La Burbuja – Amanecer de la Edad de la Luz – Carmen Santiago

Carmen - one*

LA BURBUJA

Inmersos como estamos en el medio de interminables crisis de todo tipo en una situación mundial que parece retroceder en vez de avanzar, nos preguntamos:

Cómo es posible que, contrario a todas las predicciones, no estemos viendo el amanecer de la Edad de la Luz.

Mientras que la moderna tecnología nos permite tener una producción mundial de alimentos básicos que equivale a más del 110% de las necesidades de la población del planeta tenemos 30 millones de personas que mueren de hambre anualmente y más de 800 millones que padecen desnutrición.

En 1960, el 20 % de la población más rica del mundo podía disponer de unas rentas treinta veces mayores a las del 20% más pobre.

Hoy en día se ha ahondado tanto esa diferencia al punto de que el 20% más rico lo es, no 30 veces más sino 80 veces más que los más pobres…

Uno se pregunta:

¿Qué puedo hacer?

Es la pregunta que se hacen miles y miles de seres de buena voluntad que están despertando a esta dura realidad que ahora, en la segunda década del siglo XXI empezó a afectar con mucha dureza también a la clase media.

La Edad de la Luz ya llegó porque los tiempos cósmicos no esperan por una humanidad rebelde.

Hoy, los tiempos son favorables a la mirada interna, a la retrospección, al contacto con el alma.

Y en ese contacto la situación comienza a revelarse en su más profunda verdad.

El mundo que nos rodea no se limita a la situación mundial humana, porque el planeta tiene dimensiones que para nosotros son todavía invisibles, con criaturas que ya viven la Edad de la Luz.

Así como la humanidad no es un sistema aislado del medio que lo rodea, tampoco el planeta está aislado del sistema que lo contiene.

Si los humanos pudiéramos ver los múltiples intercambios que podemos hacer con las entidades luminosas y de esta manera lograr la verdadera comunión con el alma universal quedaríamos sorprendidos y también enriquecidos por su luz, su gracia y su gloria que llega a nosotros cuando abrimos la puerta de nuestro corazón.

La humanidad está viviendo de espaldas a esta realidad cósmica y se encuentra envuelta en una especie de burbuja construida por su propio intelecto.

Dentro de esa burbuja se libra una guerra, la más cruenta de todas que está matando a millones de seres humanos cada año, unos víctimas de armas físicas, otros por contaminación y la mayoría por hambre.

Nunca antes habíamos conocido tanto dolor.

Y el planeta y todo el sistema solar recibiendo las primeras luces de la Edad Dorada…

¿Qué hacer?

¿Cómo podemos ayudar?

Conocemos que cuando los sistemas se aíslan y se cierran, mueren implosionando.

Entonces, lo más urgente es mantener el sistema abierto.

Y éste es el trabajo de los discípulos y servidores mundiales.

El sistema se mantiene abierto cuando los humanos, desde el plano físico, contactamos el alma que habita fuera de esta burbuja y conoce bien los tiempos que vivimos.

Construir el puente llamado Antakarana es ahora un deber, porque a través de ese puente que nos conecta con el alma, el sistema se ventila y permite que una nueva luz entre y pueda, de alguna forma, iluminar e inspirar las mentes y los corazones de aquellos que detentan el poder y sus decisiones afectan a millones…

Como es en el plano de la mente concreta en donde se libra la batalla, tenemos que lograr un estado de flujo, un estado de gracia, que nos permita trabajar por encima de ese plano.

Olvidar el esfuerzo y la lucha y entrar en el camino de la entrega, del dejarse conducir por el alma.

Hacer contacto con los campos de resonancia de la compasión, de la luminiscencia, de la conciencia del uno.

Buscar la luz que nos alumbra recordando que:

Somos una luz dentro de una luz aún mayor… y permanecer confiados en esa Luz.

La guerra nunca se termina con más guerra, si así fuera, con todas las guerras que hemos tenido y las que tenemos actualmente, tendríamos paz.

Pero no.

Tenemos que crear espacios de amor, de profunda neutralidad.

Esa neutralidad es la esencia misma de nuestra alma, de nuestro ser Crístico, que con su energía une en nosotros las dos polaridades de espíritu y materia.

De esta manera, cuando estamos en profunda comunión con el alma, nos convertimos en centros de pura neutralidad que, como puertas, mantienen el sistema humano abierto a energías que provienen de:

“La Luz Mayor”

Esa luz contiene la semilla del Plan Divino para esta Tierra.

En plano intelectual de la humanidad no hay realidades sino mapas de la realidad, cada uno tiene su propio mapa o su pequeña verdad.

Si nos damos cuenta se nos hace más fácil tolerarnos en nuestras diferencias y descubrirnos en nuestra esencia divina en la que somos UNO.

La unión no viene por vía del intelecto, sino del alma, del amor, del corazón.

En medio de toda esta crisis mundial, podemos lograr esa armonía que nos permita acceder a estados internos de flujo, de no esfuerzo.

Te invito a que mires las estrellas

Y sin pensar, te dejes absorber por su magia.

Hay una atracción que ejerce el cosmos en el alma humana que proviene de nuestra realidad interna que también es cósmica.

Es un no sé qué mágico que sólo se percibe cuando te dejas atraer por su encanto y le permites evocar tu espíritu inmortal.

En esta época del año, desde mi ventana veo la constelación de Orión.

Está distante, pero cuando la miro siento que se acerca.

En ese juego descubrí que las distancias que nos separan, cuando miramos con los ojos del alma, se convierten en los espacios que nos unen.

La música suave, los olores agradables, las flores, el incienso, el fuego de una vela así como los sentimientos nobles y el pensamiento positivo también nos ayudan a entrar en ese estado.

Cuando logramos ese fluir, ese estado interno de armonía, podemos sentir y experimentar por fugaces instantes, la realidad de que somos uno y de esta manera vamos disolviendo, aunque sólo sea en su parte más grosera, el espejismo de separación.

Sin la formación del embrión de la conciencia de unidad no podemos trabajar en el servicio que la Jerarquía de Maestros nos pide y el planeta requiere.

En nuestro cuerpo, en el centro del corazón se produce la unión.

Este centro, el cuarto, está conectado con el octavo centro que es el Centro Superior del Corazón llamado el Centro Narayana, desde donde la energía de síntesis del Fuego del Espíritu penetra la naturaleza humana.

Podemos utilizar el sonido semilla del centro del corazón, el sonido Klim.

Se pronuncia al exhalar de manera que vaya saliendo suavemente, y se acompaña con la visualización del color azul.

La energía sigue al pensamiento… pensemos en la Unidad del alma humana.

Celebremos las diferencias

Dancemos la danza de los opuestos creando síntesis cada vez mayores.

Visualicemos a esas otras realidades que tienen expresión aquí en nuestro planeta, las criaturas de luz, los ángeles, los Maestros…

Abramos la puerta de nuestro corazón de par en par invocando sus presencias en los asuntos humanos para que nos inspiren y nos ayuden y podamos salir de esta encrucijada en la que nos encontramos, de manera que la burbuja que nos mantiene separados del mundo que nos rodea se rompa y podamos entrar en la Edad de la Luz y cada uno pueda realizarse en espíritu y en verdad para que:

El Plan Divino se cumpla en nuestro mundo.

Desde las profundidades del alma,

Carmen Santiago – [email protected]

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