A pesar de que el materialismo nos quiere Convencer – Carmen Santiago

LO QUE NOS SOBRA

A pesar de que el materialismo nos quiere convencer que nos faltan cosas, en realidad nos sobran.

La senda espiritual se transita, quitando, no añadiendo.

Dicen que la imagen de Dios está grabada en nuestras almas, que somos almas inmortales, hijos de Dios, ángeles solares, entonces convengamos que algo lo está tapando.

Porque no lo demostramos.

Un mundo en guerra, con grandes calamidades y conductas malignas no está expresando esta verdad.

Pero no sólo nos sobran cosas, nos sobran pensamientos y palabras.

Se habla mucho, se dice poco.

La sabiduría del silencio se pierde entre el bullicio de la vida moderna y el contacto con el ser interno, tu “Yo Soy” se diluye y se dificulta.

Esa parte de mi mente que es maliciosa me hace pensar en un plan creado de manera que la humanidad no pueda hacer el contacto con su verdadera identidad y, como consecuencia, no cumpla el propósito de su existencia.

Si vivo desde lo que no soy y le doy preferencia a aquello que es mi instrumento pero que no es mi verdadero ser, entonces mi vida es un despropósito.

Vivo para lo que voy a dejar algún día :

(las mortajas no tienen bolsillos) y no atiendo lo que me llevo, lo que trasciende la muerte.

Parece cuento de locos.

La gran verdad es que tendremos que dejarlo todo algún día.

Entonces,

¿por qué acumular más de lo necesario?

¿Por qué ese apego desmedido hacia las cosas?

Es una cuestión de no saber quién uno es en verdad.

Es un caso de falsa identidad.

La ruta interna, el contacto con tu verdadero ser, ése que no muere con la muerte, es la necesidad básica, urgente, importante y diríamos, de vida o muerte, que tiene el grueso de la humanidad.

Es el reto que tenemos por delante para poder pasar esta etapa de transición de una era a otra sin el sufrimiento que trae el colapso del sistema que no sirve para que aparezca el que sirve.

Se trata de que no tengamos que pasar por un cataclismo existencial que de golpe y porrazo nos coloque en la dura realidad de reconocer que el materialismo, el poner lo material por encima del ser humano nos lleva, como sociedad, al más estrepitoso fracaso y muy probablemente, nuevamente a la barbarie.

No hay tiempo que perder, más aún si estás avanzadito en años.

Es urgente reconocer quién eres.

Por lo menos preguntarte, ¿quién soy?

Buscar dentro de ti esa luz que es el reflejo de tu ser y quedarte ahí.

Buscar el silencio y en ese silencio, escuchar tu voz, la voz del alma.

Ir reconociéndote poco a poco.

Eres un centro de conciencia pura que habita una personalidad.

No permitas que tu instrumento tape tu luz.

Sal de las cosas que te sobran, de los pensamientos que te sobran, de las sensaciones que te sobran, de los apegos, aversiones, ideas, palabras, fanatismos que te sobran.

Ve aligerando tu carga.

Busca todo lo negativo y bótalo, pesa mucho, no lo cargues.

Ve borrando de tu vida las cosas superfluas, entra en la mansión del silencio y escucha la voz que susurra en tu corazón.

Puedes seguir tu respiración, que está conectada con la pulsación y conectarte con el latido de ese centro de Conciencia que eres.

Desde allí todo se ve diferente.

Toda perspectiva cambia y se disipa el espejismo de la materia.

Desde allí puedes fluir con los acontecimientos que la vida te presenta, sin apegos ni aversiones, permaneciendo como el observador de tu vida, y entonces, te conviertes en el mejor intérprete de ese rol que en esta encarnación te ha tocado jugar.

Y así, como el artista que interpreta su papel, pero sabe quién es y no se confunde, así podrás ir por la vida, interpretando tu papel con maestría porque sabes quién eres, el alma, el hijo de Dios, el inmortal.

Y como reconoces la luz de tu verdadera esencia, al instante reconoces la luz del alma en los demás, no importa el papel que les haya tocado jugar en esta encarnación.

La hermandad y la paternidad divina están en el alma.

Es allí en donde todos somos hermanos e hijos de Dios, desde donde las relaciones humanas emiten la nota de la buena voluntad y la vida mejora.

El tiempo que vivimos amerita todo el esfuerzo que hagamos en conocer nuestra verdadera identidad.

Es urgente porque el desconocimiento ha puesto en peligro la existencia humana.

Ve adentro, entra siguiendo la respiración, busca el silencio, comulga con ese Dios que habita tu corazón, reconoce su Luz, abre tus manos, suelta todo lo que te sobra y entrégate.

¡Deja brillar tu luz interna!

Por ti, por mí, por todos.

CARTA A LOS GRUPOS
Mes de marzo 2018

Carmen Santiago – [email protected]

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Acerca de Onelia Baravalle 3200 Articles
Investigadora y comunicadora. Editora de contenidos en Yo Espiritual.
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