El Amor a lo largo de la Vida – Características del Amor de Dios

El amor a lo largo de la vida

Características del amor de Dios

1 Reyes 11:11: … el Señor le dijo:

«Ya que procedes de este modo, y no has cumplido con mi pacto ni con los decretos que te he ordenado, puedes estar seguro de que te quitaré el reino y se lo daré a uno de tus siervos».

Sos buena tierra y la palabra que vas a recibir te llevará a tu próxima bendición.

Todo el mundo habla del amor.

Las canciones hablan del amor,

Los poetas hablan del amor,

El amor es necesario.

Cuando no recibimos amor, buscaremos sustitutos.

Por eso hay gente adicta al juego, al alcohol, a la droga, a la pornografía.

Ellos están buscando amor y tienen sustitutos para tratar de llenar ese vacío.

El amor es un permiso para vivir y lo necesitamos porque Dios nos diseñó para vivir con amor.

La razón por la que cantamos y hablamos tanto del amor es porque nos falta.

El amor se aprende, nadie nace amando, y lo aprendemos fundamentalmente en dos lugares:

En casa donde aprendemos el modelo del amor;

A través de la cultura que tiene un modelo de lo que significa amar.

Actualmente estamos viviendo en una cultura que se llama postmodernismo y tiene ciertas características muy distintas de la época cuando éramos chicos.

Por ejemplo:

En esta etapa todo es relativo, no hay más ideales, todo depende de otra cosa,

Ya no existe el político de turno porque cualquiera se puede juntar con alguien de otro partido y una persona a la que no le gusta una empresa se va a otra.

La gente no echa raíces hoy.

Por eso, las cosas se han vuelto tan superficiales.

«No me gusta esta pareja o me molestó lo que hiciste, entonces te dejo y me busco otro u otra, o dormimos en camas separadas o en casas separadas».

Lo importante es «darse los gustitos».

Mucha gente busca darse un gustito con la comida, el asadito, el mejor restaurant, el mejor vinito.

Es una época de placer hedonista, de gustos superficiales.

También vivimos en una época de emoción.

No importa lo que aprendemos, lo que importa es lo que sentimos.

Mucha gente va a la iglesia y quiere que «le vibre algo», es decir sentir alguna emoción.

Es una época de individualismo, nadie piensa en el otro, «lo importante soy yo y que el otro se muera».

Es una época sin límites donde hay que mostrar el cuerpo, la belleza, el sexo.

Los valores de esta cultura, que no son buenos, son muy distintos de cuando nosotros éramos chicos y nos forman en el amor.

Veamos cómo aprendemos el amor a lo largo de la vida…

En la niñez (de 0 a 9 años)

¿Qué es lo importante en esta etapa?

¿Cómo aprende el chico el concepto del amor?

A través de las caricias.

Todo su cuerpo tiene un valor importante y las caricias son la expresión de que lo amamos.

Cuando un niño es acariciado, abrazado, besado, su cuerpo empieza a experimentar placer y autoestima y así descubre que su cuerpo es bueno y placentero.

En ese abrazo, en ese beso, en esa caricia, empieza a construir su primer concepto del amor.

¿Qué pasa si en ese cuerpo en lugar de haber una caricia afectiva hay un golpe?

La criatura asociará su cuerpo con dolor y tristeza, no con placer.

Hay personas que no pueden acariciar y no se dejan acariciar ni abrazar.

¿Por qué?

Porque asocian el abrazo con el golpe.

Después están las personas que en lugar de haber sido acariciados afectivamente, fueron manoseados.

Su cuerpo ahora se asocia con el abuso sexual y viene el cortocircuito.

Ese chico crecerá y su cuerpo no será una fuente de amor, de placer, de cuidado;

Será fuente de golpes, de abuso.

Cuando yo daba charlas sobre sexología, una de las tareas que les dábamos a las parejas era que se tenían que acariciar y abrazar durante 15 o 20 minutos, pero sin tocar los genitales de ninguno de los dos.

Un ejercicio tan sencillo, el 99,99 % de las parejas no lo podían hacer.

¿Por qué?

Porque si no experimentamos que nuestros cuerpos son una fuente de placer, perdemos la capacidad de acariciar.

Hay personas que cuando te saludan, te dan un beso que parece una trompada o se acercan y te tiran para su lado.

Nuestro cuerpo es bueno, es una bendición y si vos no experimentaste el amor en tu cuerpo, el amor del Señor te restaurará en el nombre de Jesús.

En la adolescencia (de 12 a 25 años)

En esta etapa se descubre el eros, tiene lugar el cambio hormonal y aparece el despertar sexual.

El cuerpo se reduce a lo genital y el chico hace dos descubrimientos.

Primero, descubre que el amor no es sexo, lo cual es algo que tiene que ir aprendiendo;

Aunque el adolescente mezcla y cree que «hagamos el amor» quiere decir «tengamos sexo» y el amor no tiene nada que ver.

El amor busca que te quedes conmigo, mientras que el sexo es «ya está, andate, fuera el amor».

Es decir, que una cosa termina y otra cosa continúa.

Los chicos no saben y creen que es todo lo mismo, por eso le cantan al amor, al sexo, hasta que aprenden la diferencia.

Y segundo, descubre que el deseo sexual no es un impulso, sino un deseo que tiene que aprender a manejar porque no es algo que viene cuando viene.

Hay muchos hombres que han crecido con pensamientos sexuales, abren La Biblia y les viene una imagen sexual porque están todo el día con esa idea.

No les han enseñado que el deseo sexual es algo que se puede manejar, no un impulso que viene y ¡sálvese quien pueda!

En la juventud (de 25 a 30 años)

El joven descubre no el placer de la caricia ni el eros, sino el compromiso.

A esta edad se aprende que el amor es un proyecto, que no pasa por amar solo una parte del cuerpo.

«Mirá qué lomo… qué gambas… qué ojos».

Ahora se ama a la persona en su totalidad.

Aparece el concepto de que el amor es un proyecto y algo que nos hace sentir bien.

El amor no lastima, no miente, no engaña.

Si vemos a una parejita de novios que se mienten, se lastiman, se engañan y dicen:

«Bueno, pero nos amamos», la verdad es que allí no hay amor.

El amor cuida y bendice al otro.

Pero algunos tienen los conceptos tan mezclados que creen que si alguien los cela, los lastima o los maltrata, a pesar de todo los sigue amando.

Aquí tenemos los tres elementos:

Caricias, eros y compromiso.

Cuando uno entra en la vida adulta, teóricamente ya tiene los tres elementos unidos, ha unido las caricias, el placer y el proyecto de a dos.

Con esas tres cosas unidas, la vida transcurre en bendición.

El problema surge cuando no están unidas.

Entonces el amor puede ser lastimado en el área del cuerpo (de las caricias), en el área de la sexualidad (del eros) a través de mentiras, o en al área del compromiso (del proyecto).

¿Qué hace Dios?

Él se encarga de restaurar el amor humano porque si yo estoy lastimado en mi cuerpo, no voy a abrazar ni voy a dejar que me acaricien.

Para una persona lastimada la sexualidad será un dolor de cabeza, un martirio.

Mucha gente sufre por su sexualidad.

En una oportunidad una mujer me dijo:

«A mí no me hable de sexo, yo no quiero saber nada de eso porque está muerto para mí».

Sin duda, tenía heridas en lo sexual.

También puede haber heridas en el proyecto de vida.

Hay personas que no pueden comprometerse y armar un proyecto a largo plazo.

¿Qué hace Dios?

Él dice:

«Yo voy a restaurar eso que está lastimado en mi pueblo con mi amor».

La Biblia para hablar del amor del Señor usa la palabra ágape.

¿Qué características tiene el amor ágape de Dios?

El amor de Dios le da sentido a todo

Cuando vos experimentás el amor del Señor, todo lo que hacés tiene sentido, se llena, se completa, se vuelve pleno.

El apóstol Pablo lo grafica en 1 Corintios 13 y nos muestra varias cosas que no sirven de nada si no hay amor.

Dice que:

*Si habla lenguas humanas pero no experimenta el amor de Dios, no sirve de nada.

Vos podés hablar 40 idiomas y ser muy inteligente pero si no experimentás el amor del Señor, no sos pleno.

*Si habla lenguas angelicales pero no tiene amor, no tiene sentido.

Vos podés venir acá y hablar en las lenguas del espíritu y moverte pero si no experimentás el amor, no sirve de nada.

*Si tiene el don de profecía, es decir que Dios le muestra el futuro o los corazones de la gente, pero no experimenta el amor del Señor, ese don es en vano.

*Si entiende todos los misterios (la palabra misterio es rhema: revelación), si conoce La Biblia con sus revelaciones, pero no experimenta el amor del Señor, no sirve de nada.

Si vos poseés todo el conocimiento, si fuiste a la facultad, estudiaste y sos un bocho, pero no tenés el amor del Señor, no sos nada.

*Si tiene una fe que logra trasladar montañas pero le falta amor, no es nada.

*Si reparte todo lo que posee entre los pobres pero no tiene amor, no tiene sentido.

*Si entrega su cuerpo para que lo consuman las llamas (el don de martirio) pero no tiene amor, no es nada.

Vos podés trabajar y crecer económicamente pero si no experimentás el amor del Señor, estás vacío.

Pablo termina mencionando la fe, la esperanza y el amor pero nos anima a buscar este último porque cuando una persona es bañada por el amor del Señor, todo lo que haga se llenará de sentido, de propósito.

Vos podrás tener o no dinero, te podrá ir bien o no, podrás haber estudiado o no; pero solo si el amor de Dios está en tu corazón, este te fortalecerá, te ungirá, te capacitará y te pondrá de pie porque es un amor eterno que da sentido a nuestras vidas.

El amor de Dios es un catalizador

El pastor César Castex habló de agentes catalizadores y explicó que si vos ponés juntos cemento, piedras y arena, no se mezclan, no se hacen uno.

¿Por qué?

Porque hace falta agua.

¿Qué hace el agua?

Los une, por eso se la llama catalizador.

Cuando escuché esa anécdota, pensé:

«¡Eso es el amor del Señor!».

Cuando el amor de Dios viene a tu vida, une el placer de la caricia con el placer sexual y con el placer del proyecto que se mezclarán y serán uno.

El amor divino restaura los amores.

El agua del Señor limpia el dolor que sentís en tu cuerpo, el maltrato que sufriste en tu cuerpo, el abuso sexual que recibiste en tu cuerpo.

El agua del Señor limpia todos los mitos y las estupideces que nos ha metido la cultura a nivel sexual.

El agua del Señor limpia todos los miedos a comprometerse, a armar una familia, a construir un proyecto.

El amor del Señor limpia y restaura todas esas cosas, y después las empieza a unir.

Cuando vos caminás con el amor divino y con tu ser humano restaurado, sos una nueva persona.

Entonces ya no necesitarás drogarte, alcoholizarte o consumir pornografía y juguetitos sexuales, porque el amor del Padre te ha unido, te ha limpiado y te ha sanado.

Pablo decía que su oración era que nosotros conozcamos el amor de Dios que es profundo, alto, ancho, indescriptible.

Que esta semana tu oración sea:

«Señor, yo quiero experimentar tu amor».

Pero el amor del Señor no es el amor de Hollywood.

Siempre los canales cristianos toman a la gente llorando, con las lagrimitas cayendo por sus mejillas, porque tenemos esa cosa lacrimógena.

Si yo paso al frente, en un momento me quebranto y se me caen las lágrimas, la gente dirá:

«Pobrecito el pastor Bernardo».

Pero si yo digo:

«Avanzarás, lo lograrás, crecerás», la gente dirá: «Amén».

Pensamos que lo lacrimógeno es amor pero lo cierto es que el amor del Señor no solo te da plenitud, sino que además es un catalizador que te trae gozo.

Cuando una persona dice que el trabajo de la iglesia o el ministerio la enfermó, entonces no murió a Cristo. Porque cuando vos servís a Cristo, no caes en estrés, ni en depresión ni en amargura; no sentís que te usaron.

Cuando vos morís a Cristo, Él te devuelve la vida porque el que pierda su vida por causa del Señor la volverá a encontrar bendecida.

Por eso nosotros somos la gente más feliz del planeta.

¿Cómo es el amor del Señor? Es el que describe 1 Corintios 13 pero no es el amor humano.

Pablo menciona la fe, la esperanza y el amor pero dice que lo más valioso es el amor.

Características del amor de Dios:

La gente te puede dar el 10, el 20, el 80, el 98 por ciento pero el 100 por ciento solo te lo da Dios.

Cuando vos sabés que nadie te puede dar el 100 por ciento, sino solo Dios, lográs ser libre de la gente.

Solo Dios te puede dar el 100 por ciento porque Él trae fruto a tu vida al ciento por uno.

¡Liberate de la gente!

El amor del Señor es paciente, Él te espera aunque te vuelvas a equivocar.

Muchos somos impacientes y queremos todo rápido.

Cuando un avión aterriza, todavía no apagaron los motores y todo el mundo se pone de pie para bajar; o cuando termina la reunión de la iglesia, todo el mundo pide permiso para salir.

Vivimos apurados y el Señor nos dice:

«¡Tranquilos! Yo estoy sentado en el trono y a mí nadie me mete ansiedad».

El amor del Señor todo lo cree.

Él cree en vos.

¿Sabías que Dios te tiene fe?

«No sé si podré…», decís vos y Dios te contesta:

«Yo sí creo que vos podés, que lo vas a lograr, que vas a viajar, que vas a ser sano».

Todo lo podemos con Cristo que nos fortalece.

El amor del Señor es benigno.

Esta palabra es vieja.

Benigno en las versiones nuevas significa dulce, suave.

A los religiosos les encanta hablar del fuego que viene, que te quema de abajo para arriba y se te estaciona por la mitad… y después sigue subiendo.

Hay gente que prédica con bronca cuando habla del pecado.

La película Como ladrón en la noche trata del rapto y muestra por ejemplo que un hombre está manejando un avión y desaparece, y una mujer descubre que el marido que es cristiano no está en su cama.

Con esa película, ¡hasta el diablo se convierte!

Pero te convertís por miedo a desaparecer, al juicio, a la tribulación, al 666, a la bestia y la súper bestia.

Todo menos por amor.

Yo la vi tres veces esa película pero Hannibal, el tipo que se come el cerebro, ¡es un poroto al lado de ella!

El amor del Señor es dulce, no guarda rencor, no te pasa factura.

Nuestro amor sí pasa factura y si no fijate en la próxima pelea que tengas cuando te traigan (o traigas) cosas del pasado al presente.

«Una vez yo te pedí algo y me dijiste que no».

«¿Cuándo fue?».

«Hace un año y tres meses… yo vine y estaba mal y vos no me saludaste… pero ya te perdoné».

¡Mentira!

Algunos juntan y juntan cosas durante años.

El amor del Señor no se irrita.

¿Solés irritarte?

Ayer cuando terminó el congreso de educación al que fui invitado, me pasó algo interesante: me irrité.

Cosa rara en mí.

Pero la gente se acercó y todos se querían sacar una foto conmigo…

¡Todos!

Yo sonreí y de pronto se trabó una cámara.

«¡Dale!»,

Le gritaban los otros y yo seguía con la sonrisa hasta que sacaron la foto.

«Quiero otra foto… espere que se volvió a trabar».

Ya me estaba trabando yo también.

«Otra foto más».

«¿Otra más?

¿No te sacaste tres ya?

¿Qué querés hacer una estampita?», pensé yo.

La versión original era «bastaaaa» pero lo edité diciendo:

«¿Ya está?».

Y le di gracias al amor del Señor porque aunque me irrité, pude contestar así.

El amor del Señor no se goza de la injusticia.

Hay personas que dicen cosas como:

«¿Perdiste el trabajo?

Pobrecito… ¡vamos todavía!».

«¿Así que te engañó tu marido?

Yo le mandé a la mujer con la que te engañó».

Pablo dice que cuando era niño hablaba como niño, jugaba como niño, pensaba como niño, tenía el amor de un niño; pero ahora que es grande quiere experimentar el amor del Padre.

El amor de Dios tiene que crecer en tu vida y es una experiencia que debés vivir a diario porque es tu fortaleza.

Podrás tener misterios, don de ciencia o don de alabanza pero si no hay amor del Señor en tu corazón, no tenés nada.

¿Cómo se manifiesta el amor de Dios en nuestra vida?

Cuando el amor del Señor viene a tu vida, te restaura.

Restaura tu cuerpo, restaura tu eros, restaura tu compromiso.

Te vuelve a unir y te hace una persona digna, querida y libre del amor de la gente.

¿Por qué?

Porque sabés que nadie puede darte el cien por ciento, solo Dios te puede dar su amor que es eterno, incondicional y maravilloso.

Un día se le apareció Jesús a Pedro y le preguntó:

«Pedro, ¿me amás?

¿Tenés ágape (amor divino) hacia mí?».

Y Pedro le respondió:

«Señor, yo te fileo (te quiero), vos sos mi amigo.»

Y después de preguntarle lo mismo dos veces, la tercera vez Jesús le preguntó:

«Pedro, ¿vos tenés fileo para mí? ¿Vos tenés amistad para mí?».

La Biblia dice que el apóstol se entristeció y le dijo:

«Señor, tú lo sabes todo, yo tengo fileo para vos».

Es decir que Jesús arrancó con ágape y bajó a fileo.

¿Por qué?

Porque Pedro todavía no había experimentado el baño del amor divino.

El Señor te dice:

«Yo no quiero que me tengas amistad, yo quiero que me ames como Yo te amo a vos;

quiero que me busques como Yo te busco a vos».

Cuando vos amás a Dios por sobre todas las cosas, tu vida tiene sentido, tus relaciones mejoran, tu mundo afectivo se sana.

Cuando vino el Pentecostés:

El bautismo del Espíritu Santo, Pedro fue bañado en el ágape del Señor.

Cuando Dios te embaraza de su sueño que se llama avivamiento, te bautiza con su amor.

Cuando Dios lo bautizó con ágape a Pedro, él empezó a tener ya no amistad sino amor divino hacia el Señor.

Buscá el amor del Señor, es una experiencia que te bautiza y te llena.

Jesús te pregunta hoy:

¿Vos me amás con amor humano o como Yo te amo a vos?

Yo di la vida por vos».

A algunas personas les da miedo ofrendar, entonces vienen a la reunión después del momento de la ofrenda.

Otras personas le tienen miedo a la enfermedad, a la vejez, a los accidentes, etc.

El amor del Señor echa fuera el temor.

El apóstol Juan, que experimentó el ágape, escribió que el amor perfecto, (el verdadero amor de Dios) echa fuera el temor.

Porque ese amor te da la seguridad de que prosperarás, de que caminarás en victoria, de que tu vejez será extraordinaria, de que tu matrimonio será restaurado, de que lo que pise la planta de tus pies Él te lo dará.

Si todavía tenés muchos miedos es porque todavía te falta amor.

Decile al Señor:

«Dame más de tu amor, bautizame en tu presencia, para que todos mis miedos se vayan y yo camine en victoria;

Para que no tenga miedo de dar, de servir, de salir de mi casa, de soñar cosas grandes, de orar oraciones extraordinarias, de buscarte, de ser rechazado, de quedarme sin trabajo.

Porque si yo hablo lenguas humanas y no tengo amor, si hablo lenguas espirituales y no tengo amor, si conozco los misterios y no tengo amor, si tengo el don de profecía y no tengo amor, si doy mi cuerpo para ser quemado y no tengo amor…

Vengo a ser como un metal que resuena, un platillo que hace ruido y nada más».

¡Que tu vida no haga más ruido, que no sea el platillo de una batería sino parte de una orquesta que acompañe y camine en victoria!

Padre, te damos gracias por esta palabra.

Yo declaro para nosotros un bautismo poderoso de amor para perdonar, para soltar a la gente.

Señor, que tu amor restaure nuestro cuerpo como un baño, que quite todo dolor, toda lastimadura física, todo abuso físico.

Señor, que tu amor restaure nuestra vida sexual y quite toda adicción y toda locura sexual.

Señor, que tu amor restaure nuestro compromiso, nuestro proyecto.

Danos de tu amor porque tu amor es paciente, es dulce, no pasa factura, no pierde la calma, no se goza de la injusticia y todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

¡Gracias por tu amor!

Hacenos gente del amor ágape en el nombre de Jesús. Amén.

El amor del Señor tiene que ser una convicción en tu vida.

Él te ama y si Dios está con vos, ¿quién contra vos?

Pablo escribió que ni la vida, ni la muerte, ni lo alto, ni lo que viene, ni los demonios, ni los ángeles lo podrían separar del amor de Dios.

Lo único que él tenía claro es que si a vos no te separan del amor divino, caminarás en victoria.

Podrán separarte del trabajo, de tu familia o de la iglesia, pero si no te separan del amor de Dios, te volverás a levantar otra vez.

Sos un hijo preferido del Señor, su amor está en vos porque de tal manera te amó que Cristo vino a la cruz y cargó en su bolsillo tu nombre y tu apellido, te miró y te dijo:

«Lo hice por vos, lo hice porque te amo, para que nadie te pueda separar de mi amor».
por Bernardo Stamateas

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