El Mundo que Queremos – Todos juntos podemos más – Carmen Santiago

Carmen - one*

CARTA A LOS GRUPOS

mes de Cáncer 2014

EL MUNDO QUE QUEREMOS

“Que una situación no tiene solución sólo lo piensan aquellos que se apoyan en la gente en vez de apoyarse en el poder del pensamiento.” Morya

Ha transcurrido casi década y media del siglo XXI y las guerras, el hambre y la miseria siguen sin solución.

Es tiempo de repensar el mundo que queremos.

Cuando estuve en Nueva York, en las Naciones Unidas en el año 2002, me quedé mirando un inmenso cuadro en los pasillos que conducen a los salones de la “Asamblea” y los “Consejos”.

Un gigantesco afiche expresaba las alarmantes cifras del gasto militar de ese entonces (780 billones de dólares) y mostraba cómo, con un muy pequeño por ciento se podrían solucionar los más graves problemas del mundo.

Por ejemplo:

Con sólo el 3.8 % del gasto militar se puede pagar la deuda externa de todos los países, con sólo el 1.9% se puede solventar el acceso a los servicios de salud de toda la población mundial.

Todos, todos los problemas, incluyendo solucionar el hambre y la mal nutrición, la vivienda, el acceso a agua potable, la prevención de la erosión del suelo, la remoción de las minas terrestres, y seguía la lista… todo, todo se puede lograr con sólo el 30% del gasto militar del mundo.

¿Estamos locos?

Vimos una exposición sobre las minas terrestres y cómo este terrible mal está mutilando, todos los días, a campesinos indefensos.

Y los esfuerzos por legislar para prohibir la fabricación de estas armas que dañan a los más indefensos…

La negativa del mayor productor de estas armas, los Estados Unidos, país que tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas… y uno se turba… no sabe que pensar…

Y entonces piensa, Dios mío,

¿En qué mundo estamos?

Cuenta Federico Mayor Zaragoza, que una de las mayores perplejidades que vivió como director general de la Unesco fue escuchar a Ministros de Educación pedirle como el requerimiento más urgente, tizas y pizarras, bolígrafos y papel…

No le pedían escuelas normales o equipos para la formación profesional, le pedían papel y lápiz…

Entonces pensó en aquel poema que había escrito un día:

…¡Cuántos pupitres, aulas, libros, libres podrían salir de estos fusiles!

Millares de soldados y carros de hierro abrillantados mientras millones viven inclinados, de hinojos suplicando siguen

hasta que tengamos el coraje de concluir la farsa
y, por fin, alzarles.

Uno piensa y reflexiona tanto cuando se topa con aquello a lo que el mundo le da la espalda.

Lo primero que pensé fue que vivimos en un mundo en el que, a pesar de toda la tecnología, nos falta información.

¿O será que no queremos ver…?

El mundo no es dolor, pero hay dolor en el mundo.

Y no podemos vivir la Nueva Era hasta que la fraternidad se establezca como forma de vida, hasta que haya justicia social en todas las naciones de manera que hasta el más olvidado humano de la nación más olvidada del mundo, cuente.

¿En qué queda la enseñanza espiritual si le extraigo el contenido social?

¿Acaso no es precisamente la relación humana el motivo mismo de la enseñanza espiritual?

¿Cómo me puedo relacionar con Dios si primero no me relaciono mi hermano?

¿Cómo puedo amar a Dios si no amo a todos, todos, todos los seres humanos?

¿Cómo no pensar en ello como parte de mi vida espiritual?

Entonces uno se da cuenta que hay que hacer algo, cada uno desde su circunstancia. Y busco entre mis RECURSOS y ahí encuentro:

La herramienta más poderosa, la mente

La técnica, la meditación invocadora, y la energía más potente, la Voluntad de Dios.

La energía de la Voluntad de Dios se expresa desde Shamballa, el Centro Espiritual del planeta que nos conecta con centros cósmicos aún mayores.

Su poder es capaz de eliminar la influencia de las fuerzas oscuras de nuestro planeta.

La invocación consciente y activa por hombres y mujeres con firme voluntad al bien, asistidos por la Jerarquía Espiritual, es un recurso muy poderoso.

Podemos decretar:

Yo Soy Uno con la Jerarquía Planetaria; y desde esa unión invocar la Voluntad de Shamballa.

Visualizar esta energía como un diamante flamígero que se posa sobre nuestras naciones impulsando el Plan de Dios sin posibilidad de interferencia.

Imaginar que de él salen siete grandes rayos de luz cristalina que penetran en la nación, en cada una de sus organizaciones, tanto gubernamentales como sociales, impregnando los éteres con los ideales de justicia social y fraternidad que Acuario nos trae.

Pensar el mundo que queremos es la consigna, no el mundo que responde a nuestros pequeños intereses egoístas, sino el mundo luminoso, pacífico, lleno de belleza que todos queremos para todos, sin distinción.

Cuando escucho las voces que se alzan en defensa de los más desvalidos y pienso en tantos grupos que meditan, oran, invocan y trabajan para llenar de Luz y Amor el mundo, mi corazón se llena de fe.

Estamos cambiando el mundo,

Del paradigma de la guerra y el egoísmo estamos iniciando un nuevo paradigma de fraternidad y solidaridad.

El individuo separado comienza a verse como una ilusión,

Los preceptos más elevados están destinados a regir la vida.

Esa voz colectiva comenzó a escucharse masivamente desde hace varias décadas.

¿No será que la problemática que hoy confrontamos está expresando la resistencia del viejo paradigma que tiene que desaparecer y está haciendo esfuerzos para mantenerse con vida?

¿Estaremos viendo los estertores del viejo sistema?

El manifiesto de la pasada reunión del G77+China y su lema :

POR UN NUEVO ORDEN MUNDIAL PARA VIVIR BIEN,

Es una luz en el horizonte.

Mantengamos nuestra mirada puesta firmemente en lo que Acuario nos trae.

No nos confundamos.

La Era de Acuario es una era de fraternidad, de conciencia de grupo, de colectividades, de una sensible percepción humanitaria que nos lleva, de servirnos a nosotros mismos, a servir a los demás.

Pensemos el mundo que queremos.

Trabajemos invocando la:

“Ardiente Voluntad de Dios”

Porque toda invocación que se hace grupalmente y con devoción tiene siempre respuesta.

¡Todos juntos podemos más!

Con el amor del alma, Carmen Santiago
[email protected]

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