Siempre nos equivocamos las Mujeres – Alejandra Stamateas – 3/3

¿Cuándo te levantás, reclamás el Poder de Dios?

 ¿Usás el Poder de Dios?

¿Resolviste ese problema con el Poder de Dios?

¿Te hablaste a vos misma, sabiendo que contenés el Poder de Dios?

¿Dijiste:

Yo soy distinta y especial porque tengo lo que muchos no tienen, que es el Poder de Dios por haber recibido al Espíritu Santo en mi vida?

¿Cuántas usan el Poder de Dios?

Porque tal vez te hayas olvidado, te volviste tan natural que te olvidaste de usar el Poder de Dios; y es tan simple y sencillo.

Pablo, sabía que era poderoso, pasaba por la calle y le decían: Feo, pelado, encorvado, este hombre es un desastre predicando, pero éste hombre tocaba a los enfermos y el Poder de Dios se manifestaba para darle la gloria a Dios.

El Espíritu Santo me dio una revelación y me dijo:

¿Sabés qué le pasa a muchas mujeres?

Muchas mujeres no están enfocadas en su propósito, tienen al propósito como algo secundario, como algo que va a venir en algún momento de su vida, están tan atareadas con otras cosas que no pueden ver su propósito y dice la Palabra que hay que buscar, primeramente, el Reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas vendrán por añadidura

¿Sabés que significa añadidura?

Algo que yo agrego a un vestido que me quedó corto, le agrego un pedazo de tela, eso es una añadidura.

Yo te hago una pregunta, si yo te dijera hoy: «Te entrego este collar de perlas, quiero que le busques un vestido a este collar» o te digo:

«Te entrego este vestido, quiero que le busques un collar a este vestido»,

¿Qué va a ser más fácil?

Buscar el collar. Es preferible que te den el vestido, salís a buscar el collar, la bijouterie o la alhaja que quieras y sabés que esa alhaja va a ir para ese vestido, así hace Dios.

Dios te dice este es tu propósito, si vos te enfocás en tu propósito todo lo demás viene por añadidura, ni siquiera vas a tener que pedirlo, va a venir porque yo sé que estás en el propósito y sé qué necesita tu propósito para tener éxito.

¿Sabés porque te equivocaste tantas veces?

Porque tocaste el propósito ajeno, porque te paraste sobre el propósito de una persona y le pediste añadidura y la añadidura no vino porque no estabas parada en tu tierra, por que cuando vos estas parado en tu terreno las cosas vienen, por eso tenés que dirigirte a tu propósito:

Señor ¿para qué me llamaste?

¿Para qué me diste tu poder?

No puedo colgarme más de lo que otros hacen, tengo que empezar a pensar en lo que me diste a mí, porque si yo pienso en lo que me diste para mí y me determino a estar firme en ese propósito, todo lo que necesito Dios me lo dará, aún sin que se lo pida.

¡Pero necesito la casa!

Vos parate en el propósito, sin que se lo pidas, la casa va a venir.

Parate en el propósito, sin que se lo pidas el dinero va a venir, pero está en el propósito.

No te distraigas, porque si vos estás distraída, nunca vas a poder ver lo que Dios quiere hacer con tu vida.

Si vos te distrajiste con el propósito ajeno, si vos hace muchos años venís trabajando y trabajando y decís:

¡Otra vez me equivoqué, y otra vez elegí mal el trabajo, o el socio y volví a quebrar,

Otra vez hablé mal con mis hijos y otra vez metí la pata en la pareja y me volví a equivocar en elegir una pareja igual que la de antes!

Es porque no te metiste en tú propósito, porque cuando estás en el propósito, todo lo demás Dios te lo añade.

Y por último, David, en el salmo que leímos, él está angustiado, está llorando, perseguido por sus enemigos, un hombre roto y dice:

¿Cómo pude llegar hasta aquí?

Tal vez, vos te estás preguntando,

¿Cómo llegué a este estado en mi vida?

¿Cómo puede ser que hoy no tenga nada?

¿Cómo puede ser que hoy haya perdido todo?

¿Cómo puede ser que todo lo que en un momento fue mío, lo tuve, lo toqué, lo disfruté,

Y ahora se me haya escapado de las manos?

¿Cómo llegué a éste lugar, no lo entiendo?

¿Cómo me equivoqué tanto, no lo puedo entender?

Y David, estaba angustiado y decía:

¿En qué me equivoqué para tener tantos enemigos, que me estén persiguiendo y me quieran matar?

Era un hombre, que no era un novato, era un hombre que había peleado, que había batallado, que había sido escondido por Dios en cuevas para que el enemigo no lo viera.

Sin embargo, en un momento él se encuentra en medio del desierto;

Tal vez cómo vos, que hoy te encontrás en medio de tu desierto diciendo:

¡Otra vez me vuelve a pasar esto!

¡Otra vez, este mismo problema!

¡Otra vez luchando con las mismas cosas!

David, entendió que los problemas vienen en ciclos.

De joven, David había sido rechazado, ya de chico el papá lo había rechazado, no lo elegían para nada a David, lo mandaban a cuidar las ovejas, le decían: andate, no queremos que compartas con la familia;

David vivió toda su vida el ciclo del rechazo.

¿Qué es lo que te pasó a vos?,

 ¿Que tocó tu espíritu, que tocó tu alma, que lastimó tu cuerpo?

 ¿Qué es eso que vino a tu vida?,

¿El abandono, el rechazo, la soledad, el que nadie te escuche nunca, el no tener éxito en ningún área, el que siempre se burlaran, que te criticaran, el que siempre eras humillado o humillada?

Porque eso va a venir a tu vida en ciclos, para ver si estás preparado para salir adelante o vas a dejarte caer por ese ciclo que quiere aplastarte.

Y David entendió que él había sido rechazado y que durante toda su vida tuvo diferentes rechazos;

Y vamos a ir viendo a lo largo de su vida, cómo cada rechazo de David implicó que él subía a un nuevo nivel, cada vez que él volvía a ese ciclo de rechazo, él volvía a subir a un nuevo nivel.

Saúl, su mentor, lo rechazó y lo mandó a matar; su esposa Mical, de la que esperaba amor, lo criticó, lo ridiculizó y lo rechazó y David vuelve a sentirse como un niño rechazado;

Su propio hijo vuelve a rechazarlo.

Es impresionante cómo se repite la historia de rechazo en la vida de David.

¿Cuál es la historia que se ha repetido en tu vida?

¿Cuál es esa equivocación que se repite siempre?

Equivocación que tal vez cometés vos o que cometen otros pero que vos estás incluida.

¿Cuál es ese ciclo que viene a tu vida?

¿Con qué pensamientos luchás cada tres, cada cuatro o cada diez años?

Porque el enemigo siempre va a querer volver a tu mente con algo de eso.

¿Con qué luchás cada tanto?

¿Cuál es el horror que viene a tu mente o a tu corazón? y decís:

¡Otra vez la estoy peleando con esta;

Otra vez vuelvo a discutir con mi pareja por lo mismo; ahora conseguí otra pareja y vuelvo a tener los mismos problemas que antes; otra vez mi carácter;

Otra vez hablé mal con mis hijos; otra vez salí gritando;

Otra vez volví a tomar y yo pensé que lo había dejado; otra vez me vino esta enfermedad y yo pensé que ya estaba sana y vienen en ciclos.

Y hay estaciones en tu vida.

En éste pasaje nos muestra, la debilidad de un hombre, que estaba llorando en medio del desierto y que estaba triste.

¿Y sabés por qué nos muestra la Biblia, la debilidad?

Para que nosotros sepamos que si David, el hombre que fue elegido por Dios, salió adelante, terminó siendo rey, nosotros también vamos a salir adelante.

Ahora, ¿Cómo hace David para salir de este ciclo de fracasos?

¿Cómo hace para salir de éste ciclo de rechazos?

¿Cómo hace para sobreponerse a una situación?

Porque tenemos que aprender de éstos grandes, cómo hicieron para sobreponerse de una situación de rechazo que era tan fuerte y llegar a ser rey.

Y hay algo muy importante que en este Salmo, David le dice a Dios:

«Llévame a la roca que es más alta que yo, Tú eres mi refugio delante de mis enemigos».

Cuando venga el momento difícil, cuando la estés pasando mal, cuando parece que querés largar todo, cuando parece que esa equivocación no la vas a poder remediar nunca más, porque lo que hiciste parece que no te lo van a perdonar mas, quiero que te acuerdes de esto, tenés que decirle al Señor:

¡Llévame a la roca más alta, Señor quiero que tomes mi vida y que me subas, que me eleves,

No la frase de víctima, Señor llévame de éste mundo-, no, Señor:

Dame tu presencia, yo quiero escuchar tu voz, yo quiero aprender el arte de oír tu voz en las alturas, yo quiero atreverme a escuchar tu voz, a decirme que todo está bien, que eres mi refugio y que estás defendiendo mi vida!

Una de las características del rey David, era una que nosotros muchas veces vemos como negativo.

Si usted lee la mayoría de los Salmos escritos por David, se va a encontrar un David, diciendo todo el tiempo:

Yo soy bárbaro, yo soy buenísimo, yo no peco, yo hago todo bien, yo soy tu hijo preferido, yo soy el dulce cantor.

Y a mí me asombraba,

¿Por qué David le hablaba a Dios tan bien de él?

David se dedicaba a hablarle a Dios, cosas buenas de él.

¿Vos le decís cosas buenas tuyas a Dios?

O estás todo el día, soy una porquería, no sirvo para nada, todo me sale mal,

¿Le hablás bien a Dios de vos?

Le decís a Dios:

Dios mirá lo que hice hoy,

¿Estuve genial o no?

¿No estuve espectacular con esto que me mandé Señor?

¿Por qué David hablaba de esa manera, acaso Dios no lo conocía?

¿Acaso necesitaba hacer alardes de quien era?

 ¿Sabe por qué David hacía esto?

Porque era una estrategia espiritual.

Hablar bien de nosotros mismos parece algo orgulloso, antes nos decían: tu abuelita tiene que hablar bien de vos, pero vos no hables bien de vos porque queda mal.

Y entonces empezamos a reprimir y cómo no podemos hablar bien,

¿Qué hacemos?

Lo que podemos;

¿Qué es lo que podemos?

Hablar mal.

Entonces, en lugar de felicitarnos, en lugar de decir, ¡qué bien que estuve!

¡Qué bueno esto que hice!

Qué bárbaro que me salió.

En lugar de eso, hablamos de nuestros errores y de nuestras equivocaciones y la gente conoce más nuestra vida por los errores y por las equivocaciones que por las cosas buenas.

Tenés que empezar a hablar bien de vos,

Delante de la gente y delante de Dios,

No mentir, no agrandarte, pero cuando hiciste algo bien, decirlo.

Cuando hiciste algo que te salió bárbaro, felicitarte vos y decir:

Señor, esto que hice hoy

¿No te parece espectacular?

¿Habrá otra hija tuya, que habrá hecho algo así como lo que hice yo?

Yo te puedo asegurar que Dios va a venir y te va a dar la felicitación que tiene que darte,

¿Sabés por qué?

Porque Dios quiere que vos honres lo que Él ha creado;

Dios quiere que hables bien de lo que Él ha creado; y vos y yo somos creación de Dios, cuando hablamos bien de nosotros, Dios se pone contento y dice:

¡Le gusta lo que Yo hice, lo voy a bendecir!.

Empezá a hablar bien de vos, aunque te hayas equivocado,

Dios va a hacer lo que tenga que hacer.

Aprendé a hablar lindo,

A veces hablamos tan feo, aprendé a hablar palabras lindas, a darte caricias con las palabras.

No está mal, deci:

Esto que hice estuvo bueno, este pensamiento que tuve fue un pensamiento de misericordia

¡Qué lindo!

Porque estoy usando los dones del Espíritu,

Por eso tengo éstos pensamientos de misericordia,

Por eso puedo amar a otra persona

¡Qué lindo!,

Yo tengo la capacidad de amar a otros

¡Qué bueno!

Porque sale de mi espíritu,

Es algo que Dios me dio, yo me felicito por eso y lo voy a seguir haciendo y lo voy a seguir practicando.

Dejá de hablar de tus errores, reconocelos, no te culpes, hacete responsable.

La culpa y la responsabilidad nunca van juntas.

Una persona que se culpa, no es una persona humilde;

Es una persona que quiere hacerse la víctima para que los demás la perdonen;

Pero si vos sos una mujer o un hombre maduro tenés que ser responsable, no culpable.

Acá me equivoqué, sí pero ahora me hago cargo de corregir esto.

Y empezá a hablar bien de vos, nadie lo va a hacer como vos lo hagas,

Nadie conoce todo lo que pasaste para llegar a estar donde estás hoy, la única que lo conoce sos vos.

La única que conoce las lágrimas que derramás todos los días;

La única que conoce las burlas que escuchó, el rechazo que recibió,

La única que sabía las heridas que tenías, sos vos; por lo tanto, la única que puede hablar bien de tu fuerza, de tu esmero, de tu perseverancia, de tu valor, de tu coraje, de tu amor sos vos.

David entendió el poder de las palabras, entendió que toda palabra que salía de su boca tenía poder, por lo tanto, él sabía que cuando hablaba bien de él, esa palabra era soltada con fervor y con poder.

Y vos tenés que soltar palabras de tu boca, con fervor y con poder.

Decir:

¡Me equivoqué, pero yo ahora determino sobre mi vida, que la bendición es mía!

¿Por qué?

Porque suelto palabra de poder.

Un día estaba Elías y él sabía muy bien del poder de las palabras, y dice que un día dijo:

No va a llover.

Y no llovió por tres años y seis meses.

Y luego dijo:

Y ahora va a llover y empezó a llover. El sí que sabía del poder de una palabra soltada de su boca.

¿Sabés el poder de tus palabras?

Podés volver a equivocarte sino usas las palabras correctas.

Tal vez, no sea porque diste mal el paso, sino porque hablaste mal.

Tenés que saber que en tu boca hay poder y que las palabras que digas de vos a vos misma y que le digas a los otros acerca de vos te van a traer el éxito que tanto estás esperando.

¿Qué te cuesta hablar bien?

¿Qué te cuesta reconocer todo lo bueno que hacés todos los días?

¿Cuál es el problema de reconocer que eres la mejor obra que Dios ha hecho?

¿Cuál es el problema de reconocer que Dios te ha creado como la hermosura más grande?

¿Cuál es el problema de reconocer que Dios te ha dado, dones, talentos que los estás usando?

Sí, me sale bien porque estoy usando lo que Dios me dio ¡Cómo no vas a reconocer eso en tu vida!

«Llévame a la roca que es más alta, más arriba Señor, quiero ver mi vida desde arriba, pero no dice yo voy a subir, dice: llévame, porque el único que te puede llevar es Él.

Si Dios te levanta, nadie te puede tirar.

Si vos le decís, Señor más arriba y Dios te agarra de la mano y te levanta y te lleva al lugar secreto y te lleva a su habitación y te hace un experto o una experta en el arte de escuchar la voz de Dios, si Dios te levanta nadie te tira, ni las circunstancias, ni la gente, ni los problemas, ni el enemigo puede tirar a alguien que Dios ha levantado a las alturas para estar delante de Él».

Dios en Hechos, encontró un hombre, dice: encontré a mi siervo David, si Dios dice que encontró, es porque estaba buscando y Dios está buscando hombres y mujeres, ahora…

¿Qué características tenés que tener para que Dios diga: Eres tú?

A ti te voy a bendecir, a ti te voy a dar este éxito, a ti te voy a llevar a esta altura,

¿Qué tenemos que tener para que Dios diga eso?

¿No haberte equivocado en la vida?

No calificamos ninguno de los que estamos acá,

¿Ser una buena persona?

No calificamos ninguno de los que estamos acá.

¿Qué es lo que distinguía a David?

Que David cuando estaba en apuros, cuando estaba en problemas, él le decía a Dios:

Acuérdate, Dios que soy tu hijo,

Que soy lindo aunque nadie lo vea,

Soy dulce aunque no parezca, hice cosas buenas en mi vida, tengo un corazón leal, me equivoco mucho pero yo te busco,

Lévame a las alturas, sácame del desierto Señor, si vos no lo podés hacer, nadie lo puede hacer, yo no puedo subir si vos no me levantás, tómame de la manos y llévame a las alturas.

Y cuando dijo eso David, Dios dijo:

«Ahí, hay uno, lo tomó de la mano y lo llevó a las alturas».

Fuente: Alejandra Stamateas
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