Las apariciones en Lourdes – Patrona de los Enfermos

La primera vela en la gruta de Lourdes

Un día al final de la aparición, Bernardita se acerco a su tía que la acompañaba y le dijo:

¿Quieres darme una vela y permitirme dejarla en la gruta?

Entonces se dirigió hasta el fondo de la gruta y allí la dejo encendida, apoyándola en la roca.

Esta vela quizás en un momento fue la única;

Ahora son millones las que arden constantemente ante la imagen de la Virgen.

La vela encendida es un hermoso símbolo:

La cera blanca y virgen de la que esta formada, siempre ha representado la humanidad que Cristo tomó de María,

Unida a la Divinidad es la luz del mundo.

Como la cera de la vela, esta humanidad sagrada se consumirá delante de Dios en adoración, suplicas y acción de gracias.

La luz de la vela, resplandeciente y radiante, simboliza la Divinidad del Hijo de María.

La vela encendida representa igualmente al cristiano, que iluminado por la fe debe consumirse delante de Dios como víctima de penitencia y amor.

El 2 de marzo,

Bernardita fue de nuevo a ver al párroco de Lourdes, recordándole la petición de la Virgen de levantar un Santuario en el lugar de las apariciones.

El párroco le contesto que era obra del Obispo quien ya estaba enterado de la petición y sería el encargado de poner por obra el deseo celestial de la Visión.

Ultimo día, 4 de marzo,

Siguiendo su costumbre, Bernardita, antes de dirigirse a la gruta, asistió a la Santa Misa.

Al final de la aparición, tuvo una gran tristeza, la tristeza de la separación.

¿Volvería a ver a la Virgen?

La Virgen siempre generosa, no quiso que terminara el día sin una manifestación de su bondad:

Un gran milagro, un milagro maternal, coronación de la quincena de apariciones.

Milagro:

Un niño de dos años estaba ya agonizando, se llamaba Justino.

Desde que nació tuvo una fiebre que iba poco a poco desmoronando su vida.

Sus padres, ese día, lo creían muerto.

La Madre en su desesperación lo tomó y lo llevó a la fuente.

El niño no daba señales de vida.

La madre lo metió 15 minutos en el agua que estaba muy fría.

Al llegar a la casa, notó que se oía con normalidad la respiración del niño.

Al día siguiente, Justino se despertó con tez fresca y viva, sus ojos llenos de vida, pidiendo comida y sus piernas fortalecidas.

Este hecho conmocionó a toda la comarca y pronto a toda Francia y Europa;

Tres médicos de gran fama certificaron el milagro, llamándolo de primer orden.

Entonces el gobernador de Tarbes, ciudad a la que pertenecía Lourdes, reunió a todos los alcaldes de la zona para dar instrucciones precisas de prohibir de inmediato la asistencia a la gruta de todo ciudadano.

Todo fue en vano, cada día acudían mas peregrinos de todas partes.

No obstante las persecuciones, las burlas y las injurias, Bernardita continuaba visitando la Gruta.

Iba a rezar el Rosario con los peregrinos.

Pero la dulce visión no aparecía.

Ella ya estaba resignada a no volver a ver a la Virgen.

El 25 de Marzo,

Día de la Anunciación, Bernardita se sintió fuertemente movida a ir a la Gruta;

Muy contenta obedeció ese llamado en su corazón, y se fue inmediatamente hacia la Gruta.

Como era una fecha solemne, los peregrinos tenían la esperanza de que la Virgen se aparecería y cuando llego Bernardita se asombró de la cantidad de personas que encontró.

Fue este día 25, en la historia de las apariciones, un día de gloria.

Bernardita volvió a preguntarle a la Señora:

“Quieres tener la bondad de decirme quien eres y cual es tu nombre?”

La visión resplandecía mas que nunca; sonriendo siempre, y siendo su sonrisa la única respuesta.

Bernardita insistió…

“¿Quieres decirme quien eres?,

Te lo suplico Señora Mía”.

Entonces la Señora apartó su vista de Bernardita, separó sus manos, hizo deslizar en su brazo el rosario que tenía en sus dedos, levanto a un mismo tiempo sus manos y su cabeza radiante,

En tanto que sus manos se juntaron delante del pecho, su cabeza se afirmo y, mas resplandeciente que la luz del sol, dirigida la vista al cielo dijo:

“YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN”,

Así desapareció, dejando en Bernardita esta imagen y ese nombre.

Bernardita, oía por primera vez esas palabras.

Mientras se dirigía a la casa parroquial, para contarle al párroco, ya que este le había dado el encargo de preguntar a la visión como se llamaba,

Iba ella por todo el camino repitiendo:

“Inmaculada Concepción”,

Esas palabras tan misteriosas y difíciles para una niña analfabeta.

Cuando el párroco oyó el relato de Bernardita, quedó asombrado.

¿Como podía una niña sin ninguna instrucción religiosa saber el dogma que solo unos cuatro años antes había la Iglesia promulgado?

En 1854, el Papa Pío IX había definido el dogma de la Inmaculada Concepción.

El sacerdote comprobó que Bernardita no se había engañado, era ella, la Virgen Santísima, la soberana Madre de Dios quien se le aparecía en la Gruta.

5 de Abril:

El día lunes de Pascua, volvió a la gruta, rodeada de una verdadera multitud de personas que oraban con ella.

Bernardita arrodillada como era de costumbre habitual, tenia en la mano izquierda la vela encendida que le acompañaba en todas las ocasiones y la apoyaba en el suelo.

Absorta en la contemplación de la Reina de los cielos, y mas sabiendo ahora con seguridad que era la Virgen Santísima, levanto sus manos y las dejo caer un poco, sin percatarse que las tenia sobre el extremo de la vela encendida;

Entonces la llama comenzó a pasar entre sus dedos y a elevarse por encima de ellos, oscilando de un lado para el otro, según fuera el leve soplo del viento.

Los que estaban ahí gritaban:

“Se quema”.

Pero ella permanecía inmóvil.

Un médico que estaba cerca de Bernardita sacó el reloj y comprobó que por mas de un cuarto de hora la mano estuvo en medio de la llama, sin hacer ella ningún movimiento.

Todos gritaban:

¡Milagro!

El medico comprobó que la mano de Bernardita estaba ilesa.

Después que terminó la aparición:

Uno de los espectadores aproximó a la mano de Bernardita la llama de la misma vela encendida, y ella exclamó:

“¿Oh que quiere usted, quemarme?.

Ultima aparición:

Fue el día 16 de Julio,

Día de la Virgen del Carmen.

Bernardita se siente de nuevo movida a ir a la gruta, que esta cercada, vigilada y prohibida.

Va acompañado de una tía y unas vecinas.

Bajan por praderas contiguas a la gruta.

Se arrodillaron lo mas cerca posible de la gruta pero sin poder llegar a ella.

Bernardita recibe la ultima visita de la Virgen y diría:

“Nunca se había aparecido tan gloriosa”.

Bernardita había cumplido su misión, con gran amor y valentía ante todos los sufrimientos que tuvo que sobrellevar y ante todos los obstáculos que el Enemigo puso en su camino.

Su confesor dijo repetidamente:

“La mejor prueba de las apariciones es Bernardita misma, su vida”

RESUMEN DEL MENSAJE DE LA VIRGEN DE LOURDES

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse así:

1-Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta

Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que esta necesitado de esta virtud.

2-Es una exaltación a las virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardita como instrumento de su mensaje.

3-Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz.

La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.

4-Importancia de la oración, del rosario, de la penitencia y humildad

Besando el suelo como señal de ello;

También, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos.

Algunos puntos de reflexión sobre los signos visibles de la primera aparición:

En ellos hay una gran enseñanza espiritual:

1-Rodeada de luz: es el símbolo de la luz de la fe, a la cual nos abrimos por el Bautismo.

La fe es la luz de la vida con que debemos brillar ante el mundo.

Debemos hacer resplandecer la fe por la santidad de nuestras vidas.

2-La luz era tranquila y profunda:

En la fe cristiana hallaremos el reposo para nuestra alma.

3-De belleza incomparable, no hay nada igual aquí en la tierra: trabajar intensamente por adquirir la verdadera belleza que es la del alma, a fin de que Dios pueda contemplarnos con agrado.

4-Ropaje tan blanco, tan puro, tan delicado que jamas tela alguna pudo imitar:

De que pureza tan perfecta y delicada ha de estar revestida delante de Dios, nuestra alma;

Ya que el pecado mancha nuestro blanco ropaje.

5-Pies desnudos, brillando sobre cada uno de ellos una rosa luminosa:

Los pies desnudos nos predican la pobreza evangélica,

Esta bella y sublime virtud a la cual Jesús ha prometido el mismo Reino de los Cielos.

Las rosas luminosas:

Jesús nos envía a difundir por todas partes el buen olor de Cristo, el divino perfume del Evangelio.

6-Las manos siempre juntas, con el santo rosario: en ferviente oración, orando siempre y sin interrupción. La oración nuestro alimento constante, la respiración del alma, pues todas las virtudes solo nacen en un alma que ora.

¡Nuestra Señora de Lourdes………..Ruega por nosotros

MILES DE CURACIONES

Hay al menos 66 historias clínicas que documentan científicamente los milagros. Miles más sin duda han ocurrido y continúan ocurriendo pero no forman parte de la documentación del santuario la cual es en extremo rigurosa.   También hay innumerables curaciones del alma que son las mas importantes.

LA PIEDAD DE BERNARDETTE VENCE LAS PRUEBAS

Dos virtudes resaltaban en Bernardette:

La piedad y la modestia.

Para ser piadoso no es necesario ser sabio.

Aún cuando se hizo religiosa, ella misma decía que no sabía como orar y sin embargo pasaba largas horas en oración.

Y su oración no era mecánica, sino que le hablaba a Dios y a la Virgen como se habla con una persona cara a cara.

Era pues una oración del corazón, intensa, honesta y eficaz

Amaba la oración.

Ella sabía muy bien como rezar el Santo Rosario el cual siempre llevaba en su bolsillo.

Lo tenía en sus manos cuando se le apareció la Virgen.

Su primer gesto en momentos de cualquier prueba o dificultad era siempre tomar su rosario y empezar a recitarlo.

La pequeña escogida por la Virgen tendría mucho que sufrir hasta el día de su muerte, tanto sufrimientos morales como físicos; pero nunca debemos olvidar que Dios guía a esta pequeña niña y que ella responde con humildad, abandono, fe y coraje.

Bernardette poseía además virtudes que serían criticadas durante toda su vida como “defectos”.

Por este error de la gente se puso en duda también la autenticidad de las apariciones.

Esta niña de solo 14 años (cumplidos en Enero 7 1858), tuvo que ser sabia, firme, extraordinariamente valiente y saber discernir, para poder enfrentarse con las personas que trataban de disuadirla, entre ellas sacerdotes, obispos, jefes de la policía, procuradores, etc.

Para tener una idea de la fortaleza interior y la capacidad de su juicio, podemos ver algunas de las frases que dijo durante los interrogatorios a los que tuvo que someterse.

Después de que el Procurador Imperial, el señor Dutor, hizo quedarse de pie por mucho tiempo a Bernardette y a su mamá, al fin les dijo condescendientemente:

“Ahí hay sillas. Pueden sentarse”

Bernardette respondió:

“No. Pudiéramos ensuciárselas”

En otra ocasión, cuando le preguntaron sobre el idioma en que le habló la Virgen, Bernardette dijo:

“Ella me habló en dialecto”

“La Virgen María no pudo haber hablado en dialecto”, le respondieron, “Dios y la Virgen no hablan dialecto”.

A lo que ella respondió: “¿Cómo podemos saber nosotros dialecto si ellos no lo hablan?”

“Oh, ¿por qué piensa que me habló en Francés?

¿Puedo yo hablar en Francés?”

En la doceava aparición Bernardette le acercó un rosario a la Virgen.

Un sacerdote le preguntó después de la aparición: ¿Así que ahora también bendices rosarios?

Bernardette se rió y dijo:

“Yo no uso una estola, ¿o sí?.”

Otro le preguntó:

“Así que Bernardette, ahora que la Virgen te ha prometido que irás al cielo, no necesitas preocuparte del cuidado de tu alma”.

Bernardette:

“Pero Padre, yo solo iré al cielo si me porto correctamente”

Sus interrogatorios serían de largas horas, algunas veces días enteros; y sus interrogadores trataban de engañarla para que contradijera sus declaraciones.

Pero ella se mantenía alerta, en guardia, sabiendo que ellos no querían la verdad, sino probar que lo había inventado todo.

Bernardette tuvo que enfrentarse frecuentemente con el párroco de Lourdes, Abbé Peyramale, quién tenía fama por su mal genio.

Sin embargo todas las veces que nuestra santa fue a verlo, a pesar del temor que sentía, nunca se echó atrás, sino que siempre vencía su natural miedo.

Su voluntad de cumplir con lo que la Virgen le había encargado podía mucho más que el mal genio del sacerdote.

Y así vemos como Bernardette cumple los deseos de la Virgen a pesar de grandes obstáculos y de sus propias flaquezas.

Al final, en el último día de las apariciones, el 25 de marzo de 1858, la Virgen revela su identidad dándole a Bernardette la prueba que tanto pedía su párroco para creerle. Las palabras de la Virgen,

“Yo Soy la Inmaculada Concepción” ,

Fueron las que derrumbaron de una vez por todas el muro de la incredulidad en el corazón del párroco, quién se convirtió desde ese momento en su más grande defensor y apoyo, usando su mismo temperamento contra los que atacaban a la niña.

A diferencia de otras apariciones, como La Salette, Pointman, Fátima, Knock, Beuraing, exceptuando la Medalla Milagrosa; Bernardette era la única vidente.

No tenía otros que corroborasen el testimonio y le sirviesen de apoyo.

Su única fuente de fortaleza era la misma Virgen Santísima.

Pero esta era suficiente para ella.

Llegaría un tiempo donde sus cualidades, su fuerza interior, su rapidez al contestar, todas usadas para defender las Apariciones de la Virgen, se usarían en su contra.

Aquellos que la apoyaban sabían entender sus grandes virtudes, pero para los que la criticaban eran sus grandes defectos.

A su fortaleza interna le llamaban terquedad; a su rapidez en responder le llamaban insolencia.

Una vez en el Convento de San Gildard, en Nevers, cuando fue acusada de tener amor propio, ella dibujó un círculo y puso la marca del dedo en el centro del mismo y dijo:

“Que el que no tenga amor propio ponga su dedo aquí” (indicando la marca del centro).

Las apariciones fueron para Bernardette un regalo inmerecido, un regalo que que en si mismo no la hizo santa.

Era un regalo para ella y para el mundo.

Ella, por su admirable correspondencia a la gracia, llegó a la santidad.

Nosotros también podemos.

Hemos de tener claro que Santa Bernardita no fue canonizada por haber visto a la Virgen Santísima, sino por haber subido por la escalera de la santidad a través de enormes pruebas y cruces.

Para ser santo no es necesario haber tenido grandes experiencias místicas.

Es suficiente tener estas dos cosas:

Humildad y amor.

Es en la asidua oración y en la vida de virtud que el amor se expresa a sí mismo.

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Acerca de Onelia Baravalle 3146 Articles
Investigadora y comunicadora. Editora de contenidos en Yo Espiritual.
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