Integrantes del Gerz – Orgullo Santafesino – Rescatistas en Rosario

Gerz orgullo Santafesino

 

INTEGRANTES DEL GERZ

La tarea desplegada por los rescatistas locales en Rosario

El trabajo que realizaron en Rosario dejó una profunda huella en todos los integrantes del grupo de rescate.

En la mañana del martes 6 de agosto, a las 9.40, un ruido poderoso “como el de una turbina”, fue el anticipo de lo que sería una de las peores catástrofes que afectó a la ciudad de Rosario y que enlutó a toda la provincia.

Anoche, fue el final con el rescate del cuerpo de las últimas dos víctimas y el regreso de quienes estuvieron trabajando casi desde el primer momento en las tareas de remoción de escombros para liberar personas atrapadas.

Hubo cientos de rescatistas desplegados en Rosario.

Uno de los grupos fue el Grupo Especial de Rescate de Zapadores (Gerz) que depende de Bomberos Zapadores de Santa Fe.

De las 14 personas que lo componen, una mitad llegó en la madrugada del jueves para sumarse a la delicada tarea de buscar sobrevivientes en los restos del edificio colapsado:

“Una cosa es mirar por televisión el lugar y otra, muy distinta, fue estar entre los restos del edificio” y destacaron que “fue un shock estar en el lugar”.

Juan Carlos Aguirre Quintana, jefe de la Agrupación Bomberos Zapadores de Santa Fe, explicó que el Gerz nació en el año 2011 por indicación del titular de Defensa Civil, Marcos Escajadillo, para atender las diferentes emergencias que puedan darse.

Los rescatistas santafesinos tuvieron una cualidad particular como fue el rescate de las fotografías que encontraban cuando ingresaban en los departamentos afectados por la explosión.

“Le prestábamos mucha atención a las fotografías que íbamos encontrando y las guardábamos.

Nosotros comprendimos en la inundación del 2003 que es muy importante para la gente recuperar sus imágenes”.

El trabajo fue incesante durante los días que estuvieron asignados en Rosario y destacaron “la solidaridad y la permanente atención que nos daban los familiares y los vecinos.

Siempre nos esperaban con una bebida caliente y una palabra de aliento.

Gracias a ellos podíamos seguir trabajando, sin importarnos el frío y el cansancio”.

Foto: Flavio Raina
Redacción de El Litoral

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