Los siete Pecados Capitales – Lujuria , Gula , Avaricia, Pereza, Ira, Envidia, Soberbia.

Siete pecados capitales. 

Lujuria , gula , avaricia,  pereza,  ira,  envidia,  soberbia.

La identificación y definición de los siete pecados capitales a través de su historia ha sido un proceso fluido y, como es común con muchos aspectos de la religión, la idea de lo que cada uno de estos pecados envuelve ha evolucionado con el tiempo.

Este proceso ha sido auxiliado por el hecho de que se hace referencia a ellos de una manera incoherente o codificada en la Biblia y como resultado, se han consultado otros trabajos literarios o eclesiásticos para conseguir definiciones de los pecados capitales.

La teología de «El Purgatorio», la segunda parte del poema La Divina Comedia, casi ha sido la mejor fuente conocida desde el movimiento del Renacimiento (siglos XV y XVI), aunque muchas interpretaciones y versiones posteriores, especialmente denominaciones conservadoras del protestantismo y del movimiento cristiano pentecostal, han mostrado la consecuencia para aquellos que cometan estos pecados como un tormento eterno en el Infierno, en vez de la posible absolución a través de la penitencia en el Purgatorio.

En el año 2008 el Vaticano publicó una actualización del concepto, agregando nuevos:

«Pecados capitales»

Con una atención especial hacia el llamado pecado social.

Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen,

También pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a San Juan Casiano y a San Gregorio Magno.

Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios.

Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza.

Catecismo de la Iglesia Católica,

«El pecado»

La proliferación del pecado).

Los pecados capitales son enumerados por Santo Tomás de Aquino como siete:

Vanagloria (orgullo, soberbia), avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia, ira.

Buenaventura de Fidanza (Breviloquium, III, IX) enumera los mismos.

El número siete fue dado por san Gregorio Magno (Lib. mor. en Job XXXI, XVII), y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media.

Escritores anteriores enumeraban ocho pecados capitales:

San Cipriano de Cartago (De Mort., IV); Juan Casiano (De instit. cænob., V, coll. 5, «de octo principalibus vitiis»); Columbano de Lexehuil («Instr. de octo vitiis princip.» en Bibl. max. vet. patr., XII, 23); Alcuino de York (De virtut. et vitiis, XXVII y siguientes).

El término «capital» no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados.

De acuerdo a Santo Tomás de Aquino (II-II:153:4):

Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal.

Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana caída está principalmente inclinada.

Tomás de Aquino

Pecados capitales

Lujuria:

Detalle de la lujuria, en el cuadro El jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch.

En esta tabla aparecen todo tipo de placeres carnales, que Bosch consideraba pecaminosos.

La lujuria (en latín, luxuria) es usualmente considerada como el pecado producido por los pensamientos excesivos de naturaleza sexual.

Según otro auto, la lujuria son los pensamientos posesivos sobre otra persona.

Debido a su intrínseca relación con la naturaleza sexual, la lujuria en su máximo grado puede llevar a compulsiones sexuales o sociológicas y/o transgresiones, incluyendo la adicción al sexo , el adulterio y la violación.

El concepto que Dante tenía de la lujuria era el «amor hacia otras personas», lo que pondría a Dios en segundo lugar.

 Gula :

La gula representada por Pieter Brueghel en su obra Los siete pecados mortales o los siete vicios.

Actualmente la gula (en latín, gula) se identifica con la glotonería, el consumo excesivo de comida y bebida, en cambio en el pasado cualquier forma de exceso podía caer bajo la definición de este pecado.

Marcado por el consumo excesivo de manera irracional o  innecesaria, la gula también incluye ciertas formas de comportamiento destructivo.

De esta manera el abuso de substancias o las borracheras pueden ser vistos como ejemplos de gula.

En la Divina Comedia de Alighieri, los penitentes en el Purgatorio eran obligados a pararse entre dos árboles, incapaces de alcanzar y comer las frutas que colgaban de las ramas de estos y por consecuencia se les describía como personas hambrientas.

A los golosos se los obligaba a oler el aroma de la comida sin poder degustarla.

 Avaricia :

Avaricia representada por Pieter BrueghelLa avaricia (en latín, avaritia) es —como la lujuria y la gula—, un pecado de exceso.

Sin embargo, la avaricia (vista por la Iglesia) aplica sólo a la adquisición de riquezas en particular.

Tomás de Aquino escribió que la avaricia es «un pecado contra Dios, al igual que todos los pecados mortales, en lo que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales».

En el Purgatorio de Dante, los penitentes eran obligados a arrodillarse en una piedra y recitar los ejemplos de avaricia y sus virtudes opuestas. «Avaricia» es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados.

Estos incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso de dejarse sobornar. Búsqueda y acumulación de objetos, robo y asalto, especialmente con violencia, los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser inspirados por la avaricia.

Tales actos pueden incluir la simonía.

 Pereza :

Pereza por Jacob MathamLa pereza (en latín, acidia) es el más «metafísico» de los pecados capitales, en cuanto está referido a la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia en cuanto tal.

Es también el que más problemas causa en su denominación. La simple «pereza», más aún el «ocio», no parecen constituir una falta.

Hemos preferido, por esto, el concepto de «acidia» o «acedía».

Tomado en sentido propio es una «tristeza de ánimo» que aparta al creyente de las obligaciones espirituales o divinas, a causa de los obstáculos y dificultades que en ellas se encuentran.

Bajo el nombre de cosas Espirituales y Divinas se entiende todo lo que Dios nos prescribe para la consecución de la eterna salud (la salvación), como la práctica de las virtudes cristianas, la observación de los preceptos divinos, de los deberes de cada uno, los ejercicios de piedad y de religión.

Concebir pues tristeza por tales cosas, abrigar voluntariamente, en el corazón, desgano, aversión y disgusto por ellas, es pecado capital.

Tomada en sentido estricto es pecado mortal en cuanto se opone directamente a la caridad que nos debemos a nosotros mismos y al amor que debemos a Dios.

De esta manera, si deliberadamente y con pleno consentimiento de la voluntad, nos entristecemos o sentimos desgano de las cosas a las que estamos obligados; por ejemplo, al perdón de las injurias, a la privación de los placeres carnales, entre otras; la acidia es pecado grave porque se opone directamente a la caridad de Dios y de nosotros mismos.

Considerada en orden a los efectos que produce, si la acidia es tal que hace olvidar el bien necesario e indispensable a la salud eterna, descuidar notablemente las obligaciones y deberes o si llega a hacernos desear que no haya otra vida para vivir entregados impunemente a las pasiones, es sin duda pecado mortal.

Ira:

La ira (en latín, ira) puede ser descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo.

Estos sentimientos se pueden manifestar como una negación vehemente de la verdad, tanto hacia los demás y hacía uno mismo, impaciencia con los procedimientos de la ley y el deseo de venganza fuera del trabajo del sistema judicial (llevando a hacer justicia por sus propias manos), fanatismo en creencias políticas y generalmente deseando hacer mal a otros.

Una definición moderna también incluiría odio e intolerancia hacia otros por razones como raza o religión, llevando a la discriminación.

Las transgresiones derivadas de la ira están entre las más serias, incluyendo homicidio, asalto, discriminación y en casos extremos, genocidio.

La ira es el único pecado que no necesariamente se relaciona con el egoísmo y el interés personal (aunque uno puede tener ira por egoísmo, por ejemplo, por celos). Dante describe a la ira como «amor por la justicia pervertido a venganza y resentimiento».

 Envidia:

Como la avaricia, la envidia (en latín, invidia) se caracteriza por un deseo insaciable, sin embargo, difieren por dos grandes razones:

Primero, la avaricia está más asociada con bienes materiales, mientras que la envidia puede ser más general; segundo, aquellos que cometen el pecado de la envidia desean algo que alguien más tiene, y que perciben que a ellos les hace falta, y a consiguiente desear el mal al prójimo, y sentirse bien con el mal ajeno.

La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.

Francisco de Quevedo
Dante Alighieri define esto como «amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos».

En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

 Soberbia:

Todo es vanidad por Charles Allan Gilbert. En casi todas las listas de pecados, la soberbia (en latín, superbia) es considerado el original y más serio de los pecados capitales, y de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los otros.

Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando en halagar a los otros.

Según la Biblia, este pecado es cometido por Lucifer al querer ser igual que Dios.

Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar, alcanzar o superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un estatus elevado y subvalorizar al contexto.

También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás.

También se puede tomar la soberbia en cosas vanas y vacías (vanidad) y en la opinión de uno mismo exaltada a un nivel crítico y desmesurado (prepotencia).

Soberbia (del latín superbia) y orgullo (del francés orgueil), son propiamente sinónimos aun cuando coloquialmente se les atribuye connotaciones particulares cuyos matices las diferencian.

Otros sinónimos son: altivez, arrogancia, vanidad, etc.

Como antónimos tenemos: humildad, modestia, sencillez, etc.

El principal matiz que las distingue está en que el orgullo es disimulable, e incluso apreciado, cuando surge de causas nobles o virtudes, mientras que a la soberbia se la concreta con el deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego.

Por ejemplo, una persona Soberbia jamás se “rebajaría” a pedir perdón, o ayuda, etc.

Fuente: Wikipedia.

Acerca de Onelia Baravalle 3164 Articles
Investigadora y comunicadora. Editora de contenidos en Yo Espiritual.
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