Cómo construir una Pareja Feliz – Bernardo Stamateas – Reflexiones para este 14 de Febrero

Cómo construir una pareja feliz
por Bernardo Stamateas

Jeremías 18:1-6: Ésta es la palabra del Señor, que vino a Jeremías:

«Baja ahora mismo a la casa del alfarero, y allí mismo te comunicaré mi mensaje».

Entonces bajé a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno.

Pero la vasija que estaba modelando se le deshizo en las manos; así que volvió a hacer otra vasija, hasta que le pareció que le había quedado bien.

En ese momento la palabra del Señor vino a mí, y me dijo:

«Pueblo de Israel,

¿Acaso no puedo hacer con ustedes lo mismo que hace este alfarero con el barro?», afirma el Señor.

«Ustedes, pueblo de Israel, son en mis manos como el barro en las manos del alfarero».

Estás en las manos del alfarero y cuando el alfarero dé el okey, una vasija llena de bendición saldrá a la luz.

La cualidad más importante a nivel humano es la empatía.

Empatía es darse cuenta de qué le pasa al otro.

Si yo no tengo empatía, o tengo baja empatía, tendrá apatía que es no considerar al otro; y si yo no considero al otro, no hay manera de armar una pareja.

Podemos estar juntos, podemos convivir, podemos casarnos, todo lo que vos quieras, pero no habrá pareja.

Hace poco fuimos a tomar un café en una estación de servicio y había una camioneta detenida en la puerta por donde se entraba al lugar;

Entonces apenas se podía abrir la puerta para entrar porque la camioneta estaba estacionada muy mal.

Ese conductor no tuvo empatía, no pensó en los que entraban por esa puerta ni los consideró.

La falta de empatía para los que manejan es cuando viene alguien por la mitad de la avenida, tiene que doblar y pega la vuelta allí mismo porque le importan un rábano los demás…

Todos le dedican los salmos 43 y 48, Isaías y Jeremías… y uno se pregunta cómo puede ser que no le importe nada de nada la gente.

El egoísta que no considera al otro tiene apatía.

Veamos qué cosas necesitamos para construir una pareja feliz:

Tener empatía

Cuando en una pareja ella dice:

«Yo opino blanco» y él dice:

«No, no es así», eso es falta de empatía porque no considera al otro.

La empatía consiste en estar pendiente del otro, estar alerta a la señales del otro, tener en cuenta al otro, ver lo que el otro desea o siente.

Cuando en una pareja una mujer dice:

«Yo hablo, hablo, hablo y él no me entiende», esa persona no tiene empatía.

¿Por qué?

Porque si ve que el otro no entiende, tiene que hablar de otra manera, en lugar de echarle la culpa al otro.

La gente que no tiene empatía le echa la culpa al otro y no considera lo que le pasa al otro.

La empatía es fundamental en la pareja porque si no hay empatía uno se siente solo, siente que no lo consideran ni no lo valoran.

Nuestra cultura no nos entrena para la empatía, nos entrena para la apatía, para el egoísmo, para que no nos importe la opinión del otro, el deseo del otro, el sentimiento del otro.

Si el señor que estacionó la camioneta en la puerta hubiese tenido empatía, habría pensado.

«Si yo estaciono el coche acá, perjudico al que va a entrar»; habría considerado al otro.

Pero nuestra cultura es una cultura egoísta donde no nos importa el otro, lo único que nos importa es lo que nos pasa a nosotros y muchos jóvenes (y grandes también) forman pareja sin haber desarrollado la empatía.

¿Por qué es tan importante la empatía?

Porque si yo considero al otro, estoy alerta, en sintonía, y me intereso en lo que le pasa al otro, lo que quiere el otro, lo que le gusta y no le gusta al otro.

Sobre eso, podré bendecir y dar a mi pareja;

Pero si no registro lo que le pasa al otro, lo que siente, o si lo descalifico, no haré conexión ni tendré intimidad con mi pareja.

Entonces le daré algo que el otro no necesita.

Por ejemplo, supongamos que ella tiene sed pero yo no registro que ella tiene sed, registro lo que a mí me parece;

Entonces le doy una pizza grande de anchoas con fainá, le doy pizza pero ella no quiere pizza,

¡Ella quiere agua!

Por eso, tenemos muchas parejas que dicen:

«¿Pero qué le pasa a esta mujer?;

«¿Qué quiere este tipo?»;

«Yo doy y doy, me mato, ¡y no sé qué rayos quiere!».

Lo que ocurre es que están dando lo que el otro no necesita.

Y dar lo que el otro no necesita no es dar, es hacer lo que uno quiere;

Dar es dar lo que el otro necesita.

Si yo doy lo que el otro no necesita, no estoy dando, estoy haciendo lo que a mí me gusta.

Si yo le doy pizza y ella necesita (o quiere) agua, y encima digo:

«Pero no sé qué más hacer, qué más dar, no sé qué más quiere esta loca», no estoy dando.

Dar es dar lo que el otro necesita.

Cuando alguien cumple años, uno tiene que elegir si va a dar un regalo que a uno le gusta, o va a dar lo que el otro necesita (o quiere).

«Ay no sabes lo que te compré, Bernardo…

¡Una corbata hermosa!

Sé que te va a encantar».

Perdiste como en la guerra si me decís eso, no me va a encantar sino que voy a terminar sembrándosela a alguien, si es que alguien usa corbata.

Uno no tiene que dar lo que uno quiere,

Tiene que dar lo que el otro necesita.

Y para registrar lo que el otro necesita, tenés que meterte en los zapatos del otro y considerar al otro.

Hace un tiempo vino una pareja, ella decía:

«Blanco» y él decía:

«No estoy de acuerdo, es azul»;

Ella decía:

«Azul» y él decía:

«No estoy de acuerdo, es rojo».

Entonces obviamente se terminaron separando.

¿Por qué?

¿Porque pensaban distinto?

No,

Porque él no podía registrar y respetar el deseo del otro.

Cuando a mi alguien me dice su opinión, si yo inmediatamente pongo en juego la mía, el mensaje que estoy mandando es «no me importa tu opinión, lo único que me importa es la mía».

Cuando en una pareja los integrantes pueden registrar las necesidades y los gustos del otro,

Pueden ser creativos, pueden tener «creatividad empática».

Esta se basa en hacer algo que sorprenda al otro,

En función de lo que el otro quiere, le gusta o necesita.

Es mentira en la pareja eso de:

«No sé qué más inventar»…

Siempre se puede hacer algo nuevo pero en realidad no se trata de hacer cosas,

Se trata de registrar al otro y ver qué desea, qué siente, y respetar y valorar eso.

Hace un tiempo conocí a una mujer que decía:

«Yo quiero salir con mis amigas, vos tenés que cuidar a los chicos».

Se terminaron separando porque él no pudo registrar ni valorar que ella quería salir con sus amigas.

Si no hay empatía, no habrá pareja,

Habrá dos personas juntas que harán un montón de cosas pero que no podrán conectar.

Tener sentido del humor

El segundo elemento para construir una pareja feliz es el sentido del humor.

¿Qué quiere decir esto?

Una cosa es contar un chiste y reírse, y otra cosa es tener sentido del humor.

Las parejas felices que se han mantenido en el tiempo desarrollan el sentido del humor.

Cuando uno cuenta un chiste es para bajar la tensión.

Por ejemplo, en las radios o en los noticieros hay gente que cuenta chistes porque hay una tensión reinante, el clima se corta con tijera, y cuando uno hace un chiste eso baja.

Hay gente que es chistosa pero no tiene sentido del humor y lo que salva a las parejas es el sentido del humor.

Este es una manera de ver lo positivo en la vida,

Es la capacidad permanente de reírse.

La gente con sentido del humor manifiesta que están relajados, que no se sienten agredidos y, además, atraen más, son valorados y tienen buena estima.

El sentido del humor te genera buen humor y cuando vos estás de buen humor, la gente quiere estar con vos.

Hay que desarrollar el sentido del humor.

Dios tiene sentido del humor.

Si no imaginate llamar a dos viejos de ochenta años, como Abraham y Sara, y decirles:

«Tendrán un hijo»… cuando ella ya estaba vieja y él también…

¡Y no había Viagra en ese entonces!

Por eso, el Señor les tuvo que soltar palabra.

Decime si esto no es sentido del humor:

Llamar a dos viejos y decirles que hará de ellos una nación grande.

O decirle a Pedro:

«Agarrá la caña y andá a pescar un pez, cuando lo saques, abrilo y ahí adentro encontrarás una moneda; andá y pagá el impuesto».

Sin duda,

¡Dios tiene mucho sentido del humor!

Potenciar los sueños del otro

Una pareja feliz potencia, motiva y alienta al otro, no compite.

Cuando en una pareja ninguno gana mucho más que el otro, ella tiene su plata y él tiene su plata y todo está dividido:

«Esto lo pagas vos y esto lo pago yo».

Conocí a una pareja en la que ella ganaba mucho dinero y él ganaba menos dinero;

Entonces se dividieron los gastos pero el problema eran las vacaciones.

Ella quería vacacionar en un lugar caro pero a él no le daba el presupuesto, así que lo más fácil era decir:

«Vos vacacioná en un lado y yo me voy para otro lado».

Y así se terminó la historia, hacían todo por separado.

Cuando una pareja compite no sabe potenciar los sueños del otro y, por ejemplo, si uno dice:

«Voy a estudiar eso», el otro responde:

«Ahora no se puede».

En cambio, cuando no compiten dicen:

«Vamos a lograr nuestros sueños y ese sueño que vos tenés también lo vas a lograr»;

Eso es muy valioso y es darle para adelante, potenciar al otro.

Tenemos que construir la pareja cada día,

Regar la plantita y cuidarla todos los días.

¿Cómo?

Hay que empatizar, tratar de registrar los deseos y los sueños del otro y respetarlos;

El otro no tiene que hacer lo que yo deseo, o pensar igual que yo, pero yo tengo que registrar eso y respetarlo.

Hay que tener sentido del humor;

Hay gente que es muy chistosa pero son amargados, no tienen sentido del humor.

Hay que potenciar los sueños del otro.

Y el cuarto elemento es…

Dejar que Dios meta mano en el asunto

Nunca prediqué sobre este pasaje de Jeremías, aunque lo conozco desde muy chico.

Dios le dijo al profeta Jeremías:

«Tengo que hablar con vos».

Hay alguien interesado en darte una palabra para tu próximo tiempo.

Ya Dios le estaba hablando ahí pero agregó:

«Pero te lo mostraré en la casa del alfarero».

Jeremías fue a la casa del alfarero y lo primero que descubrí es que esa casa estaba cerca del basurero.

El basurero era el lugar donde estaba todo lo que se quemaba, la mejor arcilla.

Enseñanza:

A  Dios le encanta ir a buscar gente que está en lo peor de lo peor porque de ahí toma la mejor arcilla y arma una vasija extraordinaria que bendecirá a muchos.

Quiero hablarles a los que se han criado en medio del chiquero de las crisis, de los problemas, de las luchas, de las deudas.

Hasta ese lugar Dios te fue a buscar.

Los alfareros tenían sus talleres de alfarería cerca del valle de Hinom, cerca del basurero.

Enseñanza:

Dios no trabaja en ambientes lindos,

Él pone su taller en medio de lo peor, en medio de la dificultad, en medio del mal olor, y es ahí donde trabaja con vos para prepararte y modelarte porque luego te envía como una vasija llena de victoria y de bendición.

¿Sos buena arcilla para el Señor?

Cuando Jeremías llegó al taller del alfarero vio que había dos ruedas donde se metía la arcilla (o el barro) y daban vuelta con el pie.

Lo primero que el alfarero hacía con el barro y la arcilla era echarle agua porque la masa tenía que ser dócil.

¿Qué es el agua?

El agua es la promesa, la palabra del Señor.

Lo primero que Dios tiene que hacer con nosotros para ablandarnos es meternos palabras y promesas.

Vos tenés que llenarte de palabra y más palabra porque si no, sos barro seco y duro que no sirve para lo que Dios quiere hacer en su Reino.

Es interesante que Pablo le escribe a la iglesia de Tesalónica y les dice que «guarden la doctrina».

Hay que guardar la doctrina.

¿Qué quiere decir guardar la doctrina?

La palabra doctrina en griego es «paradosis», la doctrina es una dosis, la palabra es una vitamina que vos tenés que tomar y meter en tu vida.

Tenés que oír la palabra, hablar la palabra y llenarte con la palabra.

¿Sabés por qué hay tanta gente inconstante?

Porque solo reciben palabra el domingo cuando vienen a la reunión;

Por eso, son inconstantes porque son fuertes el domingo pero son débiles de lunes a sábado.

Imaginate que yo busque a Dios solo un día.

¡Tenés que buscarlo todos los días!

Metele palabra a tu vida, leela, escuchala, declarala.

Cuando Dios mete mano en tu vida, te empieza a presionar, a amasar.

Te dice:

«Tenés que prosperar, tenés que crecer».

En cada palabra que Dios te da, Él mete mano y te dice:

«Esto es para vos, esto es para que crezcas, esto es para que mejores, esto es para que avances».

Cuando el Señor te dice que tenés que crecer, tenés que madurar, tenés que perdonar, te está amasando.

La palabra te presiona, vos no venís a la iglesia porque hay una reunión especial, para ver «qué hay de nuevo viejo».

¡No!

Venís porque Dios está trabajando en vos y cuanto más rápido te forme, mas rápido saldrás al destino que Él ha preparado para vos.

Dios te da una palabra y te empieza a presionar con esa palabra.

El alfarero le echaba agua al barro y lo apretaba en la rueda (las manos del Señor) y nos enteramos que de pronto la vasija se echó a perder.

¿Quién es el alfarero?

Es Dios.

El barro estaba en las manos del alfarero, entonces

¿Cómo se puede echar a perder la vasija si las manos que la están trabajando son las manos perfectas del Señor?

El problema no es la mano sino el barro.

El alfarero empezó a tocar piedra, algo que no sirve;

Cuando el Señor te está formando, Él empieza a ver tus reacciones, tu manera de hablar, y dice:

«Acá hay una piedra».

¿Y qué hace?

La vuelve a aplastar y le da forma.

Pero de pronto alguien te hace algo y vos decís:

«¿Pero qué te creés?».

Y Dios declara:

«Esta no es la vasija que me gusta…»

Parecía que estaba lista pero de pronto el alfarero la toca y ve

«Esta reacción que tuvo con los hijos», «esta piedrita»; como no le gusta, otra vez le mete agua y la amasa, la amasa y la amasa.

Cuando Dios te empieza a formar, ya estás mareado porque no hay nada más aburrido que estar en la rueda;

Volvés otra vez a la reunión, y otra vez, y otra vez; de pronto te levantás para hablar en la esquina y Dios dice:

«Volvé otra vez».

Cuantas más inmadureces tengas, más te formará Dios en la rueda, vuelta y vuelta.

Si hace ochenta años que te está formando, tenés que salir de la rueda porque hasta el Señor está mareado de hacer girar la rueda.

«Yo tuve una crisis y me fui a ver al brujito de Bulubú para que me diga qué me está pasando…»

Y el Señor usa un garrote y te dice:

«¡Otra vez no!».

Y así están algunos durante años.

Moisés estuvo cuarenta años siendo formado, mientras que José y Pablo estuvieron trece años.

El alfarero vio que no era lo que él quería, el que te está formando a vos es el Señor y Él es el que tiene en mente el diseño final, el que te está midiendo con ese diseño.

No se trata de las manos de la gente, sino de la mano del alfarero y Él tiene el ideal para tu vida.

Cuantas menos piedras y menos estupideces tengas y más palabra incorpores, más rápido te vas a formar.

El alfarero aplastaba y levantaba, aplastaba y levantaba… y de pronto armaba la vasija y decía:

«¡Esta es la vasija que quiero!».

Entonces el alfarero agarraba la vasija y la mandaba a secar, la ponía en un estante bajo el sol, quieta.

Una vez que Dios te ha formado, no te mandará a hacer nada.

Hay gente que no puede estar sin hacer nada.

«Yo quiero servir al Señor, a mí nadie me va a detener»… me encanta eso pero ellos también necesitan un tiempo de secado, de freezer, en el que no hagan nada.

Si no pasás por el secado, no podés ser una vasija de largo alcance.

El secado representa cuando no hacés nada, cuando Dios no te usa ni te toca, cuando no pasa nada.

Es un tiempo de espera.

Ahora, una vez que se había secado bien la vasija, el alfarero la tomaba y la empezaba a pintar.

¿Qué representan las pintadas?

Las bendiciones.

Dios dice:

«Muy bien, te formé y me gusta cómo soportaste la espera».

Hubo alguien que no soportó la espera (el secado):

Abraham.

Dios le dijo al viejito:

«Tendrás un hijo» pero pasaba el tiempo y no pasaba nada;

La viejita tampoco soportó y le dijo un día al marido:

«Acostate con mi sirvienta».

Abraham le hizo caso y se acostó con ella y de ahí viene hasta el día de hoy la pelea entre árabes y judíos… porque ellos no supieron esperar.

Hay un tiempo de espera donde no pasa nada pero la realidad es que Dios te está secando, te esta congelando, no porque te tiene en su lista negra sino porque te está formando en la capacidad de espera.

El que no sabe esperar, no podrá después salir y lograr todo lo que tiene que lograr.

Una vez que la vasija estaba seca, el alfarero la empezaba a pintar.

Preparate porque Dios te adornará con cada bendición que Él te dé, será un adorno para todo aquello en lo que Él estuvo trabajando en vos.

Pero después venía la parte más fea:

Después de pintar la vasija, el alfarero la metía en el horno.

Si vos llorás por las manos que te presionan, ahora

¡Te meterán en el horno!

El horno representa las pruebas difíciles.

Por ejemplo, de pronto viene la enfermedad pero no porque Dios te la mande.

Los expertos alfareros saben que cuando las piezas entran en el horno, este no las derrite sino que las endurece.

Isaías escribió que:

«Cuando pases por el fuego, no te quemarás y cuando pases por las aguas, no te ahogarás».

En las crisis grandes, Dios te endurecerá.

Quiero decirte que si estás pasando por una crisis grande, esta no te destruirá porque vos fuiste formado con las manos del alfarero;

Aunque la gente diga que te derretirás, no solo no te derretirás sino que:

«Esta leve y momentánea tribulación producirá en vos un cada vez más excelente y eterno peso de gloria».

Pablo nos anima a pelear la buena batalla de la fe contra el enemigo y, para enseñarnos eso, usa la imagen de la pelea greco-romana.

En la batalla greco-romana uno no quería matar al otro sino paralizarlo.

En la batalla espiritual contra todo lo malo, el enemigo no quiere matarte sino paralizarte, inmovilizarte.

Si la arcilla no secaba correctamente, cuando entraba en el horno explotaba.

Hay un tiempo en el que en tu vida no pasa nada y vos decís:

«Señor, me has bendecido, yo recibí tu palabra pero estoy «en stand-by»; y Dios te responde:

«Te estoy secando, estás en un tiempo de espera para que cuando vengan las crisis grandes no te hagan explotar ni te derritan, sino que te endurezcan».

Cuando el horno ya había secado la vasija, el alfarero volvía a sacarla y la volvía a pintar… y otra vez al horno.

El horno hace que la pigmentación (los colores) se fije más.

Enseñanza:

Cuando pases por una crisis grande, ninguna bendición se caerá.

Todo lo que Dios te ha dado se te pegará porque el artista siempre pone de sí en su obra, el artista se revela en su obra.

Leí que el fuego no puede quemar las huellas digitales del alfarero.

Si las manos que te han formado han sido las manos del Señor, nadie podrá borrar ninguna prueba,

¡Nadie podrá borrar los dedos de Dios en tu vida!

Por eso, el que te tiene que formar es tu Padre celestial, sus manos, no las manos de la gente, no tus propias manos.

Jesús dijo:

«Nadie los arrebatará de miu mano».

David declaró:

«Los cielos hablan de la obra de tus manos» y

 «No abandones la obra de tus manos» (en el Salmo 138).

Es extraordinario el hecho de que en un basurero esté la mejor arcilla:

Una arcilla seca a la que se le echa agua y se la trabaja en la rueda… y de pronto

¡Termina siendo una vasija para un buen uso!

Ese es el propósito de Dios:

Cambiarnos.

Él desea que cuando nosotros conocemos a Cristo, a medida que pasa el tiempo, la gente pueda ver el cambio en nosotros.

Hay creyentes que no se distinguen en nada, ni en su trabajo, ni en su facultad, ni en su barrio, ni en las fiestas.

Uno no sabe que son cristianos porque tienen las mismas mentiras, los mismos divorcios, los mismos maltratos, los mismos abusos, las mismas infidelidades que los no creyentes.

¿Sabés por qué no hay diferencia?

Porque no han estado en las manos del alfarero.

Pero cuando vos estás en las manos del alfarero, primero sos arcilla pero al final terminás siendo una vasija hermosa.

Dejá que Dios te forme, que meta mano en vos y hagas cosas grandes en tu vida.

Aquí va la mejor revelación de este pasaje.

Yo soy una vasija.

El Señor me sacó de lo peor, conocí su palabra, me puso en la rueda y fue aplaste y levante, aplaste y levante;

Conmigo tuvo un trabajo largo hasta que le dije:

«Padre, no quiero que se me vaya la vida».

Dios me dio un par de golpecitos y más o menos me formó;

Después me dejó «en stand-by», en lugares donde no pasaba nada, hasta que me empezó a bendecir.

Luego me metió en el horno, me sacó y me volvió a bendecir;

Me metió en el horno otra vez, me volvió a sacar y la vasija estuvo lista.

Pero,

¿Eso es todo?

¿Ya está?

Una vez que el alfarero vende la vasija, no la sigue puliendo.

Cuando vos tenés una vasija en tu casa,

¿La sigue trabajando el alfarero?

No, una vez que la vasija está terminada no la sigue trabajando.

Hay vasijas para guardar aceite, vasijas para guardar agua, vasijas para poner flores, etc.;

Una vez que la vasija está terminada, ya es apta para su uso específico.

Tiene que haber un momento en el que Dios ya te ha formado por completo (cuando la vasija está formada), un momento en el que vos te gradúas.

¡No podés estar en la rueda toda la vida!

¿Eso significa que Dios ya no tiene que trabajar más en mí?

Si a esa vasija la rajan, hay que sanarla (hacerle sanidad interior);

Pero vamos a suponer que no la rompen y esa vasija ahora lleva una flor.

¿Ya está formada?

Sí, Dios no formará más nada pero el versículo seis dice:

¿Acaso no puedo hacer con ustedes lo mismo que hace este alfarero con el barro?

La palabra barro en hebreo es «homer» y quiere decir «una medida de doscientos treinta litros de tierra».

Es decir que el alfarero no tiene arcilla para una sola pieza, tiene mucha arcilla.

Una vez que Dios te forma, dice:

«Este es buen padre pero como marido es un desastre»;

Entonces

Él tiene que formar ahora la vasija de marido.

Y una vez que te forma como marido, ahora sos un buen papá (o una buena mamá) y un buen marido (o una buena esposa), pero eso no quiere decir que no tengas errores porque justamente tenerlos te permite

«Seguir creciendo».

Pero después el Señor dice:

«Ahora lo voy a ver como hijo que me sirve… este viene y no viene a la reunión», entonces tiene que armar ahora (porque tenemos muchos roles en la vida) una vasija de siervo.

David fue un gran adorador pero como papá fue un desastre, todos sus hijos tuvieron problemas.

Tenés que saber en que área Dios todavía está trabajando en vos,

Él no hace de a una vasija,

Él va haciendo muchas vasijas, va trabajando en distintas áreas de tu vida.

El Señor te dice:

«Ahora voy a formarte en esta área;

Ahora voy a domarte en esto otro;

Acá quiero que lleves aceite;

Acá quiero que lleves agua;

Acá quiero que lleves bendiciones»…

Así te va formando y vos tenés que conocer cada mazazo que viene sobre tu vida.

¿Sabés en qué área Dios está trabajando en vos en este momento?

¿Podés identificar el área en la que estás siendo formado?

Cuando Dios elige un área, trabaja de una manera particular, pero lo importante es que siempre estemos en la rueda del alfarero.

Hay cosas en las que nos graduamos, hay cosas que logramos, pero siempre tenemos que cuidarnos para que nadie nos quiebre, que nadie nos tire al suelo.

¿Hasta cuándo Dios sigue trabajando en diversas áreas?

Hasta que pueda decir:

«Esta es la vasija que quiero».

Vos sos mucha tierra, sos un gran terreno, y Dios no quiere formarte para una sola área sino para que todas las áreas de tu vida sean de bendición,

¡Para que todo lo que hagas te salga bien!

Dios te tiene que formar con respecto a cómo te llevás con tus hijos, con tus padres, con tu ex, con tus amistades…

¿Podés decir que con tu vida marcás una diferencia?

Si los demás quieren nivelarte para abajo, vos los tenés que subir al área de tu vida espiritual, de tu vida cristiana, de tu fe.

¿Cómo son tu alabanza, tu búsqueda del Señor, y tu área financiera?

Vos podés estar formado en un área y llenarte de deudas y Dios te dirá:

«Me amás mucho pero para los números ¡sos un desastre!».

Entonces…

Él meterá mano ahí.

En el área de la salud,

¿Cómo te estás cuidando?

¿Estás orando cada día por la salud que ya tenés para que se multiplique o vas a orar cuando te enfermes para que Dios te dé sanidad?

Cada uno tiene que saber en qué etapa está siendo formado pero sabé que Dios siempre meterá mano en todas las aéreas de nuestra vida porque nosotros

¡Somos la arcilla en las manos del alfarero!

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