El fin de la Eterna Batalla – Carmen Santiago

EL FIN DE LA ETERNA BATALLA

Todos aquellos que de alguna forma hemos querido acercarnos a la divinidad y hacer de este acercamiento el principal propósito de nuestras vidas nos enfrentamos con el mundo material y sus tantas tentaciones.

Creemos que la vida material es la fuente de nuestro aprisionamiento y luchamos para liberarnos.

Después de mucho reflexionar, de meditar, de vivir innumerables experiencias, de reír y llorar, de perder y ganar, pude percibir el rostro de la Madre, allá en la India, hace mas de una década, en un lugar llamado Sri Sailam.

Fue uno de esos momentos de lucidez en el que pude reconocer Su Presencia, la divina inteligencia que todo lo compenetra y crea este maravilloso mundo en el que vivimos.

Fue una semilla sembrada en mi, en un momento muy especial.

Con el advenimiento de las nuevas energías en el inicio de este nuevo tiempo y el uso sostenido de la Llama Violeta, regalo de la Madre, esa semilla empezó a crecer y desarrollarse.

Entonces me di cuenta que Ella es la Materia, la sustancia matriz del Universo.

Lo había leído muchas veces, pero hay una diferencia muy grande entre el conocimiento intelectual y la vivencia.

Un día pude ver con otros ojos el mundo que me rodeaba.

El cielo azul, los árboles, luminosidad del sol, las hojas de los árboles, las estrellas… todo me lo señalaba.

Algo se abrió en mi conciencia y reconocí, en todo lo que me rodeaba, la divinidad que con tanto anhelo he buscado toda mi vida.

Me dije:

Es la Madre.

Y la Madre es Dios.

Porque Dios es Padre Madre.

Porque el Espíritu sin la Materia no puede crear un Universo para que la Conciencia, nosotros, podamos habitar, porque la Madre es parte del Padre y el Padre es parte de la Madre.

Porque todo es divino, sólo hay que tener ojos para ver la gloria aquí, reflejada en la materia.

Ahora me doy cuenta que Su Presencia en nuestra conciencia es lo que más necesita este mundo nuestro, tan materialista.

En una sociedad, con sus religiones machistas, nos olvidamos de Dios Madre y de ahí a ver la materia como la fuente del pecado fue sólo un paso.

Porque al no ver Su divinidad, al no reconocer la maravilla que encierra Su misterio, la utilizamos mal y la convertimos en pecado.

¿Recuerdas aquello de … «el demonio, el mundo y la carne» que nos enseñaron de niños?

¿Qué culpa tienen los átomos y las moléculas en su danza eterna de nuestra conducta?

¿Dónde está su pecado?

¿Dónde está el pecado de la naturaleza y sus reinos?

Es la conciencia carente del aspecto femenino de Dios que ha creado un mundo de dimensiones que no reflejan los verdaderos principios universales, lleno de espejismos y falsos valores, que nada tienen que ver con la realidad de la vida,

Que es divina en todas sus manifestaciones y que se expresa en todo su esplendor para aquel que pueda percibirla.

Ahora entiendo la desvalorización del rol femenino en la sociedad,

De la sagrada función que Dios le ha encomendado al género femenino, de la falta de madres en los hogares.

Ahora entiendo la ceguera del hombre en cuanto a ese rol y su falta de reconocimiento.

Nos falta la Sagrada Presencia de la Madre Divina en nuestras conciencias.

Porque Ella siempre está presente, porque Ella es el Universo, las estrellas, los soles, la Tierra, los mares, los ríos, tu cuerpo.

Que no sólo te conectes con tu Cristo Interno, ese Dios que vive en tu corazón, sino también con la Virgen, la sustancia matriz del Universo,

La que por su pureza pudo dar a luz al niño Dios,

El milagro de la Conciencia que eres tú,

Que soy yo,

Que somos todos,

La Humanidad.

Carmen Santiago
[email protected]

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