Como atraer Bendición – Primera parte – Bernardo Stamateas

Cómo atraer la bendición

Pensá en tres bendiciones que te gustaría que vengan a tus manos; tres bendiciones que te gustaría atraer, porque hoy voy a soltar una palabra que nos va a bendecir: cómo atraer toda la bendición.

Esta noche voy a activar la fe para atraer a mi vida todas las bendiciones; yo declaro que esta noche está agendada en el libro de Dios; que hoy seré bendecido y al salir de aquí, quienes se crucen serán bendecidos también…. ¡Amén!

2 Reyes 4:42
«De Baal Salisá llegó alguien que le llevaba al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada y espigas de trigo fresco. Eliseo le dijo a su criado:

–Dale de comer a la gente.–¿Cómo voy a alimentar a cien personas con esto? –replicó el criado.Pero Eliseo insistió:–Dale de comer a la gente, pues así dice el Señor: “Comerán y habrá desobra.”»

Unos de los grandes problemas de muchas personas es la inseguridad emocional.

Cuando una persona ha sido descalificada (“no servís, no valés, no podés, no lo vas a lograr”), cuando una persona siempre hacía algo pero nunca terminaba de satisfacer a los papás (“si, está bien lo que hiciste; pero podrías haber hecho un poquito más”); esa gente crece con inseguridad emocional.

Personas que fueron descalificadas por los padres o fueron descalificadas por la religión. Que les enseñaron:

“Vos no servís para nada.” Personas que recibieron decepciones, fueron engañados, fueron lastimados y ahora esas personas no pueden desarrollar seguridad emocional.

Personas que vivieron en familias enfermas, que tu mamá nunca te pudo felicitar, tu papá nunca te pudo validar, nunca te pudieron decir: “muy bien hecho, excelente, felicitaciones”, y entonces muchas personas han crecido con inseguridad emocional.

Como esa señora que sale de la casa hacia el trabajo y dice:

“¿Me voy en taxi o en micro…? si me voy en taxi no pasa nada; pero si me voy en micro me pueden pasar dos cosas: o voy parada o voy sentada.

Si voy parada no pasa nada, pero si voy sentada pueden pasar dos cosas: que me siente con una mujer o con un hombre.

Si me siento con una mujer no pasa nada, pero si me siento con un hombre pueden pasar dos cosas: que lo conozca o que no lo conozca.

Si no lo conozco no pasa nada, pero si lo conozco me pueden pasar dos cosas: que me case o no me case.

Si no me caso no pasa nada, pero si me caso pueden pasar dos cosas: que tenga hijos o no los tenga.

Si tengo no hijos no pasa nada pero, si tengo hijos pueden pasar dos cosas: o me muero o no me muero, si no me muero no pasa nada, pero si me muero pueden pasar dos cosas: que me vaya al cielo o me vaya al infierno. Si me voy al cielo no pasa nada, pero si me voy al infierno… uf, qué calor; ¡mejor me voy en taxi!”

El ‘Club de Indecisos’ cita a asamblea extraordinaria, el veinticinco o el veintiséis; a las cuatro, el próximo, o a las cinco, o a las seis, o a las siete.

La gente insegura tienen el síndrome de confirmación, necesitan reconfirmar: “¿me amás?, ¿pero mucho me amás?, ¿cuánto me amás?, ¿cómo estuve?, ¿bien?, ¿estás segura?

No me felicitaron, no me saludaron.” O el síndrome del busca profeta… hay gente que busca profeta por todos lados, una palabra, otra palabra, otra palabra; ya Dios se lo dijo quinientas veces, pero quieren otra palabra más.

Cuando una persona dice: “a mí cuando Dios me habla, me dice seis veces lo mismo…”, te lo dijo seis veces porque sos inseguro, sino te lo hubiera dicho una vez sola.

Tienen el síndrome de confirmación, tienen el síndrome de la mirada del otro; son personas que todo lo que hacen es para ser mirados: buscan dinero para ser mirados, quieren lograr algo para que alguien los felicite o los reconozca. Entonces necesitan la mirada del otro: buscan dinero, cosas, gente, sirven a Dios, todo lo que hacen es para recibir la mirada; porque tienen inseguridad.

Decí: síndrome de confirmación; el síndrome de la mirada del otro.

Y la tercer característica de la gente insegura es la violencia.

Hoy está creciendo la violencia porque crece la inseguridad emocional: cuanto más insegura es una persona, más va a pelear con su familia, más va a pelear con sus hijos, más golpeador va a ser.

Todo maltratante emocional es un inseguro, todo maltratante físico es un inseguro, todo macho que busca mujer es un inseguro. Cuanto más inseguridad más violencia, porque la persona trata de sentirse fuerte a través de la emoción.

Voy a soltarte cinco formas de atraer las tres bendiciones que hoy hemos declarado.

1) La gente que atrae es gente que donde va bendice

Hay personas que atraen mala suerte; hay personas que ‘se levantan con el pie izquierdo’, les va mal; hay personas que atraen desgracias. Pero hay gente que atrae bendición tras bendición; y esa gente es la gente que siempre busca bendecir.

La gente que da al otro y que bendice, atrae todas las bendiciones. Tenés que ensanchar tu círculo de conexiones, tenés que agregar más gente conocida a tu mundo emocional, tenés que salir y procurar bendecir.

La palabra bendecir viene del griego, y quiere decir elogiar. Cuando uno sabe elogiar al otro, esas personas atraen la bendición. Decíle a otra persona: “veo potencial en vos, veo poder de Dios en vos, veo que vas a alcanzar los sueños; sos la persona más linda que vi en los sesenta y cinco  años de mi vida.

Elogiar.

Todas las oraciones del apóstol Pablo siempre son para bendecir a los demás; no hay una oración de Pablo pidiendo para él, siempre es para los demás. Salomón dijo: “reparte a siete y aún a ocho”, porque el que da siempre atrae, el que bendice.

Compartir es partir-con, partir mitad y mitad. Pero impartir es dar todo. El que comparte siempre juega al ‘trueque’; pero el que imparte da todo lo que tiene; esa es la gente que atrae la bendición.

Vos no venís al ministerio a compartir; acá vos venís a impartir. Esta noche, este lugar tienen que quedar y la gente que está al lado tuyo, mejor que la encontraste, porque vas a soltar bendición, vas a soltar elogio, vas a impartir todo lo bueno que Dios te ha dado.

Cuando llegó Eliseo había hambre, había cien personas y veinte panes. Pero Eliseo dijo: “yo no vengo acá a comerme los panes; yo vengo acá a dar los panes que faltan, yo vengo a impartir el milagro, yo vengo a bendecir esta tierra, yo vengo a bendecir a cien personas que están muertas de hambre”; esa es la gente que atrae toda la bendición.

Henny Green (quién fue… no sé) fue una tacaña, la mujer más tacaña del mundo. Nació en 1916. Llegó a acumular cien millones de dólares… en esa época era muchísimo, pero muchísimo dinero.

Y comía avena fría para ahorrar el gasto de leña por calentar el agua; su hijo se fracturó la pierna y se demoró tanto buscando un hospital gratuito, que la infección avanzó y le tuvieron que amputar la pierna; se murió en una acalorada discusión donde sostenía que la leche descremada -como era más barata que la leche entera- era mejor; se murió y dejó cien millones de dólares… esa gente miserable no atrae la bendición porque la gente que atrae es la gente que da.

En 1963 Edwards Lorenz descubrió el efecto mariposa. Él se preguntó si las grandes causas se debían a grandes efectos, y si las pequeñas causas se debían a pequeños efectos.

Y se preguntó si el aleteo de una mariposa podría provocar un huracán, y descubrió la ley de Lorenz, que dice: “todo es impredecible: un gran efecto puede venir de un acto pequeño”.

¿Cuál es la enseñanza?:

Una sonrisa, un abrazo, un llamado, oír durante cinco minutos, puede ser el comienzo de un aleteo que traiga una tormenta de bendición.

La gente está hambrienta de que alguien vaya a bendecir. Yo hoy declaro que serás como Eliseo: donde vayas, faltará pan; pero vos vas a decir: “yo no vengo a pedir, vengo a dar, vengo a bendecir, vengo a decirles que no habrá más hambre”, porque cuando uno da, atrae todos los milagros de Dios.

Hay gente que hasta le cuesta dar un aplauso a Dios. No seas como Henry Green. Donde vayas, bendecí. Hoy no viniste a recibir, viniste a dar. Da, impartí. Cuando Dios formó al hombre dice que lo tocó y le sopló, porque la gente necesita que la toquen para que luego le podamos dar, necesita cariño;

La gente está necesitando de profetas como Eliseo que donde vayan den, y traigan los mejores milagros del cielo.

Porque había veinte panes y había muchas personas, todos muertos de hambre; pero el profeta llegó y le dijo: “dales de comer a las personas”, “no alcanza”, “dales de comer, porque comerán y sobrará.” ¡Gloria a Dios.!

2) La gente energizada atrae la bendición

¿Cuántos queremos atraer las bendiciones?, tenés que estar energizado.

Dice que Moisés fue profeta; iba caminando y vio una zarza encendida en fuego que no se apagaba. Quiero decirte que Dios te va a volver a encender con una energía que no se va a apagar más.

Yo no sé si caíste apagado en esta reunión, pero el fuego de Dios, el poder de Dios, la pasión de Dios, la energía de Dios, va a volver a encenderte para no apagarte nunca más.

Y te voy a decir algo: cuando Dios te encienda, todos los Moisés, los conquistadores, se van a acercar a tu vida a verte, va a rodearte la gente porque va a ver algo sobrenatural. Moisés se acercó, y dice que de la zarza Dios le habló; porque Dios habla a la gente energizada, la gente que está encendida, la gente que tiene el fuego de Dios.

Y Dios te va a encender hoy, porque esto es como la mafia: llegaste hoy pero de acá no te podés escapar, estás atado al fuego de Dios. Hoy Dios va a encender tu fuego, va a encender tus metas, va a encender tus ganas y vas a volver a brillar otra vez.

“Eso de energía no me gusta mucho pastor…”, entonces anotá  Efesios 1:11; dice: “fuimos elegidos según el plan de Él que hace todas las cosas”; fuimos elegidos por el plan de Dios que hace.

La palabra que hace, en el original es: que energiza. ¿Sabés qué hace Dios cuando te llama?, te energiza. Y dice Efesios 19 “su poder es fuerza grandiosa”, y la palabra fuerza me gustó porque significa energía.

¿Sabés qué es el poder de Dios?

Es energía, y al primero que va a energizar es a vos, y los que no pudieron gritar “¡amén!” lo van a poder gritar, porque Dios te va a llenar de la energía de su poder otra vez. La gente con fuego de Dios atrae.

Ayer terminamos la charla en el hotel donde nos invitaron, vinieron todos los micro-emprendedores de Salta, se van a juntar, quieren que cerremos el evento, yo me fui.

Dije: “gracias Señor; nos están invitando, llamando a los pastores; la gente, los líderes, los barrios

¿Qué es lo que está pasando?

La gente está viendo una zarza que está ardiendo en fuego, que no lo puede apagar nadie.

Porque no es fuego del sol; no es fuego de fósforo; es el fuego de Dios, ¡gloria a Dios! Moisés se te va a acercar.

3) La gente libre atrae

¿Cuánta gente libre hay hoy aquí?

Todo lo que Dios hace es para libertarnos.

“Conocerás la verdad y la verdad te hará libre; donde está el Espíritu de Dios ahí hay libertad”.

Decí: libre.

Si te fuiste, que Dios te bendiga; soy libre de la gente. “¡No te vayas, no me dejes, te necesito!” No necesitás a nadie; porque tu fuente es Papá.

Prosperidad no es tener amigos, porque cuando tus amigos te dejan perdiste la prosperidad. Prosperidad no es tener un coche, porque si te lo roban te roban la prosperidad.

Prosperidad es estar unido a la fuente, que te dio el coche, que te dio los amigos; si la gente te echa, si los amigos te traicionan …chau, me vuelvo a la fuente; porque mi fuente es Papá y él me dará otra vez mejorado todo lo que necesito.

Decí: no necesito a nadie, no necesito nada; estoy libre por fuera y libre por dentro. Dios tiene que sanar tu dolor para que estés libre, Dios tiene que sanar tus broncas para que estés libre.

Una persona herida no está libre; una persona resentida no está libre;
una persona vengativa no está libre. Por eso no podés atraer, por eso vas a buscar trabajo y te ponés en pobrecito; porque pensás que esa es tu fuente.

Nadie es tu fuente; sé libre; sino viene de ahí, vendrá de acá; y sino viene de acá, vendrá de allá. Porque la fuente no es la gente; la fuente es Papá. Y Papa dijo:

“No te dejaré y no te desampararé”;

Esa es la gente que no le anda suplicando migajas a nadie, es la gente que sabe, que sabe, que sabe, que Jehová es mi pastor y ¡nada, nada, nada me faltará!

4) Soñadores grandes atraen la bendición

Eliseo llegó ahí y no dijo: “¿cuántos panes hay… veinte? ¿Cuántas personas hay? ¿cien?, le podemos dar de comer a cuarenta.” Eliseo vino y dijo: “¿cuantos hay?, ¿cien?, mi sueño es para cien.”

Voy a soltar algo:

Dinero y sueños siempre en la Biblia van juntos.

Dinero sigue a los sueños, nunca le preguntes al dinero si te puede pagar el sueño, porque dinero es un ‘mal amo’.

Primero es visión y después provisión. Visión-provisión.

Vos tenés sueños tan grandes que la provisión te va a seguir; sueños grandes; para todos el sueño es grande.

“Pero pastor, hacen falta muchos millones”

Dios te los va a dar, porque el problema no son los millones, el problema es la visión:

Si tenés el sueño, el dinero tiene que obedecer al sueño.

Porque yo descubrí que en la Biblia el único propósito por el que Dios creó el dinero es para que el dinero nos cumpla el sueño a nosotros.

Dinero está debajo de nuestros pies; si vos tenés un sueño, dejate de hacer números.

“Ésta es mi visión, y yo le ordeno al dinero que venga a pagarme el sueño; ¡se terminó!”

Gente que bendice atrae; gente energizada atrae.

¿Hay gente energizada hoy en esta noche? Gente libre atrae; soñadores atraen; …y gente con autoridad atrae.

5) Autoridad espiritual atrae todas las bendiciones

Acá me voy a quedar. Autoridad espiritual es uno de los temas peor entendidos por los cristianos.

Dios nos creó -voy a decir algo lindo para los hombres y las mujeres-, Dios me hizo para mandar.

¿Sabés por qué te gusta mandar?

Porque Dios te hizo para mandar.

¿A cuántos nos gusta mandar?,

¿A cuántos no les gusta mandar?

Dios te hizo para mandar; pero autoridad no se debe confundir con autoritarismo, porque todos los que estamos acá si, buscamos historias sobre gente que nos mandó, mucha de esa gente ejerció mala autoridad:

Nos abusaron, nos gritaron, confundimos mandar con maltratar, con ordenar, con lastimar.

Como los discípulos… un día a Jesús no lo dejaban entrar en Samaria.

“¿Quieres que ordenemos que caiga fuego del cielo?” y Jesús les dijo: ”

¡Pará, yo no te di autoridad sobre la gente para maltratarla!”

Entonces confundimos; o a veces confundimos autoridad con ser cabezón, gente terca que dice: “a mí nadie me va a decir lo que tengo que hacer porque yo tengo autoridad.

” No; sos un tonto, un cabezón, necio -para que no te duela tanto- “no, porque a mí nadie me manda…” O confundimos con gritar: “¡qué autoridad!”

Yo conocí gente de setenta, ochenta años, con los huesitos débiles, orar con gran autoridad; su ‘estuche de tierra’, débil; pero la autoridad espiritual grande.

Por eso Dios mandó a Goliat, porque el diablo te quiere hacer creer que autoridad es lo exterior.

Pero vino David, que era chiquitito, tenía quince años, pero era un gigante de autoridad; porque autoridad no es mandar, no es ser cabezón.

¿Cuántos tienen más de cinco años en el evangelio?

A nosotros no nos enseñaron a ejercer autoridad, nos enseñaron sumisión… “mirá, tengo cáncer”, “bueno, vamos a orar; si es tu voluntad Padre…”

¿y Dios va a decir “sí, es mi voluntad que tengas cancer” y que se muera…?

¡No!

“Que sea lo que vos quieras Padre; estamos en tus manos, soy un valiente…”

¡No!

Eso no es humildad, porque Jesús nos dio autoridad, y la gente con autoridad atrae las bendiciones.

¿Qué es autoridad?

Autoridad es la convicción, la seguridad interna de que todo lo que hagas prosperará; que Dios está conmigo. Es la convicción de que vamos de gloria en gloria; es una seguridad interna;

No es gritar, ni mandar, ni lastimar; no, no, no.

Es una seguridad interna, una convicción.

Eliseo llegó y no dijo: “bueno, ¿cuántos panes hay?

Padre, si es tu voluntad que se multipliquen las figacitas; amén.”

Cuando Eliseo llegó -y esto es lo que me llamó la atención, lo agarró al criado y le dijo:

“Dáles de comer” y el hombre lo mira y le dice ”

¿Cómo le voy a dar de comer?,

“Dáles de comer, porque comerán y sobrará.”

Eso es autoridad, es la seguridad. Decí:

Dios me ha hecho para ejercer autoridad.

Satanás no tiene autoridad sobre vos, pero hacéselo saber. Satanás obedece a gente con autoridad espiritual.

Vos le decís: “vete si quieres, demonio…” Decí: yo tengo autoridad sobre todo.

Y acá va lo mejor: Sobre todo. “Todo lo pusiste debajo de nuestro pies”, dice el Salmo; todo fue creado por Dios, por su palabra de autoridad, todo el mundo funciona porque Dios le ordenó con autoridad que funcione, y el mundo va a obedecer a esa misma voz cuando sale de nosotros.

No es mi autoridad; es la autoridad del Creador.

Decí:

Todas las cosas están llamándome para que yo ejerza autoridad espiritual.

Dice Santiago que el jornal del trabajador clama; el sueldo clama:

“Pepe, vení por mí, hay cien mil dólares que te están clamando; Estela vení a buscarme.”

¿Cuántos no tienen coche?; ¿lo escuchaste? Te estuvo clamando: “vení”.

Cuando Jesús vino, le enseñó a los discípulos a ejercer autoridad espiritual, y la autoridad espiritual ¿cómo se ejerce?; ¿estamos listos?

Porque en lo que nos resta de este mes vas a ejercer autoridad espiritual. Voy a ordenarle a la enfermedad; ¡se le ordena! Vos no tenés que orar:

“Padre sana este cáncer”, vos le tenés que ordenar al cáncer:

“Cáncer te ordeno que te seques, te ordeno que te vayas.” Vos no tenés que orar: “Padre bueno…”

No, no, no. “¡Ordeno que te vayas!”

Eso es autoridad, autoridad sobre la enfermedad. Jesús nunca habló: “Padre, si tu quieres…” Le ordenó al paralítico que se levante.

Una vez iba Tiny Sheis -el gran predicador americano- y fue a ver a una mujer que se estaba secando, se estaba muriendo.

Y cuando entró a la terapia intensiva, la mujer estaba sentada en la cama y le decía:

“Piernas les ordeno que caminen; estómago te ordeno que funciones, corazón…” y entra Tiny Sheis y le dice:

“¿Qué estás haciendo?”

“Le estoy ordenado a mi enfermedad que me deje.”

Esa es la gente que ejerce autoridad.

Ordenale al problema; decí:

Autoridad sobre la enfermedad, autoridad sobre las montañas. Jesús dijo:

“Dile a la montaña que se mueva”

¿Cómo dijo Jesús que hay que orar?, ¿cómo oramos nosotros?…

“Padre, mira qué gran problema… muévelo Señor”; y el Señor dice: “¡no, tonto; yo te di autoridad sobre los obstáculos!” Hablale a la deuda, “pastor, ¿eso no es muy loco?”…sí; esa es autoridad espiritual.

“Deuda te ordeno que te cierres; montaña te ordeno que te vayas; problema te ordeno que desaparezcas.

” Ejercé autoridad espiritual, convicción que Dios nos ha dado. Ordenar a las tormentas. Jesús se subió al barco y dijo: “vamos al otro lado.

” Jesús se durmió, vino la tormenta; cuando Jesús se levantó le ordenó a la tormenta; no dijo: “Padre, mira la tormenta…”, le habló a la tormenta; le dijo: “¡tormenta cállate, enmudece!” Entonces necesitamos ejercer autoridad.

Si yo ejerzo autoridad espiritual, Dios mueve su poder.

Dios no mueve su poder si yo no ejerzo autoridad.

Yo ejerzo autoridad y Dios pone su poder; pero Dios no puede poner su poder hasta que no ejerzas autoridad; porque Dios no hace nada sin el hombre, y el hombre no puede hacer nada sin Dios.

Vamos a ordenarle a la enfermedad, a los problemas, a las tormentas.

Esta es la mejor: tengo capacidad de ordenar a la gente, pero solamente para que sea bendecida.

Yo no le puedo ordenar a Aldo nada; pero le puedo ordenar: “te ordeno que prosperes, te ordeno que te vaya bien”, eso sí lo podés hacer.

“Mira que te mando que te esfuerces y que seas valiente”. Jesús fue al paralítico y le dijo: “levántate”, yo no le puedo mandar: “traé el café con leche, hacé lo que te digo.”

No; eso no es autoridad espiritual, eso es una tontería. Y yo hoy te voy a ordenar que te vaya bien en la vida,
te voy a ordenar que prosperes, te ordeno que te compres el coche, te ordeno que alcances el sueño, te ordeno que avances hasta la cima y te ordeno que seas lleno de la gloria de Dios, te ordeno que adores a Dios.

Saqué una revelación de Lutero. Lutero tenía un asistente llamado Federico; se estaba muriendo. Y Federico le mandó una carta a Lutero diciéndole: “maestro me voy, me muero; me voy con Dios.” Y Lutero le escribió una carta: “te ordeno en el nombre de Jesús que vivas, porque todavía te necesito; el Señor nunca me dejará oír que estás muerto;

Esta es mi voluntad, y que se haga mi voluntad; porque lo único que busco es hacer la voluntad de Dios.” Yo leí eso y dije: “¡está loco Lutero!; ¿cómo dijo ‘que se haga mi voluntad’…?” Y Lutero dijo: “no te vas a morir nada; te ordeno que vivas; porque te necesito, y esta es mi voluntad.” Y se terminó; porque yo sé que mi voluntad es su voluntad.

Le tenés que ordenar a tus hijos que prosperen; pero no es: “¡prosperá porque te mato!”, no, no, no, eso no es autoridad. Autoridad no es amenaza, no es presión, no es exigencia; es la voz del cielo que te dice: “todo lo que pises será tuyo, todo lo que hagas te saldrá bien”, es la voz de Dios que dice:

“Levantate, sé sano”; eso es autoridad.

Y durante años nos maltratamos entre nosotros en vez de ejercer autoridad espiritual entre nosotros: “te ordeno que alcances tu sueño, te ordeno que seas bendecido, yo te ordeno y te mando que traigas a toda tu familia a Cristo”, y vos decís: “¡amén, claro que sí!

Si Ud. o algún familiar, conocido o amigo/a necesita ayuda, consejería, o un grupo de autoayuda gratuito, comuníquese al teléfono (+5411) 4923-0700 y solicite una entrevista con un coordinador. ¡Bendiciones!. PDD

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