El rostro de la Madre – Carmen Santiago

EL ROSTRO DE LA MADRE

En el pasado Congreso Internacional del Nuevo Pensamiento celebrado en Puerto Rico pudimos vivir momentos de verdadera fraternidad y conciencia grupal.

Gracias a la energía desplegada por la unión amorosa del grupo auspiciador pudimos conformar un campo de amor unificado que se elevó hacia la Madre del Mundo.

Reunirse así y formar esa esfera magnética grupal hace que se logre el contacto interno que nos trae revelación.

Pudimos percibir con claridad que, como humanidad, estamos ante una disyuntiva histórica que determinará la dirección a seguir tanto individual como a nivel colectivo.

Y uno se da cuenta que son tiempos para crear el futuro y darle una dirección.

Los cambios de los que somos testigos a diario son indiscutibles.

El mundo agarró velocidad y ya no vale decir, como Mafalda, paren el planeta que me quiero bajar. Aquí estamos todos, en esta nave espacial surcando el espacio y compartiendo una misma historia.

Cuando pienso en el gran protagonista de este momento histórico, el ser humano, se me antoja una imagen.

Lo veo parado al borde de un precipicio consciente de que el próximo paso a dar requiere que aprenda a volar.

La pregunta es:

¿Se quedará paralizado por el miedo y decidirá repetir su historia o se lanzará al abismo de lo desconocido y volará?

Ese personaje, eres tú, soy yo, somos todos.

Es una situación crítica pero a la vez única que requiere de nosotros la puesta en práctica de todo lo aprendido.

A veces se me antoja que todos esos libros inspirados por los Maestros se ríen de nosotros cuando ven que, a nivel intelectual, aprendemos muy bien la enseñanza que ellos contienen pero no la llegamos a manifestar en nuestra vida diaria.

Si pudieran hablar dirían:

“Creen que saben pero no saben nada”.

Porque el saber implica la incorporación de una verdad a la conciencia y no sólo al intelecto.

Y es la conciencia la que determina la conducta, la conciencia que incluye al corazón.

¿Acaso no hemos visto a hermanos, hermanas que han estudiado la más elevada enseñanza espiritual y odian a su adversario?

Cuando las sociedades se polarizan y cada uno combate desde su trinchera uno se pregunta:

¿De dónde sale tanto odio?

Y entonces, la costumbre de pensar en positivo hace que uno se conteste que es sólo el odio oculto que sale a la superficie para ser transmutado.

Una evidencia del trabajo que nos espera en estos tiempos de profundos cambios.

Cuando combates sin descanso a alguien hasta el punto que lo quieres desaparecer terminas pareciéndotele.

Como los que creen que están abogando por la democracia y en su lucha demuestran conductas antidemocráticas.

O los que bombardean, invaden y matan a pueblos enteros para llevarles la libertad…

Alguien dijo que en tiempos de transición la locura se desata.

Tenía razón.

Es tan fácil amar a un amigo, pero Cristo nos dijo:

Ama a tus enemigos.

Si la enseñanza de que todos somos uno estuviera arraigada en nuestra conciencia, no sería difícil amar a quien te adversa o se presenta como tu enemigo.

Ya llevamos dos mil años en esto… y nada de aprender.

La historia triste y vergonzosa de los incontables crímenes cometidos por aquellos que se dicen cristianos es una prueba que todavía el mensaje fundamental del Cristo no ha calado en la conciencia humana.

Buscando comprender con el corazón a la Madre del Mundo en este pasado Congreso del Nuevo Pensamiento recordé que muchos esperan que la Madre devele su rostro en este nuevo tiempo.

Develar su rostro…

Ahora entiendo la profunda clave que esto encierra.

Siendo Ella la sustancia de todos los planos, desde los más sutiles hasta el más denso, y sabiendo que materia y energía son intercambiables, por lo que Ella es el movimiento, la energía que todo lo compenetra, el sonido creador, la gran gestadora de mundos, si ella nos devela su rostro, veremos al espíritu inmortal oculto en la materia.

Y por fin comprenderemos que en lo más denso de la materia también está Dios.

Que esta división tan cruel entre cielo y tierra es una invención del intelecto humano que, al no poder captar la gloria de los planos superiores, vivió separado de esa gloria que es también su haber.

Pero en la gran unidad de la vida, todo está conectado.

No hay arriba ni abajo, todo es simultáneo, no local, y presente.

Todo está aquí.

Es cierto que pensamos, hablamos y hasta poetizamos esta gran verdad, sin embargo es difícil percibirla plenamente.

Pero con la ayuda de la Madre podremos ir encontrando, poquito a poquito partículas del espíritu en el mundo material que nos acercan a esta gran verdad.

Ahora, más que nunca, creo firmemente que de eso se trata la vida espiritual.

Y viene a mi mente el Maestro Omraam y su empeño en espiritualizar la vida diaria.

El nos enseñó como interactuar con la naturaleza, como comer, como bañarnos, como despertarnos, como dar la mano, como mirar, como sonreír, como dormirnos… espiritualizar la vida diaria, ésa es la clave.

Y luego el Maestro Saint Germain y su Rayo Violeta, Svaraj, el autogobierno y el orden en la vida para generar el magnetismo necesario que nos prepara para elevar nuestra conciencia, poder ver más allá e ir descubriendo la gran red o la trama de la vida, el gran tejido universal.

Espiritualizar la materia y materializar el espíritu, dos movimientos simultáneos que nos permiten fluir en la gran síntesis de la vida.

El triángulo que asciendo en simultaneidad con el triángulo que desciende, el Padre Celestial y la Madre Divina, en profunda unión.

Navegando por el Río Churún, en el Parque Nacional Canaima, en Venezuela, después de haber estado mirando por un rato largo la caída de agua más alta del mundo, el Salto Ángel, (979m.) me di cuenta que la energía desplegada en ese lugar tan especial, que sobrecoge con tanta fuerza al espíritu humano, se debe a que en ella la Naturaleza está expresando el doble movimiento de la síntesis.

La montaña que asciende y el agua que desciende; lugares que son puertas a lo eterno, a la síntesis profunda.

La Madre tiene la clave del porqué estamos aquí en la Tierra.

Ella nos puede develar el misterio y mostrarnos a Dios en todo.

Búscala en la naturaleza que nos rodea y si estás atento podrás escuchar su mensaje de amor que, día a día, nos regala.

Es tiempo de poner en práctica todo lo aprendido, llevarlo al corazón y hacerlo parte de nuestra constitución interna de manera que se convierta en la respuesta natural que le damos a la vida y sus retos.

Hay quien llama a esto:

“El sendero del corazón.”

Es lo que la Madre nos pide para develarnos su rostro.

Entonces, como una madre amorosa, nos llevará de la mano y nos revelará lo necesario para nuestro próximo paso evolutivo.

Que puedas percibir su rostro en el esplendor de un cielo azul, en las flores, en un rayo de sol y en toda esa belleza desplegada que tiene este hermoso planeta azul.

Es mi deseo para ti.

Desde lo profundo del corazón,

Carmen Santiago- [email protected]

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