Un Querubín en tu vida – Vivencias de Cármen Santiago

Un Querubín en tu vida.

La bella e inmortal Venecia nos abrió su corazón y permitió que viviéramos cuatro días sumergidas en la radiación del Templo Etérico de Cuarto Rayo que esta ciudad oculta.

A cada paso la armonía, la belleza y el arte parecían acompañarnos dibujando la luz de las altas esferas en cada rincón de esta ciudad sin autos.

El canto del agua, el colorido de sus vitrinas llenas de arte, las góndolas y el aire fresco de los últimos días de la primavera nos acompañaron y fueron cómplices de nuestra felicidad en ese, nuestro caminar y caminar por sus calles e innumerables puentes, sintiendo que estábamos en otro tiempo, quien sabe, en otra dimensión, que se conjugaba armoniosamente con lo que veían nuestros ojos.

Buscamos, como siempre, la huella del Maestro Conde de Saint Germain.

La historia cuenta que el Conde estuvo en Venecia en varias ocasiones en el siglo 17 y 18, en esa larga y enigmática vida suya.

Fuimos al Teatro de la Opera , y también al posterior “ La Fenice ” porque el Maestro gustaba mucho de la música; fue compositor e intérprete reconocido en su tiempo, y lo imaginábamos, caminado por esas calles.

El lugar en donde nos quedamos está ubicado en el corazón de Venecia rodeado de palacios e iglesias dedicadas al arte y la cultura y al lado de nuestro hotel, el Conservatorio de Música.

Las notas musicales eran como angelitos que llegaban a nuestro cuarto a acompañarnos.

A nuestra derecha, el Palacio Franchetti, que data del siglo 15, en donde funciona el Instituto Veneciano de Ciencias, Arte y Letras, en cuyo bello jardín nos inspiramos más de una vez.

Y como si fuera poco, allí también se encuentra la Iglesia de San Vidal que funciona como sala de conciertos.

Por supuesto, una noche fuimos a escuchar “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi.

Y muy cerca, cruzando un puente sobre el Gran Canal  encontramos La Galería de la Academia o Escuela de Bellas Artes que conserva una de las mayores colecciones de arte italiano y al entrar te recibe con uno de los cuadros de Pablo el Veneciano, para nosotros, el Gran Maestro del Tercer Rayo.

Y a escasos 10 minutos andando, la maravillosa Plaza San Marcos.

Fueron cuatro días de magia veneciana que quiero compartir con ustedes por la enseñanza que nos quedó en el corazón, tan útil para estos tiempos que se avecinan.

Como es nuestra costumbre meditamos cada día en la mañana y de la meditación surgía un pensamiento semilla.

El primero fue:

Mirar, mirar para activar la magia.

Y miramos.

Porque sólo aquello que reconoces se abre ante ti.

Dimos un paseo en góndola que nos permitió contactar la energía de la ciudad que es única e inconfundible, que antaño fuera la República Serenissima , un increíble taller artístico en donde se conjugaban mentes excelsas y se construían palacios  e iglesias, con maravillosos frescos adornando sus paredes, talleres en donde se fabricaban instrumentos de cuerdas, para sinfonías, óperas y cantatas.

Vimos la casa de Marco Polo, los innumerables Palacios e Iglesias, la casa en donde estuvo alojado Mozart, donde vivió Casanova, y vimos, más allá, una ciudad armoniosa que al compás del agua que circula por sus canales, de las gaviotas que cruzan su cielo azul, de la canción que alguien entona, del sonido de las campanas de tantos campanarios, de los lugares cargados de historia; te cuenta otra historia, una historia de ángeles, de seres de luz, que sostienen en lo alto un templo de Armonía, Belleza y Arte.

Y en el centro de ese Templo, un Gran Deva Maestro, que por amor está en nuestro mundo, aquel a quien conocemos como Serapis Bey.

El pensamiento semilla del segundo día en la mágica Venecia fue “Vivir inspirados”.

Y entendimos que al inspirar podemos imaginar que absorbemos los átomos del aura del Maestro y al expirar, los exhalamos sobre nuestros cuerpos.

Entonces la mente se llena de los átomos del Maestro y vivimos en esa inspiración que es capaz de guiarnos por la vida.

De esta manera se produce el impacto de las ideas que descienden de lo alto y al ser procesadas por la mente nos dan la correcta dirección.

Esa inspiración va cambiando nuestra sustancia y la va moldeando de acuerdo al arquetipo divino.

Volvimos a caminar la ciudad, volvimos a disfrutar de la Plaza San Marcos inspirando toda esa magia y dejándonos conducir.

El lema del tercer día fue “Contacto”.

Y cuando menos lo pensamos, resguardadas de la lluvia frente a la Iglesia Santa María de la Formosa , que data del año 1492, tuvimos un contacto interno que nos dejó una huella muy profunda.

La inspiración descendió y se hizo enseñanza.

Y aprendimos que no basta con decir:

“Maestro, te entregamos la vida, estamos a tus pies”.

Para ser útil al Plan es necesario el compromiso de sostener una vibración alta, a cada instante, a través de nuestro pensamiento, palabra, sentimiento y acción.

Porque si no estamos en armonía, no escuchamos la voz interna y, en estos tiempos de profundos cambios y grandes crisis, debemos estar a la orden, todo el tiempo.

Cuando estamos en armonía, el Maestro, que es el verdadero Mago, puede trabajar a través de nosotros.

Y surgió la pregunta en nuestras mentes –

¿Se nos está pidiendo un imposible?

Entonces entendimos que vamos a tener toda la ayuda necesaria, sólo hay que reconocerla para que se active.

Y como recordatorio imaginamos que, desde el templo de Serapis, un ángel nos acompañaría de ahora en adelante, como un ayudante, un amigo, que a nuestro llamado, estará emitiendo el principio de la armonía del universo en nuestras vidas y en nuestro hogar.

Y comprendimos que el verdadero hogar es el corazón y cuando el corazón está en armonía puede resistir cualquier circunstancia, por extrema que sea.

Comprendimos que Serapis ha ofrecido sus ángeles para ayudar a todos los que trabajan para el Maestro Saint Germain en la construcción de la nueva civilización.

Que el trabajo de magia es del Maestro y nosotros, como sus instrumentos nos toca estar bien afinados, es decir, en armonía.

Y entendimos la necesidad de trabajar con el Cuarto Rayo, en especial con sus cualidades de armonía, belleza y arte, como requisito previo para el trabajo verdaderamente efectivo en el Séptimo.

El pensamiento simiente del cuarto día fue:

“Agradecimiento y bendición”.

Y como todo agradecimiento, trajo consigo bendiciones y regalos.

Nos sentimos bendecidas y regaladas.

Volvimos a Santa María Formosa para visitarla por dentro y meditar y agradecer.

Caminamos y caminamos llenándonos de toda esa belleza que nuestros ojos veían y preguntándonos si los demás estarían viendo como nosotras, todo tan bello y tan lleno de luz.

Al llegar a nuestro hotel nos encontramos a los maestros y discípulos del conservatorio de música ejecutando un concierto en plena calle; desde Nesum Norma hasta una de las polonesas de Chopin.

Aplaudimos desde nuestra ventana.

Ya para finalizar el largo día de primavera salimos buscando el delicioso pan de Venecia y atravesando uno de tantos puentecitos que cruzan los canales sentimos un llamado.

Nos detuvimos y por un instante, vivimos un momento de profunda impregnación de ese algo imponderable que llena los corazones con ternura y amor.

Empezamos a despedirnos de Venecia, agradecidas por todo lo que nos entregó.

Bajando del puentecito, en una tienda, vimos unos querubines, esos angelitos con instrumentos musicales en sus manos.

Y cada una compró el suyo.

Un Querubín para nuestras vidas, un recordatorio de lo vivido y las posibilidades que están ahora a nuestro alcance, y al de todos aquellos que reconozcan la ayuda ofrecida desde el Ashram del Maestro Serapis Bey.

Volvimos al hotel a preparar las maletas. A la mañana siguiente partimos, tomamos un taxi acuático que nos llevó al aeropuerto.

Un golpe de agua nos cayó encima y lo sentimos como una despedida, un abrazo que el Adriático nos daba.

Así le dijimos adiós a la ciudad armoniosa.

Te invito a que vivas esta inspiración.

Busca tu querubín, llévalo a tu casa, ábrete plenamente a la armonía, la belleza y el arte que el Maestro Serapis irradia desde su Ashram en los cielos de Venecia, incorpóralos a tu vida.

Repite:

“Armonía, armonía”, como un mantram, reconociéndola como la madre de todas las virtudes.

Que la belleza, la armonía y el arte que nos acompañó durante nuestra permanencia en Venecia se incorpore a tu vida y tengas también tú, un querubín en ti vida.

Con el amor de siempre,

Carmen Santiago

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