Bernardo Stamateas – La Ley del Acuerdo – 3/3

La Ley del Acuerdo

¿Cuántos vieron alguna vez una de esas películas que no entendés nada?; esas tipo europeas, que no entendemos nada… (mi hermana cuando me recomienda una película, ¡ella sola la entiende!) Vos no entendés nada; y Dios te dice: «seguí mirándola», para que después, cuando te encuentres con tu amiga que te habla -y tampoco entendés nada- ya estás preparado.

Por eso hay que disfrutar todo lo que estamos haciendo: si limpiás los baños, el piso, pintás, o lo que sea, ese no es tu destino, pero te está dando habilidad. Porque Él adiestra tus manos para la batalla. Cuando David mataba a un oso Dios lo estaba entrenando; David dijo: «yo no nací para matar osos», pero Dios le dijo: «estoy entrenando tu habilidad, porque mañana cambiaré el oso y te pondré un Goliat, y serás el rey de Israel. Todo lo que estás viviendo hoy, Dios te está preparando para un mañana de destino, nos vamos a ver en la cima, bendecidos y en victoria.

Porque a la gente de fe, todo lo que hace le sale bien. ¡Amén!

«Voy a disfrutar todo lo que estoy haciendo»; por eso, cuando te vayas de un lugar, nunca golpees la puerta, no des portazos; porque tal vez tengas que volver en algún momento. Todas las relaciones son momentáneas; amigo, es momentáneo. Y hay personas que cuando se van de un lugar se van a los portazos, y a los insultos. Nunca hagas esa tontería, porque cuando vos cerrás la puerta de lo que depende de vos, y la cerrás con integridad, siempre Dios te va a abrir una puerta mejor con integridad.

Y si tal vez el día de mañana tenés que volver por alguna razón, que la puerta esté bien cerrada, con perdón y con bendición. Aunque te maldigan del otro lado de la puerta, vos cerrala con altura; vos sos un hijo del rey; sólo los príncipes pueden perdonar. Vos sos un hijo del Señor, no somos mamarrachos; y cuando cerramos la puerta, la cerramos en victoria y con bendición, y seguimos adelante en el nombre de Señor.

Fe es limpiarse cada día de lo malo

Si queremos levantar autoridad todos los días (¿cuántos nos bañamos todos los días?), tenemos que limpiarnos espiritualmente todos los días. Pecado es comer comida en mal estado. Pecado es todo lo que nos daña. Cuando Jesús le fue a lavar los pies a Pedro, él le dijo: «no me vas a lavar» y Jesús le dijo algo: «el que está bañado no necesita sino lavarse los pies». ¿Por qué le dijo ‘el que está bañado sólo necesita lavarse los pies’?

Porque hay un perdón de pecados con redención, que Dios nos da al aceptar a Jesús. Pero hay un perdón que tenemos que buscar nosotros por comunión porque los pies son nuestro caminar. ¿Saben cuál es el peor pecado que existe…? El no confesado; ese es el peor. Algunas personas dicen: «el peor pecado es el sexual»; no, el peor pecado es el que no confesaste. Y hay personas que tienen los pies sucios y no se los lavan; entonces ¿qué tenemos que hacer?

Confesar: «Señor, reconozco mi pecado, limpiame»; no hay que llorar, no hay que castigarse. Hay personas que cuando se ensucian los pies, no van a la iglesia, y dicen: «…porque yo no voy a ser hipócrita» ¡No, cabezón! Confesalo; ‘la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado.’ Tenemos que caminar limpios.

Mentir te ensucia, engañar te ensucia; no te ensucies, confesalo.

Sansón se juntó con Dalila; él quería tirarse una cañita al aire, quería estar cinco minutos con Dalila; pero el pecado le duró más tiempo, varios meses. Sansón quería estar sólo en ese lugar con Dalila, pero el pecado lo llevó a otros lugares, como el palacio de los enemigos, donde le sacaron los ojos. Él sólo quería diez minutos de placer, pero terminó pagando con su visión, con sus ojos. Porque el pecado siempre te cuesta más caro. ¿Qué tenemos que hacer? Confesar cada día. Esto no es una obsesión, y decir: «¡perdóname, perdóname; soy una tonta!» No, no, no.

«Señor: reconozco que grité, reconozco que insulté, reconozco que mentí; que me limpie la sangre de tu Hijo; dame fuerzas Señor, para odiar ese pecado y para caminar en victoria» …y ya estás limpio; y empezás a caminar con autoridad. Hacé de eso una hábito, porque eso sino te limita la fe; porque hay personas que dicen: «yo declaro con autoridad acá» y Dios dice: «primero limpiate la lengua porque estuviste chusmeando»; «Padre: dame las lenguas» «…antes de darte las lenguas limpiate la lengua…», dice Dios.

Fe es limpiarse cada día y confesar todo lo malo.

¿Cuántos pecamos? …todos. ¿Qué tenemos que hacer?: confesarlo, ponernos de acuerdo. ¿Sabes qué quiere decir confesión?: ponerse de acuerdo con Dios. «Señor, ella es una basura, él me provocó…» No, no, no. «Señor, yo me equivoqué; recibo tu perdón; dame fuerzas para odiar el pecado. Amén y amén.»

Esto es lo mejor… Fe es soltar la vida de Dios puesta en palabras

La vida de Dios puesta en palabras. Cuando Dios creó a Adán, era un maniquí de barro, y Dios le sopló en la nariz, porque no era ‘respiración boca a boca’, no tenía un paro cardíaco. Adán no tenia vida; entonces por la nariz le sopló, le sopló vida. Dentro nuestro está la vida de Dios. Y cuando Adán se despertó, era un ser eterno, tenía la vida de Dios. Y cuando lo miró al creador, Dios dijo: «es bueno lo que hice (porque era varón Adán :-). Después hizo a Eva. Dios creó a los animales los peces; pero… ¿saben cómo los creó?: «produzca la tierra, produzcan las aguas animales, produzca la tierra animales»; Dios no sabía lo que era un caballo, lo que era una jirafa; no tenía bien en claro, porque Él no hizo un caballito de la tierra y le sopló; una jirafita y le sopló.

Él dijo: «produzca la tierra, produzcan las aguas.» ¿Y saben cómo nacieron esos animales? Nacieron un maniquí; porque dice Génesis 2:19 que Dios le llevó el elefante, le llevó el caballo, y se lo puso delante de Adán, y le dijo: «hablá como yo hablé y te di vida; hablale vos a éstos.» Y Adán dijo: «caballo», y relinchó; «perro» y guau, guau, guau; «suegra» no, no, no… (¡divertite hermano; él está aquí!). Dice que Adán los llamó seres vivientes. ¿Qué le sopló Adán? Él no había pecado; todo el poder de Dios estaba en él, toda la vida de Dios fluía con autoridad; y Adán en la palabra puso la vida de Dios.

Después todo se cayó porque vino el pecado; pero vino el Señor y recuperó otra vez el dominio, y nos dice: «todo lo que digas creyendo, sucederá. Soltá la vida que te di, y la montaña se va a correr.» «Pastor, yo le hablé y no se movió», no importa, seguí llenándote de vida; sigamos practicando, sigamos creciendo. Un león a los tres meses caza por instinto, pero a los dos años ya perfeccionó su técnica; la fe es igual: hoy te funciona («muévete montaña, y cáete arriba mío»), y después vas practicando. «Ahora sobre la suegra, ahora para allá…», y vas viendo para dónde mandar las cosas.

Quiero decirte que Dios te ha dado vida; hay vida en tu boca; el poder de la vida y de la muerte están en nuestras palabras. No vamos a hablar palabras de muerte sino palabras de vida; los que están enfermos digan: «yo decido no morirme, yo decido no estar más enfermo; yo hablo vida, yo declaro vida; y suelto la palabra de fe que Dios me ha dado, que es espíritu y vida.» ¡Gloria a Dios! «Esta crisis me va a ir mal», «¿te va a ir mal?, a mí me va a ir bien; donde vaya seré de bendición; por las llagas de Cristo estoy sano; mis nietos saldrán de la droga, mis hijos de la cárcel; serán gente de bien.» ¿Cómo lo sabes?, porque yo soy como Adán, yo le pongo nombre, yo le pongo vida a los que están mal; como un maniquí. Yo tengo la vida de Dios, y todo lo que hable creyendo, Dios me va a respaldar. ¡¿Habrá gente de fe en esta mañana?!

Para terminar; hoy te puse ochenta platos para que comas.

¿Saben dónde está el problema? Que tu espíritu dice: «ahí está el paralítico, decile: levántate», y tu mente te dice: «callate tonto, no va a funcionar»; tu espíritu dice: «andá y decile al diablo que suelte la salchicha» y tu mente dice: «¿y si no la suelta? ¿y si no funciona?», tu espíritu dice: «oh sí, me voy a divertir, voy a soñar» y tu mente dice: «yo tengo muchos dramas»; porque no están alineados: tu cabeza va por un lado y tu espíritu va por el otro. Entonces Dios ministra siempre tu espíritu y tu mente, porque si no se alinean y no hay acuerdo, no hay autoridad.

«Ahí hablan todos de la mente, de psicología»; ¿qué es lo que llena el espíritu?: la presencia de Dios; Jesús nos da paz, pero los principios de Jesús nos dan sabiduría. Porque hay cristianos que están llenos de la presencia, pero su cabeza está vacía de principios; y hay gente que no tiene a Jesús, pero tiene los principios, por eso les va bien. Hay gente, compañeros míos, que no conocen al Señor, y les va mejor que a mí, porque ellos tienen los principios; ni ellos saben que los tienen.

Durante años las reuniones eran sólo para el espíritu, ‘recibir’; y la cabeza vacía. Pero ¿de qué serviría llenarse de los principios y no tener la paz de Jesús?. Cuando vos venís acá tenés que buscar dos cosas: tu espíritu, lleno de la presencia de Dios; no vengas a buscar sólo un principio, vení a buscar la presencia. Pero vení a buscar un principio; pero vení a buscar la presencia. ¿Por qué nosotros enseñamos, y cuando viene el cierre empezamos a ministrar y a hablar en lenguas? Porque viene la parte de la presencia. Ya ministramos principios; ahora ministramos la presencia, así eso se alinea.

Jesús entra a una sinagoga y había un hombre que tenía la mano paralizada. La mano representa los afectos, porque con las manos acariciamos; hay gente que nunca recibió cariño; hay gente que no sabe amar. Yo te digo que Dios va a sanar tu capacidad afectiva. Las manos son para tomar para conquistar; hay gente que nunca ha podido conquistar nada porque sus manos están paralizadas. Hoy Dios te va a sanar, vas a salir de acá hecho un conquistador. Hay gente que no sabe adorar porque sus manos están paralizadas; Dios te va a sanar para que adores el nombre de Papá.

Hay gente que nunca dio nada, dieron una ofrenda de dos pesos y lloraron cinco años; pero Dios te va a sanar para que seas generoso, para que des. Porque tu riqueza no está en las cosas: está en la presencia que te habita. Y dice que Jesús le dijo al hombre: «extiende tu mano»; Dios hoy va a sanar nuestra capacidad afectiva, nuestra capacidad de conquistar, nuestra capacidad de dar, nuestra capacidad de adorar y nuestra capacidad de trabajar juntos; porque con las manos trabajamos en equipo.

Dios va a sanarte. Dice que lo llamó al hombre y dijo: «ponte en el medio…» Dios te va a sacar del anonimato, Dios te va a sacar de estás escondido; la gente no te va a decir adonde tenés que estar vos; Dios va a decir dónde vos tenés que estar, y vos vas a estar en el medio de los milagros, en el medio de la bendición, en el medio del éxito. Antes estuvimos en el medio de los líos, en el medio de la pobreza, en el medio de la enfermedad, en el medio del dolor. Pero ahora el Señor dice: «No, no, no; ahí no. Quiero que te pongas acá, en el medio del milagro que voy a soltar; voy a sanar tus manos para que seas un conquistador, un adorador, un trabajador en equipo.

Entonces le dijo -y acá va la revelación-, le dijo: «extiende la mano.» ¿Cómo le va a decir que extienda la mano, si no la podía extender? Pero Jesús le hizo la ley del acuerdo; le dijo: «yo te voy a decir algo y vos vas a hacer algo»; no le dijo: «tenés fe»; le dijo: «nos vamos a poner de acuerdo, yo te voy a dar una acción y yo voy a hablar, y vos vas a actuar; yo voy a decir y vos vas a hacer.» Y en el momento en que le dijo ‘extiende la mano’, en el momento que él extendió la mano, se produjo el acuerdo espiritual y el hombre fue sano. Dios te dice: «extiende el sitio de tu tienda, extiende tu sueño, extiende tu fe, extiende tu estima. «Pastor, pero no puedo…»

¡Extiende!

Hoy nos tenemos que poner de acuerdo: que lo que Dios nos has dicho, así va a ser. Dios te va a pedir que extiendas lo que vos pensabas que no se podía extender, Dios te va a decir que hagas lo que pensabas que no podías hacer; es que no lo podías hacer porque no habías acordado con Él; pero cuando nos pongamos de acuerdo en que nuestros hijos estarán bendecidos, nos pongamos de acuerdo que prosperidad vendrá a casa, nos pondremos de acuerdo que Argentina será llena de la presencia de Dios.

Cuando nos pongamos de acuerdo sucederán cosas de autoridad. Cuando en esta semana salgamos de acá y veas un enfermo, le vas a decir: «yo creo que Dios te sana; te ponés de acuerdo conmigo; te declaro sano en el nombre del Señor.» Cuando vayas a un lugar y haya pobreza, quiero que nos pongamos de acuerdo. La Biblia dice que si dos o más se ponen en armonía, se conectan, se alinean, se sintonizan -no para ir a comer; no nos sintonizamos para divertirnos nos sintonizamos para traer milagros-, cuando nos conectamos dos o más, Dios está ahí y Dios responde.

Pablo dijo:

No se peleen más vivan en armonía; ¿sabes qué es eso?: es conectar en fe no, es pensar lo mismo, es creer lo mismo: que Dios nos va a dar todo lo que nos prometió. «Miren que bueno que hermoso cuando los hermanos están juntos en armonía» Salmos 133, en acuerdo, ahí Dios manda la unción del Espíritu. La unción cae en la cabeza, porque te da dirección; la unción cuando caía era un perfume, porque ahora todo lo que hacés huele bien. No importa el ambiente donde vayas, no importa que haya cosas feas a tu alrededor, vos vas a oler bien, porque el perfume cayó; porque donde hay dos o tres en armonía, ahí Dios manda bendición y vida eterna.

Somos como el rocío; dice: el rocío del monte; durante la noche está el rocío que da vida; hoy cuando vayamos a dormir vamos a decir: «Papá que durante la noche caiga el rocío de tu Espíritu, y cuando me levante vea la victoria. Dios trabaja de noche para que coseches de día; sólo hace falta que hoy nos pongamos de acuerdo que todo nos saldrá bien, nos pongamos de acuerdo que Dios nos va a bendecir, que Él es castillo para escondernos, que Él es la roca para levantarnos, que Él es escudo para defendernos. Hoy nos tenemos que poner de acuerdo.

Yo hoy te ordeno que levantes tus manos, que seas sano, que te extiendas en el nombre del Señor y que declares con tu boca que la vida que Él te ha dado será para dar vida, y vida en abundancia. Hoy nos ponemos de acuerdo en alabarte, en nombrarte. No te pongas de acuerdo para lo malo, ponete de acuerdo para lo bueno. No dejes que cualquiera te imponga las manos, no dejes que cualquiera te profetice; sos un hijo del rey, ponete de acuerdo con palabras de bendición.

Yo no me di cuenta, pero un día me dijeron:

«Petinato dijo que ibas a…» y yo dije: «con esto me pongo de acuerdo.» Ponete de acuerdo con las bendiciones, hoy nos ponemos de acuerdo que todo lo que hagamos nos saldrá bien, nos ponemos de acuerdo que vas a estar sano en el nombre del Señor, hoy nos ponemos de acuerdo que serás luz donde vayas; llevarás luz a las tinieblas, y tu luz guiará a los reyes de la tierra; hoy nos ponemos de acuerdo que somos real sacerdocio, linaje escogido, nación santa. Hoy nos ponemos de acuerdo que caerán miles y diez miles pero a nosotros no nos tocará.

Hoy nos ponemos de acuerdo que vamos a jugar con nuestros sueños, que vamos a divertirnos, que vamos a disfrutar con el presente. Hoy nos ponemos de acuerdo que vamos a hablar vida donde no está la vida. Hoy nos ponemos de acurdo que vamos a ser llenos del Espíritu Santo, nos ponemos de acuerdo que nuestra mente ha sido sembrada con la Palabra y los principios del Señor. Hoy nos ponemos de acuerdo que no habrá parálisis, no habrá sequedad en ninguna área de nuestra vida.

Hoy nos ponemos de acuerdo que todo lo que pidamos al padre Dios nos lo dará; hoy nos ponemos de acuerdo que vienen finanzas abundantes, que tendremos el lugar nuevo, que

Argentina será llena de la gloria.

 Hoy nos ponemos de acuerdo que serás como el monte que no se mueve. Hoy nos ponemos de acuerdo que abrirás tu boca y saldrá sabiduría.

Hoy nos ponemos de acuerdo que Dios nos ha escogido para que seamos sal a la tierra, agua al sediento, venda al herido, aceite al lastimado.

Hoy declaramos victoria y hoy nos ponemos de acuerdo para dar la mejor alabanza al trono de papá. ¡Amén y amén!

Fuente: Bernardo Stamateas.

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