Nuestra Nave Espacial – Carmen Santiago

CARTA A LOS GRUPOS

Carmen Santiago 

NUESTRA NAVE ESPACIAL

A partir de la década de los 60 la humanidad empezó a soñar en la posibilidad de los vuelos espaciales.

Lo que entonces no sabíamos es que estos viajes no necesitan naves espaciales construidas por la tecnología moderna.

Sino que siempre han sido posibles gracias al gran transbordador espacial que todos tenemos:

El Alma.

Estamos entre dos mundos.

Por un lado el mundo de las realidades concretas materiales.

Por el otro, el de la energía y el pensamiento, el mundo del alma.

Y hoy, apoyándonos en los descubrimientos de la física moderna podemos afirmar que el más real e influyente es definitivamente, el:

Mundo del Alma.

Todo empezó a cambiar con el descubrimiento de que el átomo está prácticamente vacío, que una partícula subatómica es parte de un paquete de onda y como consecuencia, se comenzó a derrumbar, sin remedio, la idea de que vivimos en un mundo sólido y concreto.

Se consideraba que el Universo estaba compuesto de ondas y partículas sólidas.

Las partículas eran los componentes básicos de todos los objetos sólidos del mundo y las ondas, como las del sonido o la luz, no eran sólidas.

Cuando la Física reconoce que una partícula subatómica es parte de un paquete de onda, entonces, es onda o es partícula de acuerdo a la función.

Tenemos así una realidad potencial que podemos llamar onda-partícula que se desenvuelve como onda o como partícula.

Cuando queremos saber en donde está, la declaramos partícula y si queremos saber su velocidad la declaramos onda, pero no puede ser las dos cosas a la vez.

De esta manera es onda o es partícula de acuerdo al observador.

La ciencia confirma lo que la Sabiduría Eterna siempre ha sabido:

Que el observador modifica lo observado.

De esta manera los científicos fueron descubriendo el campo de potencialidades infinitas que nosotros llamamos el:

Mundo del Espíritu en donde todo existe como una unidad.

Un nivel que conecta, organiza y sincroniza todo.

Descubrieron que un átomo puede estar en dos lugares simultáneamente, que existe una conexión o comunicación no circunscrita entre las “ondas-partículas” en la que se intercambia información a una velocidad mayor que la de la luz sin intercambio de energía.

Sí, fueron descubriendo, con pruebas de laboratorio, que nuestro mundo es consecuencia de otro más sutil, que llegas hasta donde llega tu pensamiento, que los límites de este mundo, que es “virtual”, están en la conciencia del observador.

Lo fascinante de todos estos descubrimientos de la Física Cuántica es que hemos hecho contacto con un mundo que siempre fue base de nuestra:

“Sólida realidad”.

Esta magia del mundo cuántico nos lleva al contacto con la conciencia que habita en cada uno de nosotros, esa conciencia atemporal y eterna que es nuestra más profunda realidad.

De hecho, el trabajo de los Maestros de la Jerarquía es despertar a esta:

“Bella durmiente” 

El alma humana,  que dormita en la materia porque en ella está el secreto de la Nueva Tierra que el cosmos espera.

Hoy podemos afirmar que el Alma es la parte real de nosotros.

Que nuestra circunstancia de vida es producto de aquella.

Que siendo nosotros el Alma, no estamos circunscritos a la forma física, al mundo que llamamos material, sino que en alas del pensamiento, que es una forma de expresión del Alma, podemos estar en lugares distantes, con solo pensarlo.

Dice el maestro D.K. que el término mi alma y tu alma es técnicamente incorrecto porque el Alma es una e indivisible.

Por ejemplo:

Si el Alma es el océano, la ola es una expresión individual del Alma, que se expresa en este mundo a través de una personalidad:

Cuerpo físico, emocional y mental.

Pero la ola no tiene realidad sin el océano que la contiene, de la misma manera nosotros no somos sin el ALMA que nos contiene.

A la ola, podemos llamarla:

“Alma individual”

Aunque al instante se vuelva océano de nuevo.

Ese instante es lo que llamamos una encarnación…

Pero no tenemos que esperar a que finalice la encarnación para sumergirnos en el océano de luz que es el Alma.

La realidad no circunscrita en donde se encuentran todas las posibilidades y de donde proceden todos los elementos de los que se compone este mundo.

Con la meditación, la contemplación, el silencio, podemos visitar esta zona de nuestro ser.

El océano de la vida, el alma universal, que es nuestra última realidad, las más completa, en donde somos uno con todos los demás seres humanos y con todo lo que existe.

¿Te das cuenta que estamos hablando de “algo’ que carece de dimensiones, de volumen, energía y masa y no ocupa espacio.

De un mundo no local y atemporal pero que puede expresarse a través de acontecimientos en tiempo y espacio?

Nuestra conciencia, eso que llamamos el alma individual.

La ola del Océano de la Vida, es nuestra nave especial.

Esa que nos permite viajar a cualquier zona del espacio en donde están todos los posibles futuros y las posibles circunstancias.

Y cuando alcanzamos ese nivel, dejamos atrás al ego y las limitaciones del intelecto que nos atan a sucesos y consecuencias del mundo físico.

Dejamos atrás la memoria y su consecuencia, el karma.

Cuando contactamos al Alma, no importa cuánto hayamos complicado nuestras vidas.

Al entrar en contacto con esa realidad no circunscrita, de posibilidades vastas y de potencial puro, podemos cambiar el curso de nuestro destino.

El intelecto, que es experto en cosas de tiempo lineal y espacio tridimensional.

Nos ayuda en la comprensión de que somos el alma.

El corazón nos habla de que estamos en el alma.

Pero el reto es ir aún más allá y experimentar la realidad del alma..

Es SER O NO SER.

Si somos lo que en realidad somos, somos el alma, de lo contrario no somos nada.

Y siendo lo que somos podemos transformar el mundo a través del cual nos miramos en el espejo de la encarnación presente.

Todo está en accesar ese nivel de posibilidades sin límites.

Montarnos en nuestra Nave Espacial y viajar por la realidad interna del mundo virtual del Espíritu, reconociendo que somos lo que somos:

El ALMA.

Siempre desde el alma,

Carmen Santiago – [email protected]

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