Los juicios de Valor y las Opiniones sobre los Demás – Te gusta Ser Juzgado

Sin Juicio

Los juicios de valor y las opiniones sobre los demás…

¿Te gusta ser juzgado?

Es común entre los seres humanos emitir juicios de valor.

En su gran mayoría de origen totalmente subjetivos y, además, plagados de generalizaciones, por citar un ejemplo:

«Seguro que tu novio te es infiel, todos los hombres son iguales».

Los juicios de valor y las opiniones sobre los demás…

Así, habitualmente los juicios de valor y las opiniones sobre los demás son evaluaciones emitidas de forma apresurada y con información limitada, por lo que muchas veces son totalmente erróneos.

Por ejemplo:

¿Cuántos han visto a una persona con problema de sobrepeso y han sugerido o pensado que se debe a que come mucho?

O en el caso contrario:

¿Cuántas veces han visto a una persona muy delgada y piensan que debe sufrir de algún desorden alimenticio?

Si los juicios sólo fueran en pensamiento se reducirían la cantidad de problemas que generan.

Pero, para ser sinceros, las personas tienden a dar a conocer su punto de vista inmediatamente.

Sin razonamientos, como si fuese una palabra cargada de sabiduría que todos deben conocer para conseguirle un significado a la vida.

Algo importante a tener en cuenta es:

El juicio tiene un mayor peso para quién lo emite que para quien va dirigido.

Puesto que los juicios vienen plagados de prejuicios hacia sí mismos.

Quién juzga en realidad crítica mayormente lo que teme o disgusta de él mismo reflejado en otros.

Con la vara que midas serás medido.

Piensa:

¿Cuánto tiempo inviertes juzgando a otros?

¿Te gustaria ser juzgado?

Piensa en la frase:

“Con la vara que midas serás medido”

Por ello, es importante sentarse a reflexionar por qué estás tan interesado en intentar cambiar algo de alguien o en emitir algun juicio de valor.

Piensa si es relevante ese detalle que te molesta.

Si tu opinión de verdad tiene algún fundamento lógico o simplemente es una opinión de esas:

“Porque sí, porque lo digo yo y así es”.

Ningún ser humano es dueño de la verdad absoluta.

Ni posee el poder para  controlar a otros a su antojo.

Recuerda que los demás tienen sentimientos.

No está bien tratar de imponerles alguna ideología.

Menos si tú mismo no eres capaz de cambiar en algo tu forma de ser.

Desconozco la autoria.

 

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