Somos capaces de Construir nuestro Destino

 Somos capaces de Construir nuestro Destino

Construye tu destino

Manifiesta tu yo íntimo y realiza tus aspiraciones

¿Cuántas veces, en un momento de desesperanza o de desconsuelo, te has dicho:

«Necesitaría cambiar, pero soy así y no puedo hacerlo»?

Todas esas veces te has engañado respecto a tu capacidad de actuar sobre tu destino.

Porque dentro de ti tienes el poder para conseguir todo aquello que puedas desear.

Para hacerlo, no tienes más que volcarte en tu interior.

Esta obra te enseñará qué tienes que buscar en él:

Son sólo nueve principios, nueve pistas que no te convertirán en alguien nuevo, pero sí que te permitirán aflorar lo mejor que, dormido, tienes en tu interior.

Principios tan sencillos como confiar en ti mismo, reconocerte en lo que eres y mereces,

Ser generoso y agradecido,

Aceptarte como parte de un todo, lo que hará que tú también seas ese todo.

Construye tu destino no te cambiará la vida.

Pero será la indispensable herramienta para que tú la cambies.

Quinto principio

Respeta tus méritos para recibir

UN PLAN QUE TE AYUDARÁ A VER QUE ERES DIGNO DE RECIBIR Y ATRAER DESDE LA FUENTE DIVINA

Las siguientes sugerencias representan un plan paso a paso para intensificar tu receptividad al poder de la manifestación en tu vida.

Si lo pones en práctica, no cabe la menor duda de que te sentirás digno de la bendición del:

Espíritu divino que lo abarca todo.

La palabra «inspiración» significa literalmente:

«Estar infundido de espíritu», o en el espíritu, si se quiere.

Practica hacer aquello que te guste,

Procura que te guste lo que haces cada día.

Si vas a hacer algo, concédete el beneficio de no quejarte y, en lugar de eso, muestra cariño por esa actividad.

Tu lema aquí ha de ser:

«Me gusta lo que hago, y hago lo que me gusta».

Eso te sitúa «en el espíritu» y te proporciona literalmente el entusiasmo para ser un receptor digno de la gracia de Dios.

La palabra entusiasmo procede de la raíz griega entheos, que significa, literalmente, «estar lleno de Dios.

Haz todos los esfuerzos posibles por eliminar de tu vocabulario y de tu diálogo interior los hábitos internos de :

Pesimismo, negatividad, juicio, quejas, murmuraciones, cinismo, resentimiento y crítica destructiva.

Sustitúyelos con optimismo, amor, aceptación, amabilidad y paz como forma de procesar tu mundo y a las personas que hay en él.

Al margen de lo mucho que te sientas tentado de retroceder hacia hábitos cínicos, recuerda que esa es la energía que estás enviando al mundo, y que con ello transmites un mensaje que bloquea la energía que te devolverá lo que deseas.

Si estás lleno de negatividad, te encuentras desequilibrado y tus resentimientos indican que no te sientes digno o preparado para aceptar la energía amorosa que deseas.

Procura encontrar cada día un momento de tranquilidad para erradicar los sentimientos de indignidad.

Ese tiempo de oración o meditación, o de experimentar simplemente el silencio, alimentará tu alma y eliminará finalmente todas las dudas que puedas abrigar acerca de no merecer el ser beneficiario de la abundancia del universo.

El siguiente y hermoso poema de El profeta, de Jalil Gibran, es un ejemplo de esta clase de literatura.

Lo incluyo aquí para que lo estudies.

Presta una particular atención a las palabras

«Vuestros corazones conocen en silencio los secretos de los días y las noches», y

«Pues el alma recorre todos los caminos».

Estos son los pensamientos que he resaltado a lo largo de todo este libro, al tratar de animarte a conocer tu propia dignidad divina.

Sobre autoconocimiento

De El profeta, de Jalil Gibran (1923)

Y un hombre dijo:

Háblanos del autoconocimiento.

Y él contestó, diciendo:

Vuestros corazones conocen en silencio los secretos de los días y las noches.

Pero vuestros oídos ansían el sonido del conocimiento de vuestros corazones.

Conoceréis con palabras aquello que siempre habéis conocido en vuestro pensamiento.

Tocaréis con vuestros dedos el cuerpo desnudo de vuestros sueños.

Y está bien que lo hagáis.

La fuente oculta de vuestra alma tiene que brotar y correr murmurante hacia el mar;

El tesoro de vuestras profundidades infinitas será revelado ante vuestros ojos.

Pero que no haya balanzas donde pesar vuestro desconocido tesoro;

Y no busquéis las profundidades de vuestro conocimiento con el bastón o el sonido.

Pues el sí mismo es un mar ilimitado e inconmensurable.

No digáis «He encontrado la verdad», sino más bien, «He encontrado una verdad».

No digáis «He encontrado el camino del alma».

Decid más bien «He encontrado el alma caminando por mi camino».

Pues el alma camina por todos los caminos.

El alma no sigue una línea,ni crece como un junco.

El alma se despliega a sí misma,como un loto de innumerables pétalos.

Procura rodearse en la medida de lo posible de cosas bellas.

Escribo estas palabras en la isla Marco, al sudoeste de Florida.

Cada atardecer, dejo la máquina de escribir y salgo a la playa, para experimentar la magnificencia de la puesta del sol sobre el golfo de México.

Cada vez que participo en este ritual diario, me siento lleno de respeto ante la enorme energía implicada en el movimiento de la tierra alrededor del sol.

Respiro esa energía, y me siento agradecido por el hecho de formar parte de toda esta belleza.

Formar parte cada atardecer de esta puesta de sol me hace sentir que estoy en mi hogar, más allá de este planeta y me abre a la naturaleza más profunda que hay dentro de mí mismo.

Jamás podría sentirme desmerecedor de la gracia y la munificencia del universo cuando me hallo inmerso en esta belleza.

Lo mismo sucede al experimentar virtualmente cualquier belleza:

Tienes la tendencia a eliminar la duda acerca de la propia divinidad y de la conexión con la verdad última que hay en todo y en todos.

Practica la amabilidad para contigo mismo y para con los demás, con toda la frecuencia que te sea posible.

Abandona tu necesidad de tener razón y de ganar;

En vez de eso, sé amable, y pronto conocerás la bendición de la paz interior.

Recuerda que tu yo superior sólo desea paz.

Al practicar la amabilidad, la paz aparece inmediatamente.

Al estar en paz contigo mismo y con tu mundo, sabes que eres un digno receptor de todo lo que se cruza en tu camino.

Empiezas a confiar entonces en la energía que aporta la realización de tus deseos.

Si te encuentras en un estado de confusión y, en consecuencia, te preocupa ganar o perder, te hallas a merced de tu propio ego, al que le encanta la confusión.

Toda esa confusión interna hace que te cuestiones a ti mismo y tu valía en comparación con otros.

Y eso trae consigo la duda acerca de si eres o no digno de recibir y manifestar.

Ponte la meta de ser cada día amable con los demás,

Al menos una vez, y extiende ese mismo privilegio hacia ti mismo, tanto ismocomo te sea posible.

Siempre tienes una alternativa acerca de cómo va a reaccionar tu espíritu.

La alternativa de la culpabilidad, la preocupación, el temor o el juicio no es más que un pensamiento que se transfiere a tu fisiología.

Cuando tu yo físico se ve desequilibrado por estas emociones, te sientes demasiado enfermo e infeliz como para pensar siquiera en participar en el acto de la cocreación de una vida bienaventurada.

Te saboteas a ti mismo, y todo por la falta de voluntad para ser amable contigo mismo y con los demás.

Empieza a considerar el universo como un lugar amistoso, antes que enemistoso.

Sitúa en la categoría de «lecciones» todas las heridas de las fases anteriores de tu vida.

Deja de verte condicionado por esas heridas y de convertirlas en un brazalete identificativo.

Desvincúlate de la actitud de que este mundo es maligno, está lleno de gente mala, y empieza, hoy mismo, a buscar el bien en la gente con la que te encuentres.

Recuerda que, por cada acto de maldad, hay millones de actos de amabilidad.

Este universo funciona con la energía de la armonía y el equilibrio.

Inspira para absorber esa energía y elimina de tu mente y tu corazón la idea de que eres una víctima.

Toda vinculación con tus traumas crea una toxicidad celular en tu cuerpo y un envenenamiento espiritual de tu alma.

Repítelo una y otra vez, hasta que quede bien grabado:

«Soy lo que soy, y soy digno de la abundancia que hay en el universo, y de todo lo que hay en él, incluido yo mismo».

Te encuentras ahora en el camino de saber que eres merecedor de atraer y manifestar en tu mundo.

 Eres consciente de tu yo superior.

Confías en ti mismo y en la sabiduría divina que te ha creado.

Sabes que no estás separado de tu entorno, y que dentro de ti existe el poder para atraer.

Por Wayne W. Dyer

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