; total nadie se va a enterar».

«Sí, se va a enterar mi hijo porque él sabe que tiene diez, así que voy a pagar por dos adultos».

¡Eso es construir arriba!

Tenemos que meterle verdad, honestidad, transparencia a nuestra vida.

La gente se ríe, se burla, y tal vez te dicen:

«Te vas a quedar para forrar Biblias,

¿Vos sos tarada o te lavaron la cabeza?»…

No importa, vos seguí metiendo valores porque en lo que estás por construir nadie podrá meter mano.

Dice La Biblia que el que anda en integridad no resbalará jamás.

Todo lo que construyas con verdad, con honestidad y con transparencia nunca se caerá.

Una pareja fue a comprar unas hamburguesas para llevar y se las dieron en una caja;

Cuando la abrieron estaba toda la plata recaudada del día.

El hombre dijo:

«Tenemos que ir a devolverla».

Volvió al lugar y explicó:

«Mire, yo le pedí dos hamburguesas pero resulta que me dieron la plata».

«Uy, nos equivocamos, le dimos la recaudación del día;

No se vaya vamos a llamar a los medios porque usted es un hombre honesto y tenemos que compartirlo».

«No, yo me quiero ir, no tenemos que decírselo a nadie».

«Sí, porque le dimos la plata equivocadamente pero usted la trajo, usted es un hombre honesto».

Y el hombre miró al empleado y le dijo:

«No, porque la mujer con la que estoy no es mi esposa».

Era honesto pero no era íntegro.

No alcanza con que seamos honestos, también tenemos que meterle nuevos valores como la integridad.

Cuando vos construís con la verdad, cada vez que el enemigo busque tirar tu nido, no lo podrá hacer.

Podrán calumniarte,

Podrán inventarte cosas,

Podrán hacerte pasar un mal momento,

Pero nadie tiene autoridad para derribar lo que has construido en Dios.

Conocí a una mujer que había ido a todos los brujos porque tenía un problema:

Sentía que una araña se le movía por la cabeza.

Le hicimos sanidad interior y le dijimos:

«Vas a renunciar a todo lo malo que hiciste, lo vas a escribir en un papel y se lo vas a entregar al Señor y Él te va a perdonar».

Soltó un montón de cosas malas que había hecho y oró renunciando a todo eso;

Luego oré yo y declaramos que estaba libre, perdonada, bendecida y llena del Espíritu Santo.

Pasó una semana y la mujer vino:

«Pastor, ando mal, tengo la araña que me camina otra vez».

Volvimos a orar, le puse la mano en la cabeza y dije:

«Señor, esa araña la matamos en el nombre de Jesús».

A la semana siguiente volvió ¡y otra vez tenía la araña que sentía que la picaba!

Le pregunté:

«¿Vos has pecado, has mentido, has engañado, has hecho algo mal delante del Señor?».

«No, pastor, yo no hecho nada, yo todo lo malo que hice se lo entregué a Dios».

Y el Señor me dio esta palabra:

«Esa araña que tenés es una sugestión porque si vos le has entregado tus errores al Señor de corazón, Él te limpia de todo pecado y de toda maldad, no puede haber opresión de ningún tipo en tu vida, lo que tenés es sugestión, esa araña no existe».

Si vos cerraste tu pasado de verdad y confesaste todo, lo que puedas sentir de malo es pura imaginación y sugestión;

Cuando le entregamos al Señor todos nuestros errores (llámese aborto, mentira, infidelidad, etc.),

Él nos perdona por completo y nos limpia de toda maldad para que empecemos a construir alto y arriba.

¡Construí bien arriba!

La segunda enseñanza de este versículo de Deuteronomio es:

Si en el camino encontrás un nido de ave en un árbol o en el suelo y a la madre con los polluelos o sobre los huevos, no te quedes con la madre y con la cría, quédate con los polluelos pero dejá ir a la madre.

No podés tener todo en la vida.

Hay cosas que podés tener y hay cosas que no podés tener.

«Pero yo quiero los huevos, los polluelos, los pajarracos,

¡Me quiero comer todo!».

En la vida no se puede tener todo.

Yo quería ser campeón de ajedrez, el mejor clarinetista del mundo y pastor… y apenas logré una.

Nosotros conocemos gente que tiene muchísimo dinero y se quejan; ganan de a cien miles de dólares pero dicen:

«Queremos más…

¡Este país de porquería!».

Si querés tener todo, sabé que hay cosas que sí y hay cosas que no.

Cuando uno acepta que hay cosas que no puede tener, puede disfrutar de aquellas cosas que sí puede tener.

¿Por qué hay gente que no forma pareja?

Porque quieren a todas/todos, quieren acostarse con todas/todos y tenemos que elegir una o uno.

¿Y todos los que restan?

No se puede tener todos los polluelos y todos los pájaros, con un pajarraco que enganches alcanza y sobra.

Hay mujeres a las que se les ha ido biológicamente la posibilidad de ser mamás, o parejas que no pueden tener hijos, y luchan contra eso porque no lo aceptan.

Y cuando uno no acepta algo, le meterá otra cosa para calmar la angustia que siente.

¿Por qué en las películas cuando se separan, cuando se rompe una pareja, el tipo se emborracha?

¿Por qué hoy hay jóvenes que se emborrachan?

Porque cuando a mí me falta A (tengo una carencia de algo), lo trataré de llenar con B, llámese comida, afecto, adicción a la gente, al alcohol, al juego, etc.

Le meto B porque no quiero aceptar que me falta A.

Pero cuando yo acepto y digo:

«Está bien, mis papás no me quisieron, o mis papás me rechazaron, o tuve una infancia difícil», hago la paz conmigo mismo y dejo de meterle B para calmar (o tapar) la falta de A.

Cuando nosotros venimos a Cristo, somos capaces de decir:

«Esto ya no se puede, pero esto sí se puede» y puede saldar su deuda y darse cuenta que todo no se puede en la vida.

Salomon dijo:

«Si ves miel y comés hasta saciarte, vomitarás porque no se puede todo».

Hay gente que se come todo, que va por todo, y hay cosas a las que tenemos que decirles que no para que podamos disfrutar de aquellas a las que les decimos que sí.

Dios hizo todas las cosas para que las disfrutemos pero no para que disfrutemos todo.

Hay cosas que sí podemos disfrutar y hay cosas que no podemos disfrutar.

¿Cuáles sí y cuáles no?

Eso será de acuerdo al sueño que el Señor te ha dado, al propósito que tengas.

Todo lo podés en Cristo conforme al sueño que Dios te haya dado.

Yo no puedo ser bailarín.

¿Pero cómo si yo todo lo puedo en Cristo?

Yo no puedo ser astronauta, ni presidente de Estados Unidos.

¿Por qué?

Porque «todo es todo» con respecto al proyecto que Dios me ha dado.

Por eso, tenés que ver cuál es el nido que Dios te ha mandado construir.

La tercera enseñanza del versículo de Deuteronomio es:

Pequeños mandamientos, grandes recompensas.

Si uno es fiel en cosas chiquitas, como amar un animalito cuando tratamos bien a un pichicho o a un gatito,

Dios nos promete algo grande.

El Señor te dice:

«Si vos estás en lo pequeño que yo te doy, yo estaré en lo pequeño que vos me pidas».

Un chico trajo unos panes y unos peces y los dio para alimentar una multitud, fue fiel en lo pequeño, y Jesús lo multiplicó.

«Yo voy hasta África a predicar», dicen algunos, no hace falta que vayas tan lejos, predicale al negro que tenés al lado.

Yo estaba en la facultad y oraba:

«Señor, mandame a todos lados a predicar»; un día se me sentó una compañera al lado, empezamos a hablar y me empezó a evangelizar.

En un momento le dije:

«¿Vos sos cristiana?».

«Sí,

¿Vos también?».

«Sí, tenemos que unirnos para predicarles a nuestros compañeros».

Ella me miró y me dijo:

«Yo ya les prediqué a todos, me faltabas vos».

Y yo oraba:

«Padre, voy a los negros del África»… y ella le habló a este de raza negra.

Algunos oran:

«Señor, doy la vida por Cristo…

Siempre y cuando el domingo no haga cuarenta grados de calor».

Como ese muchacho que le dijo a la novia:

«Te amo, cruzaría océanos por vos, daría la vida por vos, sería quemado por vos y daría todas las riquezas del mundo por vos.

Nos vemos mañana… si no llueve».

Sé fiel a Dios en las pequeñas cosas porque el que es fiel en lo pequeño, sobre mucho Él lo pondrá.

Cuidá los detalles de venir a horario,

De no hablar durante la reunión, de no tirar cosas en el piso, de tratar bien a la gente, etc.;

Hasta un vaso de agua que des para Dios después te permitirá orar:

«Señor, vos encargate de estos detallecitos, de esta firmita para cancelar esta deuda de doscientos mil pesos… una pavadita».

¡Para Dios todo lo grande nuestro es una pavadita!

La cuarta enseñanza de Deuteronomio es:

Hay que tener actitud de fuerza frente a las dificultades.

Si el nido se cae, la mamá se queda ahí cuidando y defendiendo lo suyo.

Yo no sé qué se te ha caído, o qué has construido mal, en tu vida pero tenés que quedarte y tener una actitud de fe, de pelea.

Quedate ahí a pelear por lo tuyo y no salgas huyendo.

Leí que cuando nos enfermamos, uno de los factores que nos va a influenciar (además de la medicación) para que nos sanemos o no es la actitud frente a la enfermedad;

Si uno frente a una enfermedad, o un problema, dice:

«Es lo que me tocó en la vida.

Y bueno,

¡Me tenía que tocar a mí!

Qué se le va a hacer, no puedo hacer nada, cuando te llega te llega», tarda mucho más en sanarse.

Pero el que tiene la actitud interior correcta y dice:

«Estoy mal, tengo esta enfermedad, pero voy a ver qué puedo hacer para mejorar; voy a buscar otra opinión.

Sí, se levantó una tormenta pero yo decido cómo voy a vivir de acá en más», se levanta más rápido.

Cuando ponemos el foco en lo que tenemos adentro, dejamos esas tonterías de «ay, me gritó», «ay, me trató mal, lo voy a demandar», etc.

A todos nos pasan cosas pero mayor es el que está en nosotros que el que está afuera.

Tuviste pérdidas pero te levantarás porque Cristo que está en vos es poderoso para derribar dificultades.

Se te cayó el nido pero lo volverás a levantar.

Por eso, dice «pájaro mamá», no dice «pájaro papá» porque las mujeres son las que se quedan peleando por los sueños mucho más que los hombres;

El pájaro papá vaya a saber dónde se rajó, pero el pájaro mamá se quedo ahí.

No importa si hiciste mal las cosas, pase lo que pase te levantarás.

Decía un filosofo que vimos con Alejandra en Canal Encuentro, hablando del lamento, que el mensaje es:

«Esto que pasa es más grande que yo».

Cuando uno se queja, está diciendo:

«Esto es más grande que yo» pero la fe es más grande que el lamento.

Nosotros tenemos fe en él poderoso nombre del Señor y

¡Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece!

Te invito a declarar:

Voy a construir el nido arriba, voy a enfocarme en lo que sí puedo y en lo que no puedo.

No se puede todo en la vida, hay cosas que sí y hay cosas que no.

A pequeños mandamientos, grandes recompensas.

Las cosas pequeñas para Dios son grandes.

Voy a cuidar los detalles porque esos detalles traen grandes recompensas.

Voy a tener una actitud activa, a dejar de mirar el afuera y a decir:

«Sí, me pasa esto; sí, tengo esta dificultad; pero voy a ver cómo lo enfrento porque sé que todo lo puedo en Cristo.

Me voy a levantar y, aunque se me cayó el nido,

Me voy a quedar acá cuidando lo mío porque sé que algo tiene que pasar».

En el nombre del Señor.

Amén.

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