El poder de la Bendición – Bernardo Stamateas – 1/3

El poder de la bendición
Por Bernardo Stamateas

Lucas 7:1-10 “Cuando terminó de hablar al pueblo, Jesús entró en Capernaúm. Había allí un centurión, cuyo siervo, a quien él estimaba mucho, estaba enfermo, a punto de morir. Como oyó hablar de Jesús, el centurión mandó a unos dirigentes de los judíos a pedirle que fuera a sanar a su siervo. Cuando llegaron ante Jesús le rogaron con insistencia: Este hombre merece que le concedas lo que te pide: aprecia tanto a nuestra nación, que nos ha construido una sinagoga.

Así que Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa cuando el centurión mandó a unos amigos a decirle: Señor, no te tomes tanta molestia, pues no merezco que entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me atreví a presentarme ante ti. Pero con una sola palabra que digas, quedará sano mi siervo. Yo mismo obedezco órdenes superiores y, además, tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno “Ve”, y va, y al otro: “Ven” y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto” y lo hace. Al oírlo, Jesús se asombró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, comentó: Les digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande.

“Al regresar a su casa, los enviados encontraron sano al siervo”.

Este día seré bendecido en todas las áreas, la bendición que me faltaba va a venir a mi vida, lo declaro por fe en el nombre de Jesús, amén, y amén.

El poder de la bendición.

Voy a soltar siete cosas sobre cómo funciona uno de los poderes espirituales más grandes que tenemos los seres humanos, que es el poder de la bendición.

Primer principio: bendición que siembro, bendición que atraigo.

Éste hombre era un centurión, tenía a su cargo cien soldados romanos, los romanos eran odiados por los judíos, los romanos oprimían al pueblo de Israel, sin embargo, dice que a éste hombre, se le enfermó un criado, un sirviente que él quería mucho, y llamó a los ancianos de Israel y les pidió que por favor, le vayan a avisar a Jesús para que él lo sane. Estos ancianos, líderes espirituales de Israel fueron donde Jesús y le dijeron: Señor, te pedimos que sanes al criado del soldado, porque aunque es gentil, y aunque son malos, éste es un buen hombre, nos hizo una sinagoga, mirá qué buen hombre, lo tenés que bendecir. Bueno, vamos para bendecir.

Cuando Jesús va, lo hace con todos los discípulos y todos los curiosos que estaban ahí, va con toda la multitud, siempre hay curiosos mirando a ver qué pasa. Se va acercando y se entera el centurión que Jesús está viniendo a la casa, él sabía que un rabino no podía entrar en la casa de un gentil, estaba prohibido, porque si el rabino entraba en la casa de un gentil, el rabino quedaba contaminado, entonces, cuando está viniendo, él le dice a los amigos que vayan, y van los amigos y lo agarran antes que Jesús entre, el centurión está a unos metros, atrás de ellos y le dicen: dice nuestro jefe que no es digno que vos entres a su casa, con que digas la palabra, una sola, con eso va a alcanzar, y dice que Jesús abrió los ojos grandes miró a los curiosos y les dijo: No encontré en todo Israel, ni en mis discípulos, alguien con tan grande fe, y entonces Jesús miró al soldado, al centurión, y le dijo: como creíste, así te ha sido hecho.

Bendición que siembro, bendición que atraigo.

Este hombre fue bendecido porque él bendijo a los de afuera, haciéndoles una sinagoga. Donde vos vayas, vos tenés que ver como podes bendecir a ese lugar, vos tenés que aprender a bendecir a la gente que está fuera de tu círculo familiar, pero éste hombre también bendijo al criado, el criado era un sirviente, los romanos no cuidaban a los criados, porque eran una cosa que descartaban, pero este hombre amaba a ese sirviente, tenía aprecio, le tenía estima, éste hombre bendijo a los de afuera y bendijo a los de adentro y Jesús llego donde él y le dio un milagro maravilloso, porque bendición que siembro bendición que atraigo, vos hacés triunfar a los demás y Dios te va a hacer triunfar a vos, vos bendecí donde vayas, sea a los de afuera de tu casa o sea a los de adentro de tu casa y yo te profetizo que el Señor va a ir caminando directamente donde vos vivís, para decirte que tu fe te ha dado el mejor de los milagros que estabas necesitando.

Bendición que siembro, bendición que atraigo.

A mi todo me sale mal. Porque no bendecís a nadie, yo tengo mala suerte, porque no bendecís ni a los de afuera ni a los de adentro, la energía que suelto es la energía que va a circular a mi alrededor. Fíjense en este hombre, les hizo una sinagoga porque los quería a los judíos, quería la sanidad para el sirviente porque lo quería ¿Qué energía hizo circular este hombre? una energía de bendición y entonces estos hombres, le hablaron bien al Señor del soldado y el Señor lo puso arriba de todos, dijo: no encontré en todo Israel. Vos hacés circular energía positiva y Dios te va a devolver energía positiva.

Hoy Dios va a levantar gente que el Señor va a mirar y va a decir: ésta es la persona de mayor fe en toda la Argentina, porque cuando uno sabe sembrar bendición, sabe cosechar bendición, vos no veas qué podes tomar vos donde vayas, buscá bendecir a los de afuera y a los de adentro, porque todo lo que sembramos es todo lo que cosechamos. Amén, gloria a Dios.

Segundo principio: mi normalidad es ser bendecido.

Esa es tu normalidad, no, pero la realidad no es así, eso es la realidad pero Dios dice que estás bendecido. La normalidad, hoy se discute qué es normal, algunas personas toman la normalidad estadística, por ejemplo que te roben es normal, si de cada diez, a nueve le robaron, estadísticamente hablando es normal, sí, porque la normalidad estadística se mueve por números. ¿Cuántos por ejemplo tenemos caries? Si de cada diez, siete tienen caries, eso significa que tener caries es normal estadísticamente hablando, ese es un criterio de normalidad. No es el mío.

Hay otro criterio de normalidad que es el filogenético que utiliza la ciencia, por ejemplo se comparan los mamíferos superiores con el ser humano y dicen, si los monos hacen esto, entonces es normal, porque los hombres venimos del mono, lo comparan. Tampoco es mi normalidad.

Está el concepto social de normalidad, si en un pueblo funcionan de tal manera, todos lo hacen, eso es una normalidad sociológica, si muchos lo hacen es normal, si muchos no lo hacen no es normal. Está el concepto de normalidad moral: lo que yo creo que está bien o lo que está mal o mi concepto religioso de normalidad, nosotros los cristianos no tenemos ni la normalidad estadística, ni la filogenética, ni la social, ni la moral religiosa, nuestra normalidad es lo que Dios nos dijo que nos va a suceder, nuestra normalidad es lo que Dios nos prometió.

El soldado le dijo: Señor yo no soy digno, yo doy orden, yo digo “ve” y va, “ven” y viene, pero yo quiero que vos ahora hables la bendición, porque yo quiero incorporar lo que vos vas a hablar a mi casa. Un cristiano no es alguien que tiene una religión, es alguien que ha incorporado a su hablar, lo que Dios le ha dicho y lo que Dios le ha prometido y Dios te ha dicho que tu normalidad no es lo que le pasa a todo el mundo, tu normalidad es lo que Dios dijo y Dios dijo: “te bendeciré y serás de bendición”, tu normalidad es estar bendecido en todas las áreas de la vida.

Pastor en mi familia todos se suicidaron, pero a vos no te va a pasar, tu descendencia será bendita, en mi casa se murieron todos de cáncer, pero vos no te vas a morir de cáncer, porque tu descendencia será bendita. Tenemos que aprender a declarar que nuestra normalidad va a ser lo que Dios nos prometió y Dios nos prometió bendición. porque el que murió en la cruz venció al diablo, a la muerte y al pecado para que nosotros estemos bendecidos en todas las áreas.

Decí: mi normalidad es que esté bendecido. Dios se comprometió a hacer todo lo necesario para bendecirnos. Jesús dice: Dios es como un papá, se acuerdan en Lucas 15, que se le fue el hijo y gastó todo y el papá lo esperó en la puerta, cuando el hijo volvió todo mugriento porque estuvo con los chanchos, el padre lo abrazó, así es Dios y ¿saben cómo es Dios? es como un pastor que tenía cien ovejas y se le perdió una y el pastor fue a buscar a la ovejita y la encontró y la cargó y se la llevó, pero después va a hablar otra imagen que hoy me avivé, dice: Dios es como una mujer a la que se le perdió una moneda y dijo ¿dónde está mi moneda? y revolvió todo, revolvió hasta que la encontró. Dios va a revolver todo lo que haya que revolver hasta que seas bendecido. Dios es como una mujer, yo sé que está acá.

( Continuará)

Acerca de Onelia Baravalle 3146 Articles
Investigadora y comunicadora. Editora de contenidos en Yo Espiritual.
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