La Cuaresma y las Vacaciones – Reflexiones – Padre Olidio – Basílica Nuestra Señora de Guadalupe

La Cuaresma y las vacaciones

Vamos terminando el período de vacaciones de verano y hemos comenzado el tiempo litúrgico de Cuaresma.

Dos tiempos que, a simple vista, poco o nada tienen que ver.

El de vacaciones responde al ciclo anual.

El de Cuaresma al ciclo litúrgico.

El primero es cada vez más esperado y más promocionado.

Mientras que el segundo es cada vez más olvidado, más silenciado, menos personas se preocupan por vivirlo y se trata de acortarlo más.

El tiempo de vacaciones se ha convertido para algunos en el negocio del futuro,

Mientras que la Cuaresma parece algo del pasado.

A pesar de estas oposiciones, hay paralelos que podemos señalar.

Así como las vacaciones ayudan al hombre a retomar fuerzas,

La Cuaresma ayuda al creyente a renovar sus fuerzas espirituales.

Se supone que en vacaciones hay más tiempo para uno mismo,

Para la familia, las amistades, para conocer realidades nuevas o retomar aquellas que con el correr de las actividades y la falta de tiempo hemos dejado de lado.

La Cuaresma, por su parte, nos llama a dedicar más tiempo a la relación con Dios, a la familia de los creyentes, a esos amigos que son los testigos de Jesús de todas las épocas.

Tiempo para conocer realidades nuevas de la obra de Dios, de la Sagrada Escritura, del testimonio heroico de tantos creyentes desconocidos.

La vida cotidiana con sus mil ocupaciones puede hacernos dejar de lado aspectos importantes de nuestra vida cristiana:

La oración personal o familiar, la lectura de la Palabra de Dios, la visita a enfermos o personas solas, la ayuda material al hermano necesitado.

Necesitamos de las vacaciones para despejarnos y renovar las fuerzas.

La Cuaresma también nos ayuda a ubicarnos desde Dios y el prójimo para despejar nuestra mirada de la vida y liberarla de tantas necesidades superficiales, creadas por el entorno consumista, que nos impiden tener una mirada profunda de la vida y del mundo.

Despejar la mirada de tantos egoísmos que nos dificultan descubrirnos comunidad.

Además de clarificar las ideas, este tiempo litúrgico nos ayuda a fortalecer la voluntad para que las decisiones no estén marcadas por lo que hace la mayoría mediática o “lo que conviene”, sino por lo que es bueno, aunque no sea fácil sino arduo, aunque signifique esfuerzo.

En este sentido, la Cuaresma es tiempo para despejarnos y fortalecernos.

Algunos objetarán que lo que nos propone la Cuaresma implica tiempo y esfuerzo.

Y es cierto.

Como también el ritmo acelerado que vivimos,

Las diversiones de muchos jóvenes (y no tan jóvenes), el mantenerse en forma implican tiempo.

¡Un sacrificio admirable!…

¡Hasta riesgo para la salud!

¿Por qué, entonces, cuesta tanto la oración, la caridad y el sacrificio propios de la Cuaresma?

Seguramente, porque no satisfacen los deseos inmediatos, porque parecen ir en contra de la alegría, del “pasarla bien”…

Viene bien recordar que satisfacción no es lo mismo que felicidad y que la felicidad no se alcanza con facilidad,

Al menos la felicidad que permanece, la que no consiste sólo en satisfacer los deseos sino en tener las ideas claras y una voluntad madura que ayudan a encauzar los deseos de acuerdo a la grandeza del hombre y no sólo a sus instintos, que le permiten superar la mentalidad adolescente del hacer lo que se siente, aunque no sea bueno para la sociedad y ni siquiera para uno mismo, para seguir lo que es bueno para todos.

En las vacaciones se arregla lo que se rompió,

Se reacomodan las cosas para un mejor aprovechamiento, se tira lo que sobra y se hace una limpieza a fondo.

En Cuaresma tenemos la posibilidad de arreglar la relación con Dios y con nuestros hermanos,

Reacomodar la escala de valores,

Dejar de lado lo superfluo y limpiar nuestro corazón a través del sacramento de la reconciliación,

Tan propio de este tiempo.

Hay una diferencia que no podemos dejar de señalar.

Mientras las vacaciones,

Con todo el circo mediático y de intereses económicos que las rodean,

Llevan a mirar más a los ricos y famosos,

A quienes tienen facilidades y no sufren privaciones materiales.

La Cuaresma lleva a mirar el otro extremo:

El de la pobreza, con todas sus privaciones y sacrificios cotidianos,

El mundo no deseado y silenciado de la indigencia, el dolor de la marginación.

Conviene recordar que las vacaciones no tienen un fin en sí mismas.

Más allá de que se haya instalado la idea de que la vida debería ser un fin de semana eterno o unas vacaciones permanentes, no corresponde a la condición humana actual el descanso eterno.

Las vacaciones son para volver a la vida cotidiana, la de la familia, el barrio, el trabajo…

La Cuaresma tampoco tiene sentido en sí misma.

Es un tiempo de preparación para la Pascua,

Es un camino para celebrar el triunfo de Cristo Resucitado sobre el pecado,

La muerte y todas:

Las miserias humanas.

La Cuaresma quiere ayudarnos a dejar lugar en nuestra existencia a la gracia,

La vida,

La alegría y el amor de Dios,

A  vivir todo esto como hermanos.

La Cuaresma es un tiempo de renuncia y esfuerzo,

No podemos negarlo,

Pero para celebrar la victoria del Amor y de la Vida,

No debemos olvidarlo .

P. Olidio

Basílica Nuestra Señora de Guadalupe

Santa Fe.

 

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